"Nunca lo imaginamos": cómo siguió la historia de Matías, el papá que eligió a seis hermanitos tucumanos
Hace 8 años tomó la decisión junto a Virginia de adoptar a Jesús Mauricio, a Juan David, a Luis Fernando, a Oscarcito Roberto, a Agustín y a Samuel. | Por Alfredo Aráoz
Foto: familia Figueroa.
“Con Virginia nos habíamos casado en mayo de 2016 y ya estábamos inscriptos en el registro de adopción. Nunca imaginamos lo que nos iba a pasar en diciembre de ese mismo año”.
Matías Figueroa había dado el "Sí, quiero", en un par de segundos en el Regisrro Civil. Lo que no imaginaba es que en otro par de segundos iba a tener que decidir si se convertía en el padre de seis hermanitos tucumanos.
Aquella historia mereció la cobertura nacional del caso. ¿Cómo fue? ¿Cómo empezó? ¿Cómo siguió?
“Nos dijeron de un día para el otro que existía la posibilidad de adoptar a los seis. Estaba la opción de adoptar a dos, otra familia a dos más y otra a dos más. ¿Pero quiénes éramos nosotros para separarlos?”, recuerda aquella noche Matías Figueroa en las vísperas de este Día del Padre en Tucumán.
“Aquella noche previa a decidir si sí o si no, nos sentamos con Virginia y todo era sí. Desde un comienzo nos sentimos bendecidos. Sentimos que llevarlos a nuestra era algo que estaba escrito, algo que se ejecutaba como una voluntad superior. Cuando dijimos ‘Sí, vamos por los seis’ fue como una bomba atómica”, se ríe Matías cuando tomaron hace 10 años la decisión de ponerles el apellido Figueroa-Posse a Jesús Mauricio (hoy con 22 años); a Juan David, 21; a Luis Fernando, 19; a Oscarcito Roberto, 17; a Agustín, 14; y a Benjamín Samuel, 13.
“Cuando dijimos que queríamos a los seis hermanitos, en Tribunales lloraban, nos besaban los pies. Era una locura. Vino el presidente de la Corte Suprema, vino la Jueza, nos movíamos como en la película 'Esperando la carroza' de una sala a otra, todos juntos con los abogados y los empleados judiciales, todos apurando los trámites antes de que cerrara la feria y así llegamos a buscarlos al Eva Pérón y a la Sala Cuna”, se emociona el padre coraje.
“Llegamos con un montón de papeles a la Sala Cuna, acompañado por el grupo de psicólogas y ahí conocimos a Agustín y a Benja. Los conocimos ahí mismo. No hubo periodo de adaptación. Iban a buscarlos y cuando los traían parecía un parto: ‘Tomá tu hijo, tomá el otro’. De ahí nos subimos al auto a buscar los otros cuatro en el Eva Perón. Estuvimos en el merendero, tomamos una gaseosa y era como el parto: aparecía uno, el otro, el otro, y uno más. Ya estábamos los seis chicos, Virginia y yo. Es decir: los ocho. Terminamos la gaseosa y les dije a los changos: ‘Bueno, junten sus cosas y nos vamos de acá’”.
La respuesta de los seis hermanitos tucumanos no se hizo esperar: “‘¡Sí!’, gritaron todos. Juntaron sus cositas y nos fuimos. Hubo una energía tremenda de la Divina Providencia. Es decir: nunca faltó nada. Los chicos tienen un estado de gracia permanente, son agradecidos. Obviamente somos papá de seis y muchísimas veces no hemos podido acceder a a cositas de marca o cosas así. Hay guiso, sonrisa; hay hamburguesa, sonrisa; hay asado, sonrisa; hay un platito de sopa, sonrisa; hay zapatillas usadas, sonrisa; hay zapatillas nuevas, sonrisa. Es un estado de gracia permanente”.
Si ser padre de un hijo hoy es un desafío inmenso para millones de argentinos, imaginen ser padre de seis. “Yo empecé a vivir a la paternidad de manera constante porque los tiempos van cambiando. Uno en principio es el padre que juega, el padre que hace el mate cocido, el que los lleva a la plaza, el que les enseñaba a andar en bicicleta. Ya después se vuelve el papá medio león que tiene que empezar a hacerlos caminar por lo que es la jungla. O sea, que empiecen a conocer el mundo. Y, como tengo de todas las edades, yo ya tengo charlas con Juan y Jesús, los mayores, de sentarnos a tomar un café y que ellos me cuentan sus angustias, sus cositas ya de adolescente grande o de jóvenes”.
Este domingo los Figueroa-Posse celebrarán el Día del Padre en un asado con música y el ingrediente mágico que no se compra: el humor. “Nunca faltó el humor. Siempre logramos reírnos, pese a las dificultades de la vida, como en cualquier familia. Por eso este domingo ya lo vivo con la tranquilidad del camino recorrido. Veo que la amalgama sigue vigente. Somos unidos porque esa es la verdad. Tanto con la familia de Virginia como la nuestra, somos unidos más allá de las diferencias personales o la pareja que ya hemos tenido, que han hecho que nuestros caminos se separen. Pero el vínculo intermedio que son nuestros hijos es inalterable, incorruptible. Eso no se negocia. Ella es mamá, yo soy papá. Y para el mundo mamá es la mamá Virginia y yo soy el papá Matías”, celebra Matías.
Y concluye: “En un mundo tan egoísta, tan individualista, la adopción es un acto pleno de gente que realmente las tiene bien puestas. Así llegamos a este domingo del padre: disfrutando, matándonos de risa. Porque en la mesa, si hay algo que nunca faltó, es la risa. creo que la risa ha sido ese gran también compañero de decir. Y los chicos tienen inocencia. Y poder conservar la capacidad de inocencia creo que es lo único que nos hace humanos”.









