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"Cambiar el mundo es una utopía que siempre está presente": Lía Chambeaud y una vida vuelta poesía

Entrevista

El amor, la militancia y el recuerdo de los que ya no están se conjugan en los poemas que “Chuchi” Chambeaud ha escrito a lo largo de 60 años. “Decires sin tiempo” es el libro que reúne su obra poética y que se presenta este jueves a las 20 en el Colegio de Psicólogos (Córdoba 1027). Por Exequiel Svetliza.

La Chuchi.





A lo largo de sus 80 años Lía Chambeaud jamás se imaginó como una poeta. Sin embargo, la poesía siempre estuvo ahí. En los días más felices, cuando la revolución estaba a la vuelta de la esquina y la utopía de un mundo más justo se presentaba casi tangible en el horizonte de la historia. Y también en los días más tristes, cuando el terror de la dictadura cercenaba sueños y desaparecía amigos, compañeros y afectos. En la juventud idealista y militante. Y en la madurez que, pese a todo, no claudica en sus quimeras. En la evocación emotiva. Y en el recuerdo que trae de regreso nombres, rostros y miradas. En hojas amarillentas y en páginas frescas como un brote nuevo. Son casi seis décadas de palabras que “Chuchi”, como la llaman quienes más la conocen, fue recogiendo para ahora compartir con los demás en “Decires sin tiempo”, su libro de poesía reunida que presentó el jueves en el Colegio de Psicólogos. La obra de una vida en la que late una pulsión tan escasa como necesaria para transitar estos tiempos que nos tocan: el deseo de cambiar el mundo. 

En 2020, mientras la pandemia de Covid-19 amenazaba a todo el planeta, Lía Chambeaud se reencontró con sus poemas. Fue gracias al taller de escritura “Mandarinas bajo el sol” que coordinan Pedro Noli y Victoria Daona. En ese espacio creativo de escrituras y lecturas compartidas la esperaban todas esas palabras que había atesorado a lo largo de casi 60 años. “Esto también es una sorpresa para mí porque yo, desde bastante joven, escribía versos, pero lo hacía como quien escribe un diario íntimo. Nunca se me ocurrió que eso podía mostrárselo a alguien. Durante un buen tiempo no escribí porque estaba dedicada a la vida académica, pero cuando empecé el taller comencé a recuperar ese gusto y esa satisfacción por escribir desde lo emocional, desde los recuerdos, desde la historia de uno, desde la vida personal y lo que uno ha vivido de las cosas. Pedro me dijo ‘vos tenés que hacer un libro’ y empezó a fogonearme para que lo haga. Y ahí me decidí y me costó bastante porque, cuando empecé a releerlos, descubrí que, casi sin darme cuenta, tenía como 80 poesías”, comenta Lía que es profesora de pedagogía y psicología social y se desempeñó como docente investigadora en la Facultad de Artes. 

Así comenzó a gestarse “Decires sin tiempo”, el libro que forma parte de la Colección Mandarinas bajo el sol de Libros Tucumán Ediciones. Se trata de un proyecto editorial enfocado en la publicación de narrativas autobiográficas de autores y autoras locales. En su obra poética, “Chuchi” retrata desde sus años de juventud, marcada por la militancia social y política y por el terrorismo de Estado, hasta nuestros días haciéndose eco de experiencias, rostros, paisajes y emociones que la acompañaron a lo largo de esa intensa trayectoria vital. 

 

-¿Cómo fue el proceso de selección de los poemas que integran el libro?

Lía Chambeaud: Me ha costado bastante elegir los poemas porque los he releído muchas veces y he tratado, en lo posible, de que estén, en primer lugar, aquellos que me gustaran más a mí y, en segundo lugar, que me parecieran los más comprensibles para los demás ¿no? O sea que pudieran decir algo también para los demás. 

 

-¿Y cuál es la sensación ahora que ves ese trabajo plasmado en el libro?

Lía Chambeaud: Fue una gran emoción porque es ver concretizado algo que yo no había soñado jamás. Es como esto de soñar despierta… Además, la pintura de la tapa del libro es de mi hermana mayor (Mirtha Lila Chambeaud), que falleció hace ya muchos años, y me impactó que estuviera ella ahí a través de esa imagen y que yo pudiera también como hacerle un reconocimiento.

 

-En muchos pasajes del libro recordás a gente querida que ya no está ¿Cómo funciona en vos esa manera de recordar a través de la poesía?

Lía Chambeaud: Es una cosa que me sale casi te diría que espontáneamente el poder decir esos sentimientos de despedida y que son de algún grado de dolor y de tristeza también… Es algo que me hacen sentir muy cercana a esa persona que ya se va o que ya se ha ido. Lo pude expresar de esa manera porque no lo sé expresar de otra forma.

 

-Es un libro que está muy atravesado por tu experiencia de militancia en los sesenta y setenta también…

Lía Chambeaud: Sobre todo la primera parte del libro donde están los poemas que yo llamo versos de juventud y creo que tienen que ver con la experiencia de generar una acción y una militancia por un mundo diferente, por un mundo mejor. Pero también enfrentarte con una cuestión de lucha, de saber encontrar un camino, de aceptarlo, de poder reconocer que fue muy duro y que, en ese momento, también era muy duro sentirlo ¿no? A pesar de todos los dolores, las tristezas y las situaciones bastante difíciles que hemos atravesado, a pesar de todo eso, los que hemos quedado vivos sentíamos que esas habían sido épocas muy felices

 

-Qué recordás de aquellos años de militancia…

Lía Chambeaud: Yo empecé a militar en el último año del colegio y en los primeros años de la facultad a través de la Acción Católica porque era una Acción Católica que en ese momento empezaba a ser distinta porque implicaba pensar en un Cristo terrenal, digamos, en eso de mirar el mundo que nos rodea primero antes que el cielo. Uno de los momentos centrales para empezar a militar desde una perspectiva social fue ALFA, que fue la primera organización no gubernamental y social que armamos en Tucumán. Ahí trabajamos militando en los barrios, en ese momento, fines de los sesenta, estábamos muy cerca de lo que eran los Curas del Tercer Mundo. Fue una etapa muy activa y muy importante para poder ir encontrándonos con la realidad. En esos tiempos, cuando conversaba con la gente, fue que empecé a sentir fuertemente, por ejemplo, qué era lo que había hecho el peronismo con la gente… porque ellos te decían que habían comenzado a ser reconocidas como personas a partir de esa época y, sobre todo, desde lo que hacía Evita ¿no? eso es lo que la gente recordaba y te contaba cuando ibas a los barrios. Nosotros nos sentíamos muy cercanos de alguna manera a esa acción con la gente y, en especial, con la gente con menores derechos y posibilidades. En ese momento, Gaspar Risco conformó lo que fue la Secretaría del Interior donde se trabajó en el interior de la provincia con lo que era la visión y el método de Paulo Freire en lo que era alfabetizar y concientizar. Ese fue un trabajo excepcional que se hizo y que está en un libro que se llama “El campesino tucumano”, que después lo quemaron. Esas compañeras y esos compañeros tuvieron que irse de acá porque los empezaron a perseguir. Yo quedé a cargo y no duré más que tres meses porque me sacaron.

 

-Vos decís que aquellos fueron los años más felices para ustedes, pero cómo se conjuga esa felicidad con la derrota de esas aspiraciones revolucionarias una vez que se produce el Golpe de Estado 

Lía Chambeaud: Creo que nosotros nunca hemos hablado de derrota. Eso no quiere decir que no haya habido una derrota, pero no lo hemos tomado como derrota, sino como algo que no lo logramos como nosotros habíamos soñado. Pero sí que hicimos todo lo que podíamos y lo que realmente sentíamos y nos hacía bien. Más allá de los dolores, de las tristezas, de lo oscuro y horroroso que ha sido la dictadura, creo que, mientras nosotros hemos podido estar juntos y hemos hecho cosas que estaban a nuestro alcance, hemos sentido que eso era lo que había que hacer.

 

- ¿Y qué ha quedado de ese deseo de cambiar el mundo en la actualidad?

Lía Chambeaud: Yo siento que algo de todo lo que hago, digo, pienso y siento tiene que ver con la idea de cambiar el mundo, más allá de lo que se pueda ir logrando o no. Y más allá de que la actual sea una realidad de alguna forma oscura para poder decir estas cosas o para poder pensar que podemos llegar a cambiar el mundo. Pero yo creo que es una utopía que siempre está presente esa posibilidad… lo siento como si fuera la lucecita que está al final del camino. Y bueno, vamos caminando para ahí… ¿cuán largo es el camino? No lo sé.

 

-¿Qué hace falta hoy para recuperar ese horizonte y volver a creer que es posible cambiar el mundo?

Lía Chambeaud: Sinceramente, creo que hace falta mucho. Creo que estamos en un momento tan crítico de, para mí, tanta tristeza… Yo he soñado que, a medida que vaya caminando la vida y haciéndome más grande, más vieja, que siempre iba a haber cosas que no se lograran, pero que, de alguna manera, íbamos a ir caminando hacia la posibilidad de mejorar, de mejorar como seres humanos y como construcción del mundo donde vivimos… cuando digo mejorar pienso en la idea de poder mejorarlo desde construir un mundo más igualitario, más solidario y más humano en ese sentido. Pero honestamente creo que estamos en un momento donde se está como desconfigurando la sociedad misma… hasta la militancia está como poco clara, como cuestionada desde diferentes lugares, como que no sabemos bien por dónde tenemos que ir ¿no? Falta que tengamos un poco más de conciencia… Casi que te diría que hay que volver a empezar. 

 

-¿Y cuál es el rol de la poesía en ese deseo de cambiar el mundo?

Lía Chambeaud: Nunca la pensé a la poesía como parte de eso… esto para mí es una novedad. Pero creo que también la poesía es una forma de decir que puede llegar a algunos y a algunas y hacerlas sentir lo que, de alguna forma, uno siente. No sé si realmente se logrará o no. Además, estoy segura de que quienes lean el libro sentirán cosas distintas y también interpretarán cosas distintas. A lo mejor no todos y todas van a pensar o sentir lo que yo sentí y pensé y quise decir. Pero bueno, ahí está también el intercambio con el otro. 

 

-Para qué sirve la poesía entonces…

Lía Chambeaud: no soy una poeta, pero creo que la poesía tiene la posibilidad de llegar más rápidamente a lo emocional. Creo que uno se acerca a una poesía y la capta más desde el sentir que desde si está bien escrita o dice cosas lindas, lo importante es si te impacta a vos o no. Eso es lo que a mí también me pasa con las poesías que leo, que son las que, de alguna manera, me llegan.