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"Encienden mi ilusión": Carolina, la mamá tucumana que vende sahumerios para cumplir su sueño

HISTORIAS DE ACÁ

Sola con su vida, lleva a Morena y Milagros a la escuela y desde el barrio San Felipe se toma el 6 o el 11 para llegar a la galería Mendoza, comprar sahumerios y salir a venderlos casa por casa. Detrás de cada paso que da, la historia de una estudiante de Luthería que hace instrumentos musicales pero que debió dejar la carrera para alimentar a sus niñas. VIDEO | Por Alfredo Aráoz

Carolina Maldonado.





Asoma por la puerta de Moreno 250, barrio Sur, sonríe cuando abrimos y nos pregunta: “¿Quieren sahumerios?”.

Se abren las puertas de nuestra casa y le respondemos: “Sí, claro. ¿Pero querés tomar un café?”.

Una vez sentada a la mesa de la cocina, sobre el mantel de tela dibujado con frutas tropicales, Carolina Maldonado parece tímida y un poco agitada: “¿Primero me puede convidar un vaso de agua?”.

Cuando se calma, saca de su yisca miles de sahumerios de todos los colores y sabores: “Tiene de palo santo, yagra, sándalo, frutilla, vainilla, romero, jazmín, lavanda, herbales y frutales”.

Sí, ya vamos a hablar de los sahumerios, pero detrás de cada persona que asoma por la puerta de eltucumano creemos que hay una historia. Solo tenemos que preguntarle si tiene ganas de contarla. Carolina dice que sí, que le gustaría.

Antes de subir al estudio de radio donde le realizaremos una entrevista en vivo para el segmento Oficios, todavía en la cocina, Carolina le pone azúcar al café y cuenta en el primer sorbo: “Está fuerte, pero rico”.

Fuerte y rica es la historia de esta joven que no vende sahumerios por casualidad: ella misma ha tenido que sahumar su propia vida luego de los golpes que la vida misma le ha puesto en el camino.

Una vida que se puso en pausa en pandemia, cuando murió su padre: “Lo dejaron morir. Fue en pandemia, pero lo dejaron morir a mi papá. Le dio positivo el hisopado, pero no tenía síntomas. Tenía parkinson, pero lo dejaron morir. No le dieron la medicación y se me murió. Se llamaba José Maldonado. Andaba en bicicleta todos los días. Iba dos veces a jugar a la pelota con los amigos al Parque 9 de Julio. Repartía garrafas. No se murió de covid. Saturaba bien. Pero no le dieron la medicación. Pasé una semana metida en la cama llorando. Solo sentía cuando me sacudían para que le diera la teta a mi hija. Tengo dos: Morena y Milagros. Por ellas me puse de pie, por ellas salí a vender losa sahumerios. ¿Va a querer comprarme?”.

Sueltos por 200 pesos los de triple empaste, 3000 pesos los sobrecitos de 35 sahumerios o la cajita de 10, y 70 sahumerios por 5 mil. Sobre la mesa están desplegadas las variedades u opciones que oferta Carolina. Les compramos todo lo que pudimos y en especial las cajas de edición limitada Mundial 2026 de Aromanza de sahumerios llamada: “Momentos de alentar. Aromas que transmiten la Pasión Argentina. Contiene estampilla coleccionable. Calidad Premium”.

Carolina toma el café mientras mira todo lo que pasa alrededor como si lo viera por primera vez. Tiene los ojos grandes como bolones brillosos que se enjuagan cada mañana al despertar: “Me despierto temprano, les preparo el desayuno a mis hijas, las llevo a la escuela y salgo a vender. Morena, de 14, va a la escuela secundaria Pantaleón Fernández y Milagros, de 8, va a la escuela Martín Miguel de Güemes, pero necesito una profe particular porque tiene un retraso de aprendizaje leve y no habla bien. El gabinete me dijo que es una niña que sufre ‘falta de estímulo’. Necesita una profesora particular pero no me alcanza".

"Cuando pienso en todo lo que sufrieron por tener a una mamá sola que se hizo cargo de ellas dos y que tiene que salir a vender para llevarles la comida, también siento que las he descuidado y eso me duele”, llora Carolina ante los sahumerios.

En el 6 o en el 11, Carolina Maldonado llega al centro, compra los sahumerios en la galería Mendoza y sale a venderlos casa por casa. Así llegó a eltucumano, donde contará en detalle cómo es la venta y cómo le vuelan de las manos los sahumerios de la Selección que dicen detrás de la cajita que trae tres estrellas: 78, 86 y 22.

Y una leyenda: “Cuando prendés un sahumerio y arranca el partido pasa algo mágico: el aroma sube, la energía se ordena y todo se alinea para alentar a la Selección. Es ese momento donde el ritual se mezcla con la pasión, donde cada aroma acompaña cada jugada. Porque no es solo fútbol… es sentirlo juntos, vibrar y creer hasta el último minuto”.

Son hermosas las palabras de la cajita de los sahumerios, pero nos interesa más lo que tiene para decir Carolina, quien todos los días juega su propio partido y persigue su propio sueño que ojalá venga con otra copa del mundo bajo el brazo pero que también llegue con los instrumentos musicales de madera que Carolina realiza en la carrera de Luthería en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán: “Esa es mi verdadera pasión: la luthería me salvó la vida".

"Cuando trabajo cepillando la madera, me olvido de todos los problemas. Hasta me dejaron venir con mis hijas y mis compañeros comenzaron a traer las suyas. Amo tanto hacer instrumentos musicales que entro al taller a la siesta y salgo a la noche. No me doy cuenta del tiempo. Pero tuve que dejar la carrera para vender los sahumerios. De lo que vendo, separo para la comida de mis hijas y el resto para volver a comprar", dice Carolina.

"Cada sahumerio enciende mi ilusión de progresar y poder conseguir un trabajo mejor que estar tanto tiempo en la calle, lejos de mis hijas. Cada sahumerio enciende mi ilusión de poder comprar los materiales que necesito para poder hacer instrumentos de música. Los tengo parados en mi casa. Terminé un cajón peruano hace poco y suena hermoso. Ojalá pueda terminar los que tengo parados por el trabajo. Eso es lo que más me gustaría”, termina el café Carolina, mira los sahumerios, el fuego de un encendedor, y sonríe otra vez.


Carolina Maldonado. Su número de contacto es: 3816585461