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"Hace unos días me lo dijeron": el drama de Martita López, la señora diario diario y la noticia más triste en Tucumán

HISTORIAS DE ACÁ

“¡Diario diario diario diario diario!”. El timbre de voz de Marta López es el mismo de aquellos años pre pandémicos, pero no tan difíciles como los que vive ahora. Qué le pasa. | Por Alfredo Aráoz

Martita.





“¡Diario diario diario diario diario!”. El timbre de voz de Marta López es el mismo de aquellos años pre pandémicos, pero no tan difíciles como los que vive ahora.

“Siempre vendí, joven. A veces más, a veces menos. Pero nunca tan poco como ahora. ¿Diarios? Uno o dos nomás. ¿Telekinos? Ya no los traen más. ¿Entonces? No me quedó otra que pasarme a lo dulce”, me cuenta Martita.

Sigue hablando rápido y coronando cada palabra con un “joven” o con un “señorita”, pero ahora se cruzó de calle. Ya no ocupa las escalinatas del Subsidio de Salud y ahora está sentada en la esquina de 9 de Julio y Piedras, pero sobre el borde de mármol del Colegio Médico y sus gym bros.

Del otro lado de la vidriera donde está sentada Marta, se entrena mucho. De este lado de la vereda, no se vende nada. Es una de las esquinas más populares del microcentro tucumano, pero nada, me dice Martita: “Pasa gente, pregunta, les digo el precio, y se van sin nada. Me dicen que van a volver pero no vuelven”.

Cuando Martita habla de los precios surge una incógnita que a muchos tucumanos les invade: ¿cobra caro? “Mire todas estas cositas dulces, joven. Me las dan a consignación, ¿eh? Yo vendo y divido. Pan con semillas: 7500; alfajorcitos de maicena: 2500; pastafrolas rellenas con dulce de leche y avellanas a 4500; bizcochuelos a 4500. ¿Qué le doy, señorita?”, interrumpe la entrevista Martita y ahora ella es la que pregunta.

La respuesta de la señora es la misma de muchos desde hace unos días. De hecho, es la primera persona que se detuvo a preguntar por las pastafrolas. Cuando escuchó el precio, dudó y se fue con una mentira piadosa: “Voy a buscar a mi hija y vuelvo”.

Es en este escenario difícil para la venta en general, pero para Martita en particular, que surge el drama que está atravesando y que se atreve a contar luego de algunas fotos que la mostraron durmiendo en la calle: “Estoy viviendo en la pensión de General Paz y Entre Ríos. Ahí estoy con mi hermana. Pero el drama que tengo ahora es el de la pierna. Hace unos días me lo dijeron los médicos: tengo erisipela y no tengo nada que me lo cubra”.

Lo que tiene Martita es, básicamente, una bacteria en la pierna derecha que le explota a la altura de la pantorrilla debajo del vaquero que Martita con estos calores. Un calor que la lleva a un acto reflejo constante en Martita: repasarse la cabeza casi rapada que la caracteriza desde hace años con una mano y repararse los labios de rouge sin espejo con la otra.

Pese a los años que trabajó en la puerta del Subsidio de Salud, Marta López no tiene obra social: “Nada. A todos los que trabajan ahí los conozco, pero no me dan una mano. Y es difícil para una señora de 78 años que trabaja todo el día en la venta ambulante". 

"Ojo: lo hago por un lado porque me gusta, pero por otro lado por necesidad: tengo que junta para la penicilina 2.4000.000 (NdR: no es el precio sino el tipo de penicilina). Las cremas son más baratas: cuestan 2 mil. Pero no los tengo y es grande el dolor que siento”, cuenta Martita y pide esa mano que necesita: “Mucha gente me quiere y a ellos les hablo: todo me suma, son ricas las cosas, que las prueben y después me dicen. Aquí me encuentran. No tengo celular ni nada. Estoy aquí todo el día. Soy Martita. Ya me conocen”.

Martita, de 78 años, pasa mucho tiempo sentada. Le duele la pierna derecha. Necesita comprar penicilina. Vende cosas dulces. Son riquísimas.

Pan con semillas: 7500; alfajorcitos de maicena: 2500; pastafrolas rellenas con dulce de leche y avellanas a 4500; bizcochuelos a 4500. 

Conocé la historia de vida completa de Marta López publicada por eltucumano en 2020.