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"Piensen en la última foto que su hijo subió a sus redes sociales": urgente, máxima alerta de un especialista tucumano

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Alejandro Urueña escribió "La huella de datos infantil", una columna que hay que leer y nos obliga como sociedad a pensarnos y repensarnos. Más que nunca, ojos grandes y bien abiertos en el comportamiento de los pequeños ante la pantalla. Clickeá.

Foto: IA


Piense en la última foto de su hijo que subió a una red social, o en la última pregunta sobre él que le hizo a un chatbot (programa de inteligencia artificial que conversa como una persona). Ahora sume esto: el 31 de julio de 2026, Sam Altman —director ejecutivo de OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT— publicó lo que llamó un "caso de uso genial de ChatGPT": conectar los calendarios de su familia, contarle al sistema los intereses de sus hijos, y que cada mañana genere un podcast (programa de audio) para el viaje a la escuela. La respuesta más contundente tuvo siete palabras. Alex Hirsch, creador de la serie Gravity Falls, contestó: "¿Y si simplemente hablás con tus hijos?" — y su réplica multiplicó por doce los "me gusta" del mensaje original. El cruce parece una anécdota de redes, pero describe algo que lo involucra directamente: una explotación que empezó hace una década y cuya materia prima es la vida cotidiana de sus hijos. La infancia como yacimiento (terreno del que se extrae un recurso valioso): primero se descubrió la veta, después se midió cuánto se extraía, más tarde se calculó el daño — y hoy se ofrece automatizar la extracción, gratis y con música de fondo.

El yacimiento se descubrió en 2017. Los investigadores Deborah Lupton y Ben Williamson publicaron en la revista científica New Media & Society el concepto del "niño datificado" (enero 2017): la "datificación" es el proceso por el cual la vida de una persona se convierte en datos que las empresas recolectan y analizan. Su hallazgo central es que esa conversión empieza antes del nacimiento —aplicaciones de embarazo, ecografías compartidas, monitores de cuna— y que casi no existen herramientas que la limiten. Ese mismo año, la jurista Stacey Steinberg publicó en el Emory Law Journal su análisis del "sharenting" (2017) —término que combina "share" (compartir) y "parenting" (crianza): la práctica de los padres de publicar información sobre sus hijos—. Su principio es incómodo: la cesión de esos datos la firma el padre en nombre de un hijo que no puede opinar, convencido de que arma un álbum familiar cuando en realidad está entregando un terreno ajeno.

En 2018 se midió cuánto se extraía. El Children's Commissioner del Reino Unido (organismo público que defiende los derechos de la infancia) recorrió todo el circuito de recolección —juguetes conectados a internet, parlantes inteligentes, escuela, historia clínica— y dejó una cifra concreta: a los 13 años, los padres ya subieron en promedio 1.300 fotos y videos de su hijo (noviembre 2018). Ese mismo año, el banco Barclays calculó el costo futuro: para 2030, dos tercios del fraude de identidad contra jóvenes provendrá de lo que sus padres publicaron (mayo 2018). Nombres, fechas, escuelas, mascotas: los datos exactos que un estafador necesita para hacerse pasar por otra persona, con un costo estimado de 667 millones de libras anuales. La factura de lo compartido hoy llega cuando el chico cumple 18. Y el equipo de Sonia Livingstone, en la London School of Economics, agregó la advertencia científica: tras revisar toda la investigación disponible concluyó que casi nadie estudió los daños concretos de violar la privacidad infantil en internet, y los chicos no tienen capacidad real de consentir (2019-2021). Estamos perforando sin estudio de impacto ambiental.

Los inspectores llegaron cuando la mina ya operaba a cielo abierto. UNICEF actualizó su guía sobre inteligencia artificial y niñez (versión 3.0, 2025) ante la irrupción de la IA generativa (sistemas capaces de crear textos, imágenes o audio, como ChatGPT), con un principio rector: los niños no son adultos en miniatura, y las reglas no pueden tratarlos como tales. En septiembre de 2025, la Federal Trade Commission de Estados Unidos (FTC, el organismo que protege a los consumidores) exigió a OpenAI, Meta, Google y otras cuatro empresas que expliquen cómo usan o comparten la información personal obtenida de las conversaciones de menores con sus chatbots (11/9/2025) — en otras palabras: quién se lleva el mineral y adónde. El mismo mes, Disney pagó 10 millones de dólares por recolectar datos de menores sin consentimiento de los padres (septiembre 2025), en violación de la ley COPPA (norma estadounidense que protege la privacidad de los menores de 13 años en internet): la primera multa por extraer sin permiso del dueño del terreno.

Y entonces, con los inspectores adentro de la mina, llega el tweet. Mientras el regulador pregunta qué hacen las empresas con las conversaciones de los chicos, el director ejecutivo de la empresa más observada le propone a usted entregar el mapa completo del yacimiento: calendario, rutinas, gustos, cumpleaños, direcciones de escuelas. El medio especializado TechCrunch aportó el dato que cierra el círculo: OpenAI busca un gerente de producto especializado en padres y familias — el tweet no es una ocurrencia: es el folleto de una nueva línea de negocio. El podcast matinal es el moño; la extracción de datos es el verdadero regalo. Cuidar a un hijo exige aceptar la incertidumbre, el silencio y el malentendido: todo aquello que ningún sistema automatizado puede procesar. O, en la versión de siete palabras que venció al caso de uso genial: podría, simplemente, hablar con sus hijos.

Por Alejandro Urueña: Investigando la IA, su relación con el Derecho y las actividades productivas. Profesor de Taller III en la carrera de Ingeniería en Inteligencia Artificial, Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Tucumán. Project Management I.A. Abogado. Diplomado en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales, Universidad Austral; Diplomado en Derecho 4.0, Universidad Austral; Magister en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales, Universidad Austral (T.P); Posgrado de Inteligencia Artificial y Derecho, I.A.L.A.B, U.B.A. Posgrado en Metaverso, U.B.A. Programa (IA) Universidad Austral. Magister en Inteligencia Artificial Centro Europeo de Posgrado. Programa MIT en desarrollo y diseño en productos y servicios en IA con Insignia de Asignación Ejemplar.  Bootcamp internacional inteligencia artificial aplicada al Derecho. Programa  MIT Machine Learning in Business. Program MIT Inteligencia Artificial Agéntica para la Transformación Empresarial. Actualmente, cursando Maestría en Ciencias de Datos, Universidad Austral.