"Son cositas de chicas": el drama de una madre que denunció hostigamiento físico y virtual a su hija de 12 años en un colegio de Tucumán
Camila relató el calvario que vive Mía, su hija de 12 años, quien sufría agresiones físicas en el aula y amenazas de golpe en las redes sociales. Apuntó contra las autoridades de la institución por minimizar el caso y contra la madre de una de las agresoras, que comenzó a hostigar a la menor por WhatsApp exponiendo su dislexia.
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El caso de Mía, la adolescente de 12 años que sufrió un sistemático acoso escolar en un colegio de la capital tucumana, sumó un crudo testimonio en las últimas horas que expone la desidia institucional ante el acoso escolar. Luego de que la nota principal sobre el calvario de la menor se diera a conocer el pasado domingo a través del diario digital eltucumano.com, Camila, la madre de la niña, dialogó con FM La Tucumana y brindó detalles escalofriantes sobre las agresiones sufridas, la alarmante inacción de las autoridades escolares y las denuncias penales que ya tramitan en la Justicia provincial.
La pesadilla salió a la luz gracias al control parental que la familia ejerce sobre las plataformas digitales. Durante una transmisión en vivo de TikTok, Camila detectó insultos y advertencias explícitas de una compañera de curso hacia Mía. "En ese live veo que una compañerita entra y empieza a insultarla... insultos horribles hacia mí, hacia mi hija... insultos sobre el cuerpo, sobre el peso, insultos muy sexuales... Y por otro lado, empiezan las amenazas de 'Te voy a pegar el lunes en la escuela, vengas al colegio el lunes, te voy a pegar... ya vas a ver, no sabés lo que te espera'", detalló la mujer. Tras confrontar la situación, la menor rompió el silencio: "Ahí mi hija decide hablarme y contarme todo lo que venía pasando desde a mediados de abril: de que la pellizcaban, le tiraban el pelo, le pateaban los talones... le pellizcaban la panza por gorda".
Mía, que asiste a sexto grado de la primaria, había optado por ocultar la magnitud física del maltrato por temor a las represalias sociales dentro del aula. Según explicó Camila, la niña ya había reportado un incidente previo en el mes de abril, lo que derivó en un aislamiento obligatorio impuesto por sus propios pares. "Ella sabía que yo podía ir a demandar al colegio, no me lo decía... por miedo a que cuando yo vaya a hacer el reclame a la escuela, los compañeros le apliquen nuevamente la famosita ley del hielo, el ignorarla, el tratarla mal, el hacerle burla". A pesar de que la madre alertaba constantemente a los docentes por las tardes sobre los comentarios que su hija le confiaba, la respuesta institucional siempre fue la misma: "Cada situación yo la comunicaba en la puerta del colegio en el momento a la maestra, o por mensaje. La respuesta de la señorita era 'ya lo vamos a hablar, ya lo vamos a hablar'".
El conflicto escaló a niveles insólitos cuando Camila intentó dialogar con los tutores de la presunta agresora. En lugar de encontrar empatía o intenciones de enmendar la situación, se topó con el hostigamiento directo de una persona adulta. "Esta mamá, al enojarse con toda la situación, en lugar de pedir disculpas empieza a hostigarnos de repente a mí y a mi hija por todos los medios que se le ocurre, a publicar en su WhatsApp foto de mi hija burlándose porque mi hija tiene problemitas según ella, porque mi hija tiene dislexia", denunció con indignación.
El lunes 1 de junio, día en que se debían concretar las amenazas de golpes, Camila acompañó a su hija hasta la institución para exigir medidas de protección urgentes. La respuesta de la dirección, la sorprendió: "Yo le digo: 'Directora, yo necesito, por favor, que en el acta usted deje sentado que mi hija está sufriendo bullying, hostigamiento por parte de las compañeras'. A lo que la directora me dice: 'Mira, con amenazas de TikTok yo no puedo hacer nada porque no pasó en el establecimiento'". El momento más violento de la entrevista ocurrió cuando la autoridad escolar intentó encubrir el hostigamiento argumentando que las disputas eran por un varón: "Cuando mi hija estaba relatando esta situación de que la amenazaban dentro del colegio de pegarla, la directora la interrumpe y le dice: 'Ay no, pero esto no es bullying, esto son como cositas de chicas' (...) No importa el motivo, el hecho es que le van a pegar".
La situación empeoró cuando la directora obligó a Mía a ingresar al aula y la expuso frente a todo el curso en un intento de "mediación" que terminó por victimizarla aún más. La madre, que sospechó de la maniobra, regresó por las escaleras y presenció la escena detrás de la puerta. "Me quedo parada detrás de la puerta, grabé toda la situación en audio, donde la directora le empieza a preguntar a todos los nenes frente a toda el aula, entrando con mi hija llorando... '¿A alguien acá alguna vez le tiraron el pelito?'... '¿A alguien acá le pellizcan la pancita?' Obviamente, todos los niños responden a una sola voz: 'No'". Al finalizar la jornada, Camila confrontó duramente a la autoridad: "Termina el discurso, sale ella del aula y le digo: 'Te manejaste re mal, pésima tu gestión. ¿Cómo vas a sentar a mi hija de la mano llorando y hacer todo este monólogo para que se den cuenta que la que había demandado era mi hija?'".
Ante la falta de respuestas y el descubrimiento de que la escuela no contaba con los recursos profesionales prometidos al inicio del ciclo lectivo ("Ahora me entero de que el colegio no tiene realmente gabinete, no hay psicóloga, no hay psicopedagoga, no hay nadie ahí adentro de ese colegio"), la familia tomó la determinación drástica de retirar a Mía del establecimiento. "Por supuesto que sí [la voy a sacar de la escuela], no pienso dejarla en un lugar donde ya la hostigaron", sentenció la madre.
Sin un acta escolar que respalde los hechos debido a la negativa de las autoridades, Camila recurrió a los canales legales e institucionales correspondientes de la provincia. "Como en el colegio no hicieron un acta, entonces no consta que haya pasado nada de todo esto... Hoy voy al Ministerio de Educación, dejo todo eso y a las 11 de la mañana también tengo que ir al Ministerio Público Fiscal que me citaron a hacer una conciliación", concluyó, esperando que la intervención de la Justicia y las autoridades provinciales ponga un freno definitivo al hostigamiento.








