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Danza, Barro, Fuego: la excusa para el encuentro intergeneracional en La Sodería

Cultura comunitaria

Desde el 7 de febrero, la Fundación La Sodería Casa de Teatro puso en marcha un taller de cerámica y movimiento que reúne a participantes del barrio para crear, compartir saberes y fortalecer la vida comunitaria a través del arte.

Plena creación en el taller Danza, Barro, Fuego en La Sodería





Los sábados por la mañana, mientras el barrio empieza a desperezarse, en Juan Posse 1141 las manos ya están en acción. Amasar, modelar, estirar el cuerpo, conversar. El taller "Danza, Barro, Fuego" abrió la temporada de actividades 2026 de la Fundación La Sodería Casa de Teatro y convirtió la cerámica en una excusa concreta para reunirse y hacer comunidad.

La propuesta comenzó el 7 de febrero y se inscribe dentro de un proyecto de impacto comunitario orientado al fortalecimiento de los espacios participativos desde una mirada de desarrollo territorial e integral. 

Con el apoyo de la Dirección de Articulación Territorial del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de Tucumán el taller no se trata solo de aprender técnicas de arcilla: el objetivo es habilitar un lugar de encuentro donde distintas generaciones compartan tiempo, experiencias y lenguajes.


En Villa 9 de Julio, un barrio con una fuerte tradición de organización y pertenencia, La Sodería viene trabajando desde hace más de treinta años como usina cultural. El taller retoma esa historia y la proyecta hacia el presente, abriendo una actividad gratuita y accesible para familias, niñes, jóvenes y personas adultas que, muchas veces, no encuentran espacios culturales comunes donde cruzarse.



Cada jornada se organiza en tres momentos, se inicia con un calentamiento corporal y conciencia postural, continúan más de dos horas de trabajo con técnicas de cerámica y un cierre de estiramiento. El ritmo es pausado, casi doméstico, y permite que la práctica manual dialogue con la charla y el intercambio de saberes. El barro circula de mano en mano como un material y, al mismo tiempo, como una forma de conversación en la búsqueda de fortalecer lazos, promover el sentido de pertenencia y hacer del arte una herramienta cotidiana de encuentro. 




Más que un curso, el taller funciona como un pequeño ritual semanal donde el hacer manual ordena la mañana y construye algo más duradero que las piezas horneadas: la certeza de que el barrio también puede pensarse y crearse en común.