Tras la detención de "El Militar", cuáles son las hipótesis que manejan los investigadores sobre el asesinato de Érika
El viernes, la Policía de Tucumán confirmó que detuvo en la localidad bonaerense de Pilar a un hombre de 51 años, señalado como principal involucrado en el homicidio de la joven hallada sin vida en un basural del sur de la Capital. La Justicia investiga indicios narcos en torno al crimen.
El pasado viernes, la Policía de Tucumán confirmó la detención en la localidad bonaerense de Pilar de Felipe Sosa, alias "El Militar", de 51 años, señalado como principal involucrado en el homicidio de Erika Antonella Álvarez, de 25 años, hallada sin vida en un basural del sur de la Capital.
Personal de la División Homicidios comenzó con las diligencias correspondientes, en coordinación con la Justicia, en el marco de una causa que inicialmente estuvo a cargo de la fiscal Dra. María del Carmen Reuter, logrando reunir indicios y elementos probatorios que condujeron hacia un hombre de 51 años, quien, según se pudo establecer, ya había salido de la provincia.
De esta manera, un equipo de la fuerza provincial se trasladó hasta Buenos Aires y, en forma articulada con la Policía Federal, logró concretar la detención del presunto autor del hecho, sobre quién pesaba una orden de captura nacional e internacional solicitada por el Ministerio Público Fiscal.
Según informó La Gaceta, la muerte de la joven tendría vínculos narcos ya que en la causa aparece aparece mencionado un tal Carlos, un supuesto narcotraficante extranjero que se habría refugiado en la provincia.
La familia de la víctima contó quiénes eran las personas con las que se vinculaba Érika. Mencionaron a Jesús, su primer novio, a quien señalaron como quien la introdujo en el infierno de las adicciones; a Alejandro, con el que mantuvo una relación signada por la violencia; a “Deivid”, un hombre adinerado al que veía asiduamente en los últimos tiempos; y, por último, a Carlos, un ciudadano extranjero que se habría refugiado en Tucumán porque tendría antecedentes por tráfico de drogas.
La fiscala María del Carmen Reuter decidió investigar a cada uno de ellos. Solicitó una serie de allanamientos en los domicilios de los señalados y, de a poco, fue armando el rompecabezas. Personal de Homicidios, al mando de los comisarios Emanuel Zamorano, Susana Montero y Carlos Díaz, entrevistó a varios de los mencionados.
Los testimonios fueron coincidentes. Todos negaron haber tenido participación en el hecho, pero sí aportaron datos sobre Carlos. Dijeron que Érika les había contado que era un paraguayo o un brasileño vinculado al narcotráfico que se había escondido en Tucumán porque tenía pedidos de captura en varios países.
La familia de Érika aportó más datos sobre la cercanía de la joven con el supuesto narco. No sólo habrían indicado que vivía en departamentos o casas que alquilaba a nombre de terceros, sino que también se movilizaba en vehículos registrados a nombre de otras personas. Para los investigadores, mantenía esa conducta para evitar ser descubierto por las autoridades.
Los parientes aportaron otra información clave. El sospechoso le habría prestado una casa en El Cadillal para que la víctima festejara su último cumpleaños, en junio del año pasado. “Evidentemente tenían un nivel de afinidad bastante importante”, sostuvo una fuente de la investigación.
Las sospechas se acrecentaron con el testimonio de un amigo de Érika. El joven, que se reunía con ella para consumir drogas en la casa de la chica asesinada, brindó más detalles sobre Carlos. Habría señalado que el misterioso sujeto era un narco importante y que incluso podría haber recibido estupefacientes a través de vuelos narcos que arrojaban la carga en nuestra provincia. También declaró que, en los últimos meses la joven estaba “muy perseguida”. Relató que tomaba fotografías de los dominios de los autos y motos que contrataba a través de una de las aplicaciones de transporte.
La fiscala Reuter consiguió autorización para realizar allanamientos que ayudaran a dar con el tal “Carlos”. En uno de ellos, los policías reunieron indicios para vincular a Sosa con el caso. Cuando intentaron localizarlo, descubrieron que había partido sorpresivamente de Tucumán (se informa por separado).
Los pesquisas comenzaron a indagar sobre la vida de “El Militar”, apodado así por los testigos por haber sido oficial del Ejército y haber formado parte de la Legión Extranjera de Francia. Descubrieron que estaba al frente de una empresa de seguridad que brindaba servicios en comercios y, especialmente, en barrios privados y countries del Gran San Miguel de Tucumán. Pero también registraron sus antecedentes.
Tras la detención de Felipe Sosa, se espera el desarrollo de una audiencia para determinar cuál fue el móvil del crimen de Érika. Eso ocurrirá cuando el fiscal Carlos Picón explique de qué delitos acusará a Sosa, quien presumiblemente llegará hoy a la provincia bajo un fuerte operativo de seguridad. Esa acusación, de carácter provisorio, dependerá de las pruebas con las que cuente el representante del Ministerio Público.
Hasta el momento se manejan tres teorías. La joven habría sido asesinada durante una fiesta privada realizada en un punto desconocido de Yerba Buena, en la que habrían participado personas de alto poder adquisitivo y vinculadas al poder.
Érika, según declaró su madre, había prometido abandonar el ambiente que frecuentaba y dejar las adicciones, una decisión que habría puesto en riesgo a las personas con las que se vinculaba y que estarían ligadas al narcotráfico.
La última hipótesis, y quizás la más difícil de probar, es que la joven podría haberse quedado con droga que no le pertenecía o no haber entregado el dinero obtenido por la venta de estupefacientes para terceros.








