"Hoy disfruto al cien por cien": Martina Bellucci, la joven tucumana que revela el "lado B" de su vaginoplastia
A sus 27 años, la mujer trans oriunda de Tafí Viejo detalla los pormenores de una intervención que le costó 20.000 dólares y el exigente proceso de recuperación. Tras haber pasado por múltiples cirugías de feminización, relata cómo es su vida hoy, su sexualidad y el camino hacia la identidad que siempre sintió propia.
Martina Bellucci nació y creció en Tafí Viejo.-
Martina Bellucci nació y creció en Tafí Viejo. Según relata, su identidad femenina no fue una revelación tardía, sino algo que estuvo presente desde siempre, manifestándose de forma natural desde su infancia. A los 18 años inició su tratamiento hormonal en Tucumán y a los 21 decidió mudarse a Buenos Aires tras conocer a su expareja por redes sociales. Finalmente, en febrero de 2025, a los 26 años, se sometió a la cirugía de reasignación de sexo que marcaría un antes y un después en su vida.
En diálogo con Infobae, Martina buscó derribar mitos sobre la intervención: “La gente piensa que hacerse la reasignación de sexo es como que te cortan y ya está”, explicó, aclarando que se trata de una reconstrucción de tejidos y no de una amputación. La vaginoplastia utiliza los tejidos existentes para crear la cavidad vaginal, los labios mayores y menores, y el clítoris, el cual se construye a partir del glande del pene para preservar la sensibilidad.
La operación tuvo un costo de 20.000 dólares y duró entre siete y ocho horas. El postoperatorio inmediato fue un proceso arduo: Martina permaneció cinco días internada, con sonda urinaria y un tutor de algodón (un preservativo relleno) dentro de la nueva cavidad para mantener su estructura, lo que le generaba una presión constante e incómoda en los intestinos. Uno de los riesgos principales advertidos por los médicos fue la posibilidad de necrosis del tejido trasplantado.
Para Martina, la parte más difícil no fue el quirófano, sino la disciplina del mantenimiento. Al ser una cavidad reconstruida, es necesario realizar dilataciones mecánicas de por vida para evitar que se cierre. Durante los primeros seis o siete meses, debió realizarlas cuatro veces al día utilizando dilatadores de acrílico de diferentes tamaños. Actualmente, con una vida sexual activa, lo hace cada dos semanas.
Además del mantenimiento físico, la cirugía conlleva cambios hormonales drásticos. Al retirarse los testículos, el cuerpo deja de producir testosterona, lo que puede provocar una descalcificación ósea similar a la menopausia, requiriendo chequeos médicos constantes.
La reasignación de sexo fue el cierre de un largo camino de intervenciones que incluyó implantes mamarios, de glúteos y una compleja cirugía de feminización facial. En esta última, le abrieron el rostro "de oreja a oreja" para limar los huesos de la frente, mentón y mandíbula, donde actualmente conserva tornillos que sostienen la estructura ósea.
En cuanto a su vida sexual, Martina esperó seis meses tras la operación para tener relaciones. Aunque la primera vez fue extraña por los nervios, asegura que hoy disfruta del sexo al "cien por cien" y siente más placer que antes de operarse.
Hoy, Martina trabaja en una oficina del Ministerio de Salud en el área de salud sexual y reproductiva. Recientemente abrió una cuenta de OnlyFans por pedido de sus seguidores, aunque aclara que no se dedica al trabajo sexual de manera presencial, a pesar de que la tentación económica siempre está presente en el ambiente.
A pesar del dolor y la complejidad de los procedimientos, Martina concluye que la cirugía cerró la distancia que sentía entre su cuerpo y su identidad. Para ella, no hay nada más gratificante que "ser lo que uno quiere ser y no caretearla".






