La lucha de Agustín, el joven tucumano que busca recuperar su autonomía tras un accidente que le cambió la vida
Hace dos años, la realidad de Agustín dio un giro de 180 grados tras una lesión medular. Hoy, necesita recaudar 45 millones de pesos para un tratamiento de células madre en Córdoba que representa su mayor esperanza.
Foto Instagram/Agustín Gómez (agustingomez.00)
La vida de Agustín Gómez, un joven tucumano de 25 años, era puro movimiento. Entre partidos de voley, su trabajo en un negocio comercial y su rol como árbitro, sus días transcurrían con la intensidad propia de su edad. Sin embargo, hace dos años, un accidente automovilístico le provocó una lesión medular en la altura T12 que paralizó sus piernas y transformó su cotidianidad en una batalla diaria. “De un día para el otro mi realidad cambió rotundamente. Antes del accidente mi vida era muy activa, jugaba al voley. Ddesde entonces cada día fue una lucha constante para adaptarme”, relata Agustín con una entereza que conmueve.
El proceso de aceptación no fue sencillo. Agustín reconoce que el impacto emocional es uno de los obstáculos más altos de saltar. “Psicológicamente es mucho más difícil adquirir una discapacidad durante tu vida que haber nacido con ella y más en estos casos que de un día para el otro cambia todo”, explica al recordar cómo pasó de la actividad constante a depender de la tecnología y el apoyo de otros para tareas que antes eran naturales. A pesar del dolor, mantiene una empatía profunda: “Prefiero que me haya pasado a mí antes que a un amigo o algún familiar”.
En el horizonte de Agustín aparece ahora una oportunidad en una clínica de Río Cuarto, Córdoba. Se trata de un tratamiento de células madre que, aunque costoso, abre una ventana a la esperanza. “Este tratamiento no me promete volver a caminar, pero sí recuperar algo de sensibilidad, de movilidad y de controlar mi propio cuerpo”, aclara con realismo. Según explica, el objetivo es que las células puedan “regenerar los tejidos y los nervios de la médula. No es un tratamiento 100% efectivo, pero sí tiene una mejoría”. Para quienes viven con una lesión medular, recuperar funciones básicas es una victoria inmensa: “Poder recuperar algo de eso (sensibilidad, control de esfínteres) es un montón para personas como nosotros”.
Sin embargo, el camino hacia Córdoba tiene una barrera económica de 45 millones de pesos, una cifra inalcanzable para su entorno. “Es una suma que mi familia y yo se nos imposibilita costearla solos”, lamenta. A este desafío se suman las fallas del sistema de salud y la falta de infraestructura. Agustín mantiene actualmente un conflicto legal con su obra social (Ospía), lo que ha derivado en situaciones precarias. “Tengo un tema judicial con la obra social. La silla que tengo es una silla prestada. No me pueden hacer la silla de rueda todavía”, denuncia.
La falta de una silla adaptada a su altura de 1,85 metros y los altos costos de traslado agravan su situación. “No tengo una silla de rueda adaptada 100% para mí... tengo una silla común de traslado y hasta la fisio hoy en día la tengo parada porque la obra social no se está haciendo cargo”, explica, agregando que el costo de un Uber para ir a rehabilitación puede llegar a los 20.000 pesos. Sus palabras desnudan una realidad estructural: “En la provincia o en el país no está todo en condiciones para personas con discapacidad” y sentencia con crudeza: “Si no tenés tu propio dinero, ni siquiera te podés mover de tu casa”.
En medio de la adversidad, el motor que mantiene a Agustín en pie es su red de contención. Sus amigos y familiares han sido el pilar para superar el aislamiento. “Sin el apoyo de mi familia y de mis amigos no podría haber salido. Tenía mucho miedo a la mirada del otro, a la mirada de la lástima”, confiesa. Ese apoyo se traduce en gestos concretos de hermandad, como cuando sus compañeros de voley lo ayudan en canchas que no tienen infraestructura básica: “Voy a ver los partidos de mi equipo de voley, gracias a ellos me muevo. Por ejemplo, vamos a La Banda del Río Salí y no hay baño accesible; los changos se ponen ahí a cubrirme para que pueda hacerlo en la calle. Ellos me animan”.
Agustín no se rinde y apela a la solidaridad de la comunidad para alcanzar el tratamiento que podría cambiar su calidad de vida. Para quienes deseen colaborar, el alias de su cuenta es tratamiento.agustin (Banco Naranja X) a nombre de Gómez Luis Agustín. Cada aporte es un paso más hacia ese sueño de autonomía que el joven tucumano persigue con incansable voluntad.







