Mística, genialidad o delirio: quién es Fer Gym, el profeta tucumano de los músculos
Controvertido, seguido y criticado, el fisiculturista de 64 años se ha vuelto un fenómeno viral que trasciende la provincia. El autoproclamado profeta desarrolla técnicas de entrenamiento para rejuvenecer, tener los glúteos como una roca y prevenir la eyaculación precoz: “no vendo una ilusión, vendo una realidad”. Por Exequiel Svetliza.
Fer Gym, el profeta, un fenómeno que explota en las redes.
Como ante cualquier desgracia o milagro, el suceso alteró la calma habitual de los vecinos del barrio que se encargaron de desparramar el rumor por cada rincón de Villa Luján. El 21 de enero de 1962, en su casa y bajo el designio del primer decanato del signo de acuario; nació Fernando Moya. A su manera y en el contexto de un mundo analógico donde aún no se vislumbraba la aparición de internet, se trató de un alumbramiento viral. El hijo de Magdalena Rosario Paz y David Edelmiro Moya había nacido en manto. En aquella época, se conocía como “nacer en manto” o “parto velado” cuando los bebés llegaban al mundo cubiertos por la bolsa amniótica intacta, es decir, tal como se encontraban en el vientre de su madre. Se trata de un hecho bastante extraordinario que se produce en uno de cada 80.000 partos y, según la creencia popular, es considerado una señal de buen augurio. En la tradición de la fe católica, se decía que el niño había nacido bajo el manto de la virgen y, una vez puesta a secar, la bolsa se conservaba como una especie de amuleto de buena suerte. En Islandia, los marineros solían llevar esas bolsas en sus travesías como un talismán que los protegía de las amenazas de los mares. Algunas tribus africanas aún sostienen la creencia de que los bebés nacidos dentro del saco amniótico poseen la capacidad de ver a los espíritus de sus antepasados. En tiempos prehispánicos, la tribu de los indios Warao, ubicada a orillas del río Orinoco en Venezuela, designaba a estos recién nacidos como los chamanes de la comunidad. Acaso amparado en ese mito de origen o en la práctica de una espiritualidad tan intensa como ecléctica donde se mezclan el culto religioso y la astrología, Fernando se presenta ante el mundo como un profeta; un elegido por la divinidad para revitalizar carcasas corpóreas arrasadas por el flagelo del tiempo y los vicios mundanos, transmutar glúteos flácidos en músculos pétreos y, desde su mezquita disfrazada de gimnasio, transmitir una doctrina trascendental que lo ha vuelto un fenómeno en las redes sociales.
Fer Gym, tal el nombre con que su figura se ha popularizado en el éter de la virtualidad, es para muchos un delirante de los tantos que abundan en las redes. Para otros, un genio incomprendido. Para este cronista, un misterio a develar.
Para llegar hasta el tabernáculo de Fernando hay que adentrarse en el lote cuatro, de la manzana 30 del Barrio Islas Malvinas, en Villa Carmela. Desde la vereda, nada anuncia al visitante desprevenido que está ante el refugio de un profeta. Una vez traspuesta la reja de ingreso a su casa, un pasillo lateral es el umbral de Fer Gym, el gimnasio donde entrena a sus discípulos de lunes a viernes de 5:30 a 22. Como un antiguo anacoreta recluido en su cueva, va a ser difícil verlo fuera de este recinto de paredes amarillas percudidas y espejos partidos. En esas mismas paredes, algunas de las cuales levantó con sus propias manos, cuelgan medallas y fotos enmarcadas donde se lo aprecia en años más mozos marcando los músculos con la piel teñida del dorado característico de las competencias de fisiculturismo. Las salas están repletas de máquinas de factura propia; aparatos de entrenamiento fabricados con fierros, piñones, cadenas y horquillas de motos. En un rincón, en una pequeña repisa contra el ventanal del fondo, hay varios trofeos cubiertos de polvo. Fer Gym no parece aferrado a glorias pasadas, sino a una visión bastante mesiánica de futuro: se proyecta compitiendo y profetizando su sabiduría hasta los 80 años.

“Tengo 64 años y soy nacido el 21 del uno de 1962, signo acuario, primer decanato… Quiero que sepas que hoy acuario está regido por Plutón y Plutón es todopoderoso. Ahora Plutón está en acuario, está en mí y está trabajando sobre nosotros… somos visionarios, con el poder y la convicción para ver lo que puede pasar mañana ¿entendés?”, se presenta el hombre de torso ancho, orejas abiertas y barba y pelo entrecano; ralo en la parte superior de la cabeza y atado en una cola de caballo atrás. La musculosa y las muñequeras negras le dan un aire a esos luchadores de Titanes en el ring que se convirtieron en héroes y villanos de tantas infancias del pasado.
Según cuenta, a los cinco años conoció el evangelio y desde muy chico recibió la influencia de unos pastores noruegos que vinieron a Tucumán a predicar. Y aunque reconoce su ascendencia católica, apostólica y romana, se define como un profeta que desarrolla su arte por fuera de las instituciones eclesiásticas: “Yo no tengo iglesia ahora, o sea que soy un predicador libre… Deja que venga a mí, dijo Jesús de Nazaret, que de tal es el reino de los cielos. No es que esté en contra de la iglesia, pero yo he sentido hace un tiempo que tenía que formar la Iglesia Universal Flotante… una locura, que ya no sé si se va a dar, pero que podría llegar a terminar con la pobreza mundial”.
-¿En qué consiste esa Iglesia Universal Flotante?
- Yo iba a armar en cada país un líder y ese líder iba, a su vez, a tener un tesorero… todo en base a la fe en Dios, no para beneficio propio, porque ahí es donde todo se pudre. Cuando vos querés ganar, ya no hay religión, ya no hay sabiduría, ya no hay intelectualidad… no hay nada ¿Por qué? porque en la historia, desde la creación hasta el día de hoy, hablando materialmente, ningún gobierno ha sido bueno para la humanidad, solo para ellos. No sé si se me entiende… desde que se inicia el mundo hasta hoy, siempre ha sido caos, degeneración y muerte. Entonces, si vos mezclás tesoro con sanidad espiritual no va.
Habla muy rápido Fernando, tanto que muchas veces cuesta seguirle el hilo, pero hay algo del orden de la fascinación que genera con sus palabras. Uno quiere seguir ahí, a la espera de lo que dirá después, aun cuando a veces no termine de entender del todo lo que está diciendo ahora.

Si la palabra de Dios lo marcó en la más tierna infancia, otra de las grandes influencias que contribuyeron a forjar su carácter fue la actividad deportiva: “Toda mi vida hice deporte… hice bicicross, motocross, ping pong… fui caddie de golf y hasta llegué a boxear en Villa Luján en una pelea de fondo”. En la adolescencia y después de un grave problema de salud, conoció el gimnasio, se metió en el mundo del fisiculturismo y ya nunca más se alejó de la disciplina. “A los 17 años caí enfermo gravemente, me agarró una septicemia. Cuando los médicos me detectan la enfermedad, me prohíben terminantemente la actividad física y yo, como ando siempre a contramano, me anoté en un gimnasio. Y es al día de hoy que nunca he vuelto al médico, nunca más. Ahora estoy sufriendo horrores con el tema de la saturación de la sangre, pero estoy convencido de que mis pulmones se van a restablecer… Llamale locura o lo que vos quieras, pero ya he salido varias veces. La ciencia médica te quiere probar que ellos tienen la verdad y, si pueden tener la verdad, no es que yo sea ignorante al respecto, pero de ahí que me quieran curar con remedios, ahí no les creo”, cuenta mientras me muestra el aparato que le mide el nivel de oxígeno en sangre y revela que, cuando su salud comienza a flaquear, recurre a la autofagia, el mecanismo de reciclaje celular le valió el Nobel de Medicina el japonés Yoshinori Ohsumi y que consiste, básicamente, en dejar de comer durante extensos períodos de tiempo.
En los noventa, junto con el neoliberalismo del menemato, se produjo en la Argentina un boom de la cultura fitness. Impulsado por el culto a la estética corporal, los gimnasios se volvieron espacios de consumo masivo y aspiracional que empezaron a proliferar en cada rincón del país. Para Fernando, esa tendencia comenzó a forjarse en la década anterior: “El fisiculturismo empieza a tomar fuerza en los 80 ¿Por qué? Porque entra acá en Tucumán la película Rambo de Sylvester Stallone y eso fue así como ¡pum! el despertar del fisiculturismo, al otro día la gente empieza a ir masivamente a los gimnasios. Para nosotros fue como una pérdida de intimidad, por llamarlo de alguna manera, porque antes eran muy escogidos los que seguían el fisiculturismo”.
Según su mirada, aquellas generaciones pioneras del fisiculturismo en la provincia, se convirtieron en blanco de los prejuicios de la sociedad de la época: “Nosotros hemos sido los más humillados del fisiculturismo. Yo con 17 años no podía salir a la calle porque me decían cualquier cosa, menos que era un ser humano. Era impresionante la humillación que nos hacían porque nos decían que éramos todos maricones. Vos salías de un cine y andabas un poquito trabado y ya la gente te hacía un vacío. No sé por qué, pero, gracias a la penetración ideológica, hasta hace poco te decían que los niños no tenían que practicar este deporte, que estaba prohibido”.
Fue recién a fines de los noventa y gracias a que Adrián Lazarte Bader lo habilitó para participar en la categoría máster que, a los 37 años, Fernando empezó a competir en los torneos de fisiculturismo. Aunque su irrupción en la disciplina fue bastante tardía, comenzó a ganar medallas y trofeos en algunas competencias. Y eso que siempre le tocaba correr de atrás con respecto al resto: “Nunca llegué a tener plata, por ejemplo, para hacer una buena dieta. Por ejemplo, ahora me he quedado sin plata y estoy con avena con agua, huevos y pasas de uvas nomás ¿Te das cuenta? cuando mejor estoy, como pollo, pata muslo, huevos y pasas de uvas…Para competir se necesita mucha plata… la pintura esa con la que te pintás para competir, hoy un botecito te sale entre 80.000 y 100.000 pesos y te gastás dos botecitos de esos por día en un torneo. Por eso, a esa pintura me la preparo yo, tengo mi propia receta secreta, y gasto sólo 2000 pesos”.

Y si en los noventa los gimnasios llegaron para quedarse, también surgieron como un hábitat natural para aquellos que apelan a una ayuda química a la hora de inflar sus músculos: los llamados bomberos. “¿Sabés qué es lo que pasa? Siempre hubo mucha gente adicta a las bombas, a los esteroides… Hoy hay mucha liberación con respecto a eso. Hay una profecía que yo he tirado y es que se vienen tiempos en que los gimnasios te van a matar, es tanta la libertad que hay en ese sentido… Por ahí un chico va al gimnasio y los padres creen que los entrenadores lo llevan bien, pero lo están bombeando”, remarca.
-Y vos… ¿nunca consumiste ningún tipo de esteroide?
-Al principio, cuando empecé a competir, sí, pero era un plan con suplementos muy simple, algo muy común. Antes los planes de entrenamiento no te mataban, por eso Arnold Schwarzenegger, Ronnie Coleman y Sylvester Stallone llegan…esos viejos de la década del sesenta han sobrevivido y era gente que usaba esteroides. Ahora los usan chicos muy jovencitos, pero el fisicoculturismo no es una cosa de tres meses. Yo tengo 48 años ya en este deporte y lo que vos ves es mío, esto es mío… y para tener lo tuyo tenés que entrenar.
“Una de las armas más fuertes que tiene el ser humano es el entrenamiento. Vos te querés ganar el cielo y, literalmente, el cielo está acá, o sea, tu felicidad, tu paz y tu desarrollo mental, físico y espiritual están en el entrenamiento… y, sobre todo, en el entrenamiento de fuerza. A mí la gente me critica, justamente, porque no entiende y no me da lugar a que yo le explique”, deja en claro Fernando cuál es su filosofía respecto al mundo fitness tan en boga en estos momentos.
Además de su condición de profeta, Fer Gym tiene un método que lo distingue frente al resto de los entrenadores. Y ahí es donde la astrología juega un rol fundamental. Lo primero que les pregunta a los iniciados que recién pisan su gimnasio es cuál es su signo zodiacal: “Vivimos en un mundo moderno donde hoy la tecnología y la ciencia te pasan por encima y, para ellos, yo soy el ignorante. Pero el ignorante te dice que, si no conocés como preparador físico los doce signos del zodiaco, no conocés nada de fisiculturismo. Vos podés tener toda la técnica, todo el estudio y toda la sapiencia intelectual, pero vos llegás al gimnasio y me decís que sos de escorpio y yo sé cómo llevarte, sé cuáles son tus ñañas, tus debilidades, cuáles son tus sí y tus no… conozco todas tus dudas, conozco todos tus temores y todas tus falencias ¿entendés? Por eso yo lo primero que te pregunto es cuál es tu signo, no me muevo sin tu signo. Un entrenador tiene que conocer cómo obra cada signo”.

-¿Quiénes son tus referentes en el mundo del entrenamiento y del fisiculturismo?
- Nadie…soy demasiado cerrado en ese aspecto y no tengo ningún ejemplo de nadie, mucho menos de alguien carnal.
- ¿Y entonces cómo has aprendido todo lo que sabés? – le pregunto y Fernando mira hacia arriba y apunta con sus dedos índices al techo del gimnasio en un gesto que busca un cielo y un Dios. Hace una pausa y después agrega:
- Yo recibo la información y la pongo en obra… Ellos vienen todos los días vienen y tenemos una rutina distinta. Todos los días tenemos un entrenamiento distinto y seguro, pero yo no estoy pensando cada vez que entro al gimnasio en qué rutina te voy a dar, yo te miro y, conforme a tu cuerpo, yo ya sé qué darte, inclusive hasta qué pesos… A eso yo le llamo visión, no sé cómo llamarle de otra forma.
-Pero entonces… ¿no hay un estudio previo?
-No hay un estudio, pero sí un conocimiento básico. Yo veía, por ejemplo, los entrenamientos de Mike Mentzer y de otros fisiculturistas de la época y de cada uno he asimilado lo mejor ¿me entendés? Y con lo mejor de cada uno hice mi propia versión. A la medida en que entra la televisión acá entramos a ver más cositas de lo que era el fisiculturismo, pero cuando yo empecé a entrenar había tres gimnasios en Tucumán.
Casado, con dos hijos y toda una vida como vendedor de autos en distintas concesionarias, Fernando no se presenta como un ejemplo a seguir en términos de cuidado físico. A los doce años conoció el cigarrillo y recién hace dos que pudo dejarlo, al igual que el alcohol: “Es lo primero que me dijo Dios… ¿Vos querés rejuvenecer? Entonces tenés que dejar de fumar y de tomar. Por eso es que el Profeta sabe ¿Y sabés por qué soy el profeta? Porque he sido una basura hasta que le obedecí a Dios, tenía que dejar porque tenía que cumplir el plan de salvación, el Plan Rejuvenecer y todo lo que quiero tramar en este mundo. Dios es acción, por eso he dejado así, de la noche a la mañana”.
Entre los distintos planes de entrenamiento que promociona a través de sus redes, el más importante es el que denomina Plan Rejuvenecer. Más que un plan de entrenamiento, parece que estamos ante una nueva doctrina filosófica y una nueva forma de concebir al ser humano: “Es un entrenamiento para detener el envejecimiento que consiste en hacer fuerza bruta. No importa cómo la hagas, el asunto es que tenés que hacer fuerza. Lo que yo te puedo explicar no lo vas a encontrar por más ciencia que consultes. En mí no hay verso, lo que vendo es verdad. Tampoco es que vendo esto por fama y fortuna, sino que mi objetivo es llegar a los 80 y demostrarle a la gente del fisiculturismo que están equivocados, ellos van a morir y yo voy a seguir ¿Por qué? porque después de mí viene el hombre que va a vivir 150 años. Yo soy el principio del fin de la vejez que vos conocés, de mi mano entra el nuevo viejo y la nueva versión del hombre. ¿Cuál es? La del hombre que vence a la vejez a través del entrenamiento de fuerza. Así como me ves ahora sácame una foto si querés y a los 80 años me vas a ver igual. Ya no puedo envejecer más. Dios hizo al hombre tan perfecto que no es para que muramos como morimos, dando asco, y que seamos carga para nuestros hijos. Todos los que me critican hoy en día mañana van a tener un padre viejo, lo van a comparar con Fer Gym a los 80 años y van a decir: ¿ves? no estaba tan equivocado este hombre”.
Y así como el presidente Javier Milei se postula para el premio Nobel de la Paz y su par estadounidense Donald Trump para el Nobel de la Paz, Fer Gym se promociona como el mejor entrenador especializado en fortalecimiento de glúteos del territorio nacional: “Con el entrenamiento de glúteos me vendo como el mejor porque soy el mejor y el único en Argentina. Eso también me condena porque muchos creen que todas las mujeres que vienen al gimnasio son mías. Yo soy signo acuario y siempre he sido mujeriego, pero eso no quita que acá se observe el respeto. Quiero que la gente entienda que Fer Gym es un gimnasio familiar”.
En ese afán de que sus entrenamientos sean para toda la familia también hay un plan para prevenir la eyaculación destinados a las parejas: “Hay algunos entrenamientos que nos los filmo porque la mentalidad de la gente no está preparada para ver ese entrenamiento ni para entenderlo. Tengo un plan para la eyaculación precoz que se hace en pareja. Da muy buenos resultados, trabaja en mí…no es que yo haya sufrido de eyaculación precoz, pero mi potencia sexual ha mejorado mucho con este entrenamiento”.

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El ruido metálico de las máquinas se mezcla con los suspiros de los cuerpos transpirados. En el gimnasio de Fernando no hay frases motivacionales en pizarras ni paredes del tipo "El dolor de hoy es la fuerza de mañana" o “No bajes la meta, aumenta el esfuerzo”; expresiones típicas del coaching muscular que se replican tanto en las franquicias del universo fitness como en los cafés de especialidad. Tampoco hay imágenes de cuerpos hegemónicos haciendo ejercicio. Acá hay fierros y músculos en acción. Esfuerzo y disciplina. En el salón hay hombres, mujeres y hasta adolescentes como Dylan Héctor Aragón, de 12 años, una de las jóvenes promesas de Fer Gym. Con respeto, pero sin solemnidad alguna, se acercan a preguntarle al profeta por alguna rutina o ejercicio en particular. Acá lo que él tiene para decir es escuchado con atención y curiosidad, incluso las teorías que pueden sonar más insólitas. Pero en la selvática lógica de las redes sociales es otro el cantar.
En las redes sociales Fer Gym es un fenómeno viral. Sus videos no sólo son vistos por los miles de seguidores de sus distintas cuentas de Instagram, sino también por influencers de contenidos fitness que reaccionan y comentan sus videos, como es el caso de Canin. O que lo visitan para conocer su gimnasio y entrenar con él, como el tucumano Lucas Alcocer. Locales y foráneos parecen rendidos ante el magnetismo del singular personaje. Hay mucho de curiosidad, pero también de consumo irónico. Aunque resulta innegable la fascinación que genera, tampoco faltan las críticas por la forma en que entrena, vive y se alimenta el profeta. A favor o en contra, para admirarse o reírse, lo cierto es que no pueden dejar de ver sus contenidos. Y así, por los misteriosos designios de la viralización, su palabra está acá y allá y su filosofía se expande como una nueva religión con sus fieles y detractores.
-¿Cómo fue que empezaste a aparecer en las redes?
- Uno de los primeros que tenía canal de YouTube acá en Tucumán he sido yo y el primero que promocionaba el entrenamiento porque no había ningún gimnasio que suba ese contenido. Yo no vendo una ilusión, vendo un entrenamiento y vendo una realidad. Si vos tenés dos dedos de frente decís: “puede estar viejo, pero lo que sabe no tiene precio”. Antes de YouTube había empezado con Twitter, ahí soy famoso entre los famosos. Ahora en Instagram tengo más de 55.000 seguidores en una de las cuentas. Cuando yo empecé a tener muchos seguidores han comenzado las críticas… Calculo que es porque les sumo.
-¿Y qué es lo que te critican?
- Que no sé entrenar, pero bueno, yo no digo nada… Ellos dicen que no sé entrenar, pero no les entra en la cabeza que tengo 48 años de experiencia. Ellos creen que yo hago todo mal porque nosotros no filmamos lo bueno, sino que filmamos justamente lo malo ¿me entendés? La última vez me he filmado tirando 80 kilos de bíceps y esos son imposibles nuestros. Los que critican me terminan conociendo y saben que no soy estúpido, pero los que critican siempre son lo que los perfiles restringidos, los sin cara. Hay que ver cuántos me toman realmente en serio. No hay ningún problema en que vengan acá todos los científicos que quieran y yo les demuestro lo que sé.
-¿Cuáles son tus metas y objetivos?
- Yo quiero competir hasta los 80 que está Plutón en mí. Si no aprovecho ese tirón, después ya no lo hago. Plutón me está dando el toque de fuerza que necesito. Me está dando la sabiduría que necesito, la comprensión para manejarme en estos medios porque en todo este tiempo he podido comprobar que, si vos no tenés la cabeza bien hecha, las redes te destrozan. ¿Por qué? Porque no es lo mismo vivir una vida normal, tranquila, que tener millones de personas que te estén diciendo obscenidades ¿entendés?
-Entonces te afectan las cosas que comentan…
- Gracias a Dios no, no hay ningún comentario mío que haya sido negativo para ellos… Es más, me han aprendido a respetar y a querer. ¿Por qué? Porque yo siempre soy positivo, por más basura que me tiren. El ser humano necesita valerse de otro ser humano para decir que vive.
-¿A esa tranquilidad la encontrás mezclando la espiritualidad con el trabajo en el gimnasio?
-Es que no es mezclar, sino simplemente obedecer el propósito que vos tengas. En este caso, yo lo llamo Dios. En otro caso, puede tener otro nombre, pero hay que tener un propósito y ponerlo. Jesús de Nazareth dijo: “sabed que todo lo que hagais a vosotros, a mí ya me lo hicieron… O sea, todo lo malo que pudieron hablar de Jesús ya lo han hecho y]lo han crucificado, si me crucifican a mí no será ninguna novedad.








