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"¿Qué pasa si ponemos unos parlantes?": música, ventanal y guitarra con Fernando Jalil, alhambra y cuerdas para el pueblo tucumano

HISTORIAS DE ACÁ

Con su compañera de cuerdas saca la música del Rougés y la comparte con los peatones de la Plaza Independencia. Además, ejerce la docencia en las aulas, enseña repertorios y plantea una solución a la cultura en tiempos de crisis: "Hay que salir a buscar al público en las calles". Entrevista completa. VIDEO | Por Alfredo Aráoz

Fernando y su compañera fiel visitaron eltucumano.





"La pregunta es: ¿el arte necesita pedir permiso para hacerse? No. Tiene que salir y tiene que romper todas las barreras de privilegios sin ser violento, por supuesto. Hoy nos falta un poquito salir a encontarnos, ir a los lugares poco comunes, las salas. La gente no está yendo tanto a las salas. Hay un asunto con el captar gente para que vaya a las salas. Y bueno, si no va a las salas, vamos a buscarlo. Vamos a mostrarle que la música está buena. La música instrumental no es invasiva. Esa misma canción la cantás vos, pasando por la plaza Independencia, cantando tu propia versión, un ratito, y a seguir". 

Sentado a mano izquierda de su pantalla, Fernando Jalil acaricia su guitarra. Hace unos minutos nomás la ha sacado del estuche verde. Es grande el estuche. Pesa. 

"La guitarra es el instrumento más popular. Siempre digo, a forma de chiste, que la guitarra es un piano transportable. Es mucho más económica y tiene la misma función. Es más fácil llevar una guitarra que un teclado en la espalda", dice Fernando, quien cuando corre el cierre del estuche verde, despeja a su compañera del reposo y con sus cuerdas la presenta en bellos escenarios como un ventanal del Centro Cultural Rougés con vista y sonido a la calle para que esa música sea escuchada por el pueblo: "La música no se hace entre cuatro paredes para conseguir cuadros colgantes. Se hace para los demás".

Ese punteo abre la nota en latucumana donde el artista interpretará canciones de su repertorio. Un repetorio que incluye un amplio abanico de lugares donde Fernando también toca durante el resto de la semana como los jueves a la noche en el hotel Howard Johnson de Yerba Buena. Esa guitarra es la misma con la que Fernando acompaña un bullicio de poesía con changuitos de Famaillá. Y es la misma compañera que los domingos temprano, a la mañana, se queda un ratito más en la cama y reposa sobre una hojarasca matinal para darle cuerda al descanso de Tucumán.

Todos los Fernandos, el Fernando, un alquimista de la música y sus géneros, mezcla precisa de Ávila y Jalil, de su madre Ana María, de su padre Luis, semblante y gestualidad acorde a las alhambras propias que el intérprete construye como palacios populares. 

Miembro estable de la banda sonora que es Tucumán, Fernando Jalil también le quita el polvo a la alfombra roja de la ciudad para que camine mi rey, mi reina, para que la camine el ciudadano de a pie, el laburante, el docente, el ambulante, el comerciante, el jubilado, grandes y chicos, personas y personajes que transitan esta frenética vida de a pie, apurada, agitada, corriendo antes de que les cierren los bancos, a los gritos en doble fila porque llegan tarde al colegio, con detergente y espuma para limpiar la vista de un parabrisas. Todos pueden encontrar una pausa de su valioso tiempo cuando Fernando toca la guitarra en sus múltiples universos.  

"Vengo de semanas bastante movilizadas desde el Mayo de las Letras donde acompañé a poetas con mi guitarra. Compartimos con los destinatarios naturales el arte de unir la palabra poética (que es una palabra muy poderosa en muchos sentidos) con la música. Así acompañé y conocí a poetas, poesías y estilos y participé de un taller de la Escuelita de Famaillá con 15 poetas. Fue hermoso", celebra Fernando, quien agita los pañuelos a través de la memoria y de la zamba en un maridaje perfecto como el de la música con las palabras para el nacimiento de la canción.

-¿Cómo se llama la primera canción que tocaste antes de empezar la entrevista? 

-Es una obra ícono de la guitarra, Recuerdos de la Alhambra, de Francisco Tárrega. Y siempre donde voy la toco porque es muy bella y es una de las obras representativas del romanticismo español. 

Como la letra y la música, como el primer mate y la mañana, como el vino y la noche, Fernando habla sobre las cosas que se maridan y sobre la dificultad de las cosas no se pueden separar. Y explica: "Es muy difícil separar a la guitarra de lo popular y de lo académico. Está muy entrelazada entre ambos mundos. Yo comencé haciendo música escrita para guitarra. Pero ahora estoy tocando todo lo que se puede hacer en guitarra. Todo lo que se pueda intento hacerlo en el género. Tomo a la música como un solo espacio". 

-¿De dónde sale el primer acorde? 

-Fue una necesidad de mi padre de que hiciéramos algo en las vacaciones de julio. Lo gracioso es que ahora como docente yo hablo del talento, pero no es tan necesario tener talento sino que te acompañen. A mí me llevaron de la oreja a aprender guitarra. Yo quería tocar como Slash (el guitarrista de los Guns & Roses de los mochos negros). Pero ya viendo el futuro (del pelo) me dediqué a la guitarra clásica. Mi primer profesor José Luis Benítez me tuvo paciencia hasta que salieron tres notas seguidas y me enamoré del instrumento”. 

Ese amor que profesa Fernando está colmado de un virtuosismo tanto en sus respuestas con la palabra como en sus respuestas con la guitarra. Básicamente, la hace hablar a través de los acordes. Así forja un diálogo musical con Gabriel y Alfredo en latucumana de tarde

-¿Es la guitarra el instrumento más popular de todos? 

-Sí. Está en todos lados. La guitarra puede ser un instrumento de acompañamiento: en el canto puede ser un instrumento melódico y por eso se puede tocar en conjuntos. Te lo marco con una obra como es Romance Anónimo, que tiene tres partes: tiene la melodía (esto lo podría hacer también un cantante), tiene el acompañamiento, y tiene el bajo, que a su vez lo puede hacer el piano. Difícilmente una sola flauta traversa puede hacer las tres cosas a la vez en simultáneo. Y además se puede cantar. Eso sí, yo no canto porque si cantara ahora mismo en esta entrevista a la gente que esté viendo le ingresaría un virus en la pantalla. Por eso a los cantantes hay que respetarlos. Sí se puede afinar, sí se puede trabajar la afinación. Pero después está la parte del cantante que se dedica a la belleza de la voz. Para cantar hay técnicas específicas, hay que dedicarle tiempo, hay que tener cuidados. La voz es un instrumento musical.

"La música en el aire me trajo hasta aquí" se llama el ciclo que cura Fernando Jalil en el hermosísimo Centro Cultural Rougés pero con una variación: no toca puertas adentro sino que tocar para la gente, saca su música de entre cuatro paredes y a través de un ventanal tiene la posibilidad de popularizar y divulgar nuestra música, la que toca Fernando, y que genera, por ejemplo, que muchísima gente que nunca ingresaría (por falta de información, por desconocimiento) escuche las melodías que nosotros estamos compartiendo ahora en esta entrevista. 

Raquel, la madre de nuestro compañero de diario y radio León Torrente, una vez filmó a Fernando en el ventanal del Rougés: lo hizo con el celular, nos pasó el video de Fernando y nosotros lo hicimos nota en eltucumano

-¿Cómo es esa experiencia, Fernando? ¿De qué se trata puntualmente el ciclo y con cuántas anécdotas te vas? 

-Mirá: anécdotas hay un montón. Pero lo más importante, y es un ciclo que estoy muy orgulloso de  que se haya dado porque no es de una sola persona, sino es una construcción. Y es sobre una necesidad que es transmitir y difundir la música instrumental. Tucumán es una provincia cosmopolita, aunque nosotros no lo creamos, porque tiene culturalmente de todo. Eso sí lo sabemos. Y nos falta, o durante, en esta última época, el acceso que no se está dando tan directo como en otras épocas. Yo me acuerdo, cuando era chico, llegabas al centro y vos tenías conciertos de piano, conciertos de violín, conciertos de chelo, y la gente se enteraba y había mucho. Y lo que veo en este tiempo es que no hay o uno no se entera tanto. Entonces hay una necesidad de difundir esa música sobre todo lo instrumental. Hablando con la gente del Rougés, en uno de los recitales, salió una idea que quedó. A fines del 2024, noviembre o diciembre, organizamos un recital. En esos meses es época de lluvias y ese día llovió e hizo mucho calor. No fue nadie al recital. Entonces una de las chicas del Centro Cultural se acuerda y dice: "¿Qué pasa si ponemos los parlantes?". En la sala bajo techo solo había tres personas. Afuera dejó de llover fuerte y empezó a llover finito. Mientras tocaba, la gente se empezó a parar y se sumaron los del frente, la gente de la Plaza Independencia. Así empezó. Comenzamos a a ver que era posible y que estaba bueno hacerlo.

-Rompés justamente con un montón de paredes, de intermediarios, de trámites, de preventas. Simplemente lo pones ahí, en función de la gente que es lo que importa, que la gente se nutra de tu música. ¿Va por ahí?

-Va por ahí. El objetivo en sí es compartir y después hacia quién va el arte. El arte siempre se termina de cerrar cuando uno lo comparte con otro y mientras más gente mejor.

-Pensamos que el Rougés es un lugar que por el que pasamos todos los días miles de tucumanos y a veces ni lo miramos. En tiempos donde todo nos llega por algoritmos, el arte está ahí, como un mural.

-Sí, sí, sí. Es así. Y eso también está bueno. Y hoy es necesario. Yo creo que hay una crisis en sí de referentes porque hay gente haciendo pero nos falta salir un poco más y generar los espacios que en algún momento se generaron en Tucumán Tucumán tiene grandes orquestas, músicos de altísimo nivel tiene todo tipo de géneros y hubo una época tucumana donde el artista salía. La pregunta es: ¿el arte necesita pedir permiso para hacerse? No. Tiene que salir y tiene que romper todas las barreras de privilegios sin ser violento, por supuesto. Hoy nos falta un poquito salir a encontarnos, ir a los lugares poco comunes, las salas. La gente no está yendo tanto a las salas. Hay un asunto con el captar gente para que vaya a las salas. Y bueno, si no va a las salas, vamos a buscarlo. Vamos a mostrarle que la música está buena. La música instrumental no es invasiva. Esa misma canción la cantas vos, pasando por la plaza Independencia, cantando tu propia versión, un ratito, y a seguir.