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¿Por qué hoy se conmemora el Día Nacional de Desagravio al Pueblo Tucumano?

22 DE AGOSTO

Desde el año 2021, la Ley 27.620 establece que cada 22 de agosto se rememore uno de los episodios más oscuros y dolosos de la historia de nuestra provincia.

Foto tomada de La Izquierda Diario





La ley 27.620 establece desde el año 2021 al 22 de agosto como el Día Nacional del Desagravio al Pueblo Tucumano, al cumplirse un nuevo aniversario del cierre masivo de ingenios azucareros pergeñado por la dictadura militar de 1966". La fecha conmemora la decisión del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía de cerrar los ingenios azucareros tucumanos, hecho que generó una grave crisis económica y social en la provincia.

Esta ley faculta al Poder Ejecutivo Nacional para disponer la implementación de actividades específicas que difundan y mantengan la memoria colectiva en relación al hecho. La medida había sido aprobada el pasado 13 de mayo en la Cámara alta, por unanimidad, con 60 votos positivos.

Al momento de ser presentado, el proyecto contó con la firma de todos los diputados tucumanos por el valor histórico, económico, político y social que tuvo el cierre de ingenios en la provincia, generando incluso que muchos pueblos que dependían de la industria azucarera terminen desapareciendo.

El decreto de 1966 establecía que se daba cierre a los ingenios de San José, Nueva Baviera, San Antonio de Ranchillos, Los Ralos, Amalia, Santa Ana, Santa Lucía, Lastenia, San Ramón, Mercedes y Esperanza, dejando sin trabajo a más de 50.000 tucumanos.

Como resultado de la medida del gobierno de facto de Onganía se cerraron 11 ingenios azucareros, lo que significó una tragedia social con 50.000 despidos. A su vez, la desocupación trepó en Tucumán a 15 puntos, tres veces más que la media nacional; 300.000 tucumanos, un cuarto de la población en ese momento de la provincia, tuvo que emigrar, la mayoría de ellos, a Buenos Aires.

En ese contexto, hubo ollas populares, paros y cortes de ruta. En enero de 1967, durante una de esas jornadas convocadas por la FOTIA en la localidad de Bella Vista, cayó asesinada por la represión policial Hilda Guerrero de Molina, esposa de un obrero de fábrica que había quedado sin trabajo.

La decisión de la dictadura fue para favorecer a la oligarquía azucarera de Tucumán y Jujuy, entre ellos, los dueños de los ingenios Concepción y Ledesma, que apoyaron el golpe. Se hiperconcentró la producción azucarera y se buscó demoler a la organización obrera, férreo bastión de resistencia.

En La Tucumana de Mañana, el historiador Leandro Lichtmajer, investigador del CONICET y docente de la Facultad de Filosofía y Letras, subrayó la importancia de mantener viva la memoria de este proceso que, "fue mucho más que un cierre de fábricas: fue un colapso productivo y social".

Entre 1966 y 1968 se cerraron 11 de los 27 ingenios de la provincia, lo que representó un tercio de la capacidad productiva y generó una migración forzada estimada en un cuarto de la población tucumana.

El historiador explicó que la medida, justificada en nombre de la “eficiencia”, desmanteló no sólo la industria, sino también el entramado social de las comunidades: "El ingenio no era solo una fábrica, era el centro de la vida económica, social y hasta habitacional de cada pueblo".

Muchos trabajadores se vieron forzados a emigrar, principalmente hacia Buenos Aires, fragmentando familias y dejando pueblos en una decadencia de la que muchos aún no se han recuperado.

La resistencia local, especialmente el caso emblemático de la Comisión Prodefensa del Ingenio Bella Vista, mostró que la comunidad no aceptó pasivamente este golpe. Según el investigador, estas luchas anticiparon movimientos sociales más amplios como los Tucumanazos de los años 70.

"Hay una línea que conecta esas resistencias rurales con las protestas urbanas posteriores", aseguró.

Queremos que las nuevas generaciones comprendan que la desindustrialización no es solo una cuestión del pasado: sus efectos siguen vivos hoy en muchas comunidades tucumanas”, concluyó.