La 'rosca' de 1816: meses de debate, una sede por descarte y la 'barra' que presionaba a los congresales
La historiadora Cecilia Guerra Orozco repasó los mitos sobre la declaración de la independencia en una entrevista con FM latucumana 95.9. Reveló detalles sobre por qué la Casa Histórica ya era un edificio estatal antes del Congreso, cómo la participación de los vecinos en las sesiones condicionaba a los diputados y la intensa actividad política que transformó a Tucumán durante casi un año.
Casa Histórica de Tucumán (foto de archivo publicada en la página de Facebook "Casa Histórica - Museo Nacional de la Independencia", 2017).
Cecilia Guerra Orozco conversó con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en La Tucumana de Mañana, por FM latucumana 95.9. Allí analizó la trastienda política y social de 1816, un proceso que, según explicó, fue mucho más complejo y prolongado de lo que habitualmente se enseña en las escuelas.
Lejos de la imagen de un evento fortuito de un solo día, la historiadora recordó que el Congreso comenzó formalmente el 24 de marzo de 1816 y sesionó en la provincia hasta enero de 1817, cuando finalmente se trasladó a Buenos Aires. Durante esos meses, la pequeña ciudad de San Miguel de Tucumán, que contaba con apenas 5.000 habitantes, vio su población multiplicarse por la llegada de los diputados y la permanencia del ejército de retaguardia, lo que generó cambios profundos en la fisonomía y la cotidianidad de los vecinos.
Uno de los mitos que Guerra Orozco aclaró fue la elección de la sede del Congreso. Si bien la casa de la familia Aráoz era una de las opciones principales por la importancia de esa familia (de hecho, Bernabé Aráoz fue el primer gobernador), sus instalaciones resultaron pequeñas para la cantidad de congresales que debían sesionar. Por otro lado, el Cabildo de la ciudad se encontraba en proceso de reparación, lo que obligó a buscar una alternativa. Fue así como se decidió alquilar el inmueble de doña Francisca Bazán de Laguna, una propiedad que el gobierno ya venía utilizando desde la Batalla de Tucumán (1812) como almacén de guerra para pertrechos de soldados y oficinas de las cajas reales. De esta manera, la icónica casa no fue simplemente un préstamo generoso de último momento, sino un espacio que ya tenía una función oficial previa para el Estado.
Respecto a la dinámica de las sesiones, la historiadora destacó el papel de lo que en ese momento se denominaba "la barra", un grupo de ciudadanos que asistía a presenciar los debates. Según nuevas investigaciones historiográficas, este público no era un espectador pasivo, sino que participaba activamente expresando conformidad o disconformidad con los discursos de los diputados. Los vecinos aprovechaban estos encuentros para pedir favores, reclamar el reconocimiento de propiedades tomadas por el ejército o explicar las dificultades económicas que atravesaba la provincia, que se había puesto al hombro el sostenimiento financiero y alimenticio de la guerra.
A pesar de los debates acalorados y las diferencias sustanciales entre las provincias, Guerra Orozco enfatizó que el Congreso de Tucumán dejó una lección de consenso fundamental. Los diputados lograron priorizar un objetivo común y un bien superior por encima de sus intereses particulares o provinciales, alcanzando acuerdos dentro del disenso para lograr la independencia. La docente e investigadora concluyó en FM latucumana 95.9 señalando que estos hitos, aunque a veces rodeados de mitos fundacionales necesarios para la construcción de la identidad nacional, hoy invitan a repensar conceptos de libertad e independencia en el presente y a preguntarnos qué tan vigentes siguen esas convicciones en la sociedad actual.







