"No somos máquinas": Por qué el estrés post vacacional es un proceso normal de adaptación
La psicóloga Fernanda Rivadeneira, del Centro Médico de la Comunidad de Boreal Salud, explica que el malestar al regresar a la rutina no es una patología, sino un "ajuste psíquico" necesario entre el placer del descanso y las exigencias de la realidad.
Volver al trabajo, reorganizar horarios, preparar mochilas, comprar útiles, retomar responsabilidades. Después de semanas de descanso, el regreso a la rutina suele venir acompañado de una sensación difícil de explicar: un nudo en el pecho, desgano o cierta angustia. Sobre este fenómeno, conocido popularmente como “estrés post vacacional”, habló la psicóloga Fernanda Rivadeneira, del Centro Médico de la Comunidad de Boreal Salud, en una entrevista con La Tucumana de Mañana.
“Más que estrés, es un tiempo de adaptación psíquica que tiene que ver con el regreso a la rutina”, explicó la especialista. Según detalló, este proceso implica un esfuerzo mental que genera malestar, pero remarcó que no se trata de una patología. “Es algo normal. No es un trastorno en sí mismo, sino un malestar que se produce cuando el sujeto pasa de un estado de descanso al retorno de la rutina”.
Rivadeneira señaló que, en la práctica clínica, no es habitual que alguien consulte específicamente por “estrés post vacacional”, aunque sí aparecen expresiones como desmotivación, falta de ganas o sensación de vacío al volver al trabajo. “Es un proceso que tiene el psiquismo para adaptarse de nuevo a la realidad. Se viene del placer y se tiene que volver a la realidad. Es un proceso necesario, pero lleva tiempo y en cada persona se da de manera diferente”.
La especialista explicó que el aparato psíquico necesita ese período transitorio para reacomodarse a la rutina habitual. “Somos seres humanos, no máquinas. No podemos pasar de una cosa a la otra sin que haya un pequeño malestar o una cierta renuncia”, sostuvo.
En ese sentido, indicó que el regreso implica pasar de un equilibrio ligado al descanso y al placer a otro que exige productividad, responsabilidad y cumplimiento de normas. “Cuando hay mayor satisfacción laboral, la adaptación suele ser más sencilla. Pero si hay conflictos o insatisfacción en el trabajo, el proceso puede sentirse más complejo”.
También remarcó que la adaptación no solo ocurre en el ámbito laboral. Cambios en la rutina familiar, como el inicio o fin de clases, generan reorganizaciones que requieren un nuevo equilibrio. “Todo cambio implica un ajuste. Es entendible que cueste”, afirmó.
Rivadeneira subrayó que este malestar suele durar días o algunas semanas. Si se prolonga en el tiempo, entonces podría estar relacionado con otros aspectos más profundos vinculados al deseo, al trabajo o a la forma en que cada persona se posiciona frente a sus responsabilidades.
“Freud ya hablaba de este malestar que aparece cuando uno debe renunciar al placer para vivir en sociedad”, recordó. En la vida cotidiana, pequeñas dosis de este proceso aparecen incluso los domingos por la tarde, cuando se anticipa el inicio de una nueva semana. Sin embargo, aclaró que cada experiencia es subjetiva y depende de cómo cada persona viva sus tiempos de descanso y sus obligaciones.
La psicóloga atiende en el Centro Médico Boreal, en calle Santiago al 100, y destacó la importancia de comprender que este proceso es parte de la condición humana. “Es normal. Nuestro psiquismo necesita reequilibrarse para adaptarse nuevamente a una vida más acelerada o exigente”.
En definitiva, esa sensación que aparece cuando se terminan las vacaciones no es una señal de alarma, sino una transición. Un ajuste necesario que, con el paso de los días, se acomoda y permite retomar el ritmo habitual.
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