"No es un trámite ni una firma": advierten sobre la importancia real de los certificados de aptitud física escolar
Lejos de ser un trámite burocrático, el apto físico es una herramienta clave para detectar a tiempo posibles problemas de salud. La médica generalista Fernanda Sarabia, del Centro Médico de Boreal, advirtió sobre la responsabilidad legal y sanitaria que implica y llamó a los padres a no subestimar los controles médicos.
“No es un trámite ni una firma”: advierten sobre la importancia real de los certificados de aptitud física escolar. Imagen ilustrativa.
Con el inicio del ciclo lectivo cada vez más cerca, muchos padres comienzan a organizar útiles, uniformes y trámites escolares. Entre ellos, uno de los más postergados —y a la vez más importantes— es el certificado de aptitud física, un requisito que suele vivirse como una obligación burocrática, pero que cumple un rol central en el cuidado de la salud de niños y adolescentes.
En diálogo con La Tucumana de Mañana, la doctora Fernanda Sarabia, médica generalista (Matricula Prof. 9869) del Centro Médico de la Comunidad de Boreal, remarcó que estos controles “no son un simple trámite ni una firma”, y pidió generar conciencia sobre la responsabilidad que implica tanto para las familias como para los profesionales de la salud.
“Muchas veces pasa que los padres dicen ‘el chico está sano, fírmame acá porque está bien’. Y eso pasa muy seguido. Pero el hecho de que los profesionales de la salud firmemos un apto físico, ya sea para la escuela o para hacer deportes, tiene un valor legal y no es solamente un trámite, no es solamente una firma”, explicó.
En ese sentido, fue categórica: “Como profesionales de la salud nosotros tenemos la responsabilidad de no firmar solamente y decir ‘no lo traigas al chiquito, no lo traigas al adolescente, yo te firmo’. Eso no corresponde. Hay mucha responsabilidad detrás de eso”.
Sarabia detalló que el certificado escolar implica una evaluación médica integral. “Un médico generalista o un pediatra puede realizar la ficha, porque lo más importante es el examen clínico y el interrogatorio a la madre o a los padres”, indicó. “Hay que preguntar por enfermedades, internaciones, cirugías, alergias a medicamentos o alimentos, y después hacer un buen examen clínico: respiratorio, cardiovascular, abdominal y de columna”.
Además, señaló que hay controles que suelen subestimarse. “Después hay otras partes importantes como el oftalmólogo y el fonoaudiólogo. Eso sería lo más importante”, afirmó. Sobre algunos estudios puntuales, aclaró: “Algunas instituciones piden electrocardiograma o que lo vea un cardiólogo, pero no es un requisito obligatorio en todos los casos”.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la insistencia en que el niño debe asistir a la consulta. “Generalmente los controles médicos son más frecuentes hasta los dos o tres años y después ya no se hacen de forma regular. Por eso, el apto escolar es una oportunidad para pesquisar patologías que pueden haber pasado desapercibidas”, explicó.
Consultada sobre qué ocurre cuando se detecta alguna alteración, Sarabia llevó tranquilidad a las familias. “No es que el niño no esté apto para ir a la escuela. El examen físico sirve para detectar patologías que quizás aparecieron a determinada edad o que no se habían visto antes”, sostuvo.
“Por ejemplo, alteraciones de la columna como la escoliosis, donde se manda una interconsulta o se solicita una radiografía; o un soplo cardíaco, donde se hacen estudios más profundos. Muchas veces los soplos en los niños son inocentes y desaparecen en la adolescencia”, agregó.
La médica puso especial énfasis en los controles visuales y del lenguaje. “El oftalmólogo es muy importante porque se detectan alteraciones de la visión, sobre todo cuando el niño comienza a escolarizarse”, señaló. Y agregó: “El fonoaudiólogo también es clave, porque a veces los padres están acostumbrados a cómo habla el niño y no detectan alteraciones del lenguaje”.
“Hay chicos con tartamudeo u otras dificultades que, si no se tratan, después pueden generar problemas en la escuela o situaciones de bullying. Por eso es importante pesquisarlo, porque existen tratamientos”, remarcó.
Finalmente, Sarabia explicó que el certificado también cumple una función preventiva para las instituciones educativas. “La escuela tiene que tener una mínima historia clínica del niño. Si hay antecedentes de convulsiones, epilepsia u otra patología crónica, la institución debe saberlo para estar preparada ante una emergencia”, indicó.
Y concluyó con un mensaje claro: “Esto no es un obstáculo ni un requisito para excluir a nadie. Hoy las escuelas son integradoras. Estamos hablando de la salud de los chicos. Lo ideal es detectar patologías en la niñez o en la adolescencia para después tener adultos sanos”.
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