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Un poco de Constitución para principiantes

TRIBUNA ABIERTA

No aplicar las mismas reglas para todos es hacer trampa. Y, a la larga o a la corta, en el barrio dejamos de jugar con los tramposos. Por Macario Santamarina.

El abogado Carlos Garmendia, detenido.


Argentina es un Estado Constitucional de Derecho (o, por lo menos, así se autopercibe en su Constitución). Eso significa, entre muchas otras cosas, que el gobierno no es de las personas, sino de la ley.

No solo los policías tienen la ropa prestada, los funcionarios tienen la lapicera prestada por el pueblo, y los profesionales liberales tenemos nuestro título, pero es la ley la que nos presta la posibilidad de ejercerlo. Como dice un querido colega, viejo y sabio (espero que no se ofenda por lo de "viejo"), la vida es “un ratito cada uno”. Ni el título de abogado te habilita a prepotear, ni un uniforme te autoriza a hacer juicios sumarios, ni una función pública te da potestades que la ley no haya otorgado específicamente.

Los ciudadanos podemos hacer todo lo que la ley no nos prohíbe. En cambio, quienes tienen la responsabilidad de administrar la pelota prestada no pueden hacer nada que la ley no les habilite expresamente.

En el gobierno de la ley, las reglas del juego son claras (después los abogados nos encargamos de oscurecerlas). Es como en el juego de Antón pirulero: cada cual atiende su juego. El que quiere jugar al fútbol con la mano, simplemente, no sabe jugar al fútbol. En la cancha del barrio, a veces se toleraba que el gordito jugara con la mano porque era el dueño de la pelota. Pero en un Estado Constitucional, la pelota siempre es prestada.

El principio de inocencia

En este Antón pirulero, el juego de los jueces penales es determinar si alguien es culpable o inocente después de una discusión en la que, esencialmente, son testigos. Esto lo explicó muy bien el gobernador cuando se filtró un informe de la Procelac que cuestiona, aparentemente, el manejo de fondos públicos por parte de algunos municipios. Sin embargo, se le olvidó mencionarlo en su discurso de apertura, donde algunos ciudadanos fueron tratados de mafiosos y sediciosos sin que ningún juez lo hubiera determinado. Pito y bandera: offside.

El jefe de Policía, por su parte, está jugando fuera de la cancha. No hay mensaje público suyo en el que no trate de delincuentes a ciudadanos investigados. No se trata de si tiene razón o no, sino de que él no puede hacer lo que la ley le prohíbe, porque también podría ser un delito. Lo más preocupante es que su discurso es confuso y peligroso: serán los jueces quienes determinen si existió un delito y cuál.

En los últimos tiempos, han aumentado los casos donde el arma de un policía mata a un ciudadano. No sé si estos hechos son o no delito, eso se sabrá después de los correspondientes juicios, pero no deja de ser alarmante. Los policías no pueden decidir quién vive y quién muere. Ese Antón no le corresponde a nadie en un Estado Constitucional. 

Pese a la omnisciencia del jefe de Policía (dícese de quien lo sabe todo), los policías no pueden determinar quién es o no delincuente. Su función es decir lo que saben y actuar preventivamente en los casos que la ley lo autoriza. Lo demás es trabajo de otros. Si alguien quiere decidir quién es delincuente, solo tiene que rendir en el CAM. Hoy es más fácil que nunca: ni siquiera hace falta ternar para ser juez. Subrogante, pero juez.

Quizá algún día les comparta mis pensares sobre ese tema.

Joaquín Girvau, el ciudadano, puede decir en el café con los amigos todo lo que quiera: quién es delincuente y quién no, quién es bueno y quién es malo. Pero el jefe de Policía, en el momento en que maneja la pelota que le prestó el Gobernador (de todas las pelotas que al Gobernador le presta el pueblo), no puede hacer nada más de lo que la ley le manda o le autoriza.

¿Qué pasa cuando no se atiende el juego en el Antón pirulero?

Las cosas se confunden. ¿Se acuerdan del caso del juez que renunció por la devolución de unos gramos de cocaína después de absolver o sobreseer a un ciudadano (la verdad, no lo recuerdo con certeza)? El gobernador dijo que el juez no podía ser juez porque devolver lo que devolvió era decirle a ese hombre, hoy condenado, que siguiera comercializando.

El problema es que la fiscalía nunca afirmó que este hombre comercializaba. Después de seis meses de investigación, nunca lo dijeron. Son los fiscales quienes deben presentar las pruebas y decir: "Mire, Sr. Juez, por estas pruebas nosotros sostenemos que este hombre comercializa y queremos que lo condene a tantos años". El juez no puede cambiar los hechos; si la fiscalía no lo acusa de comercializar, el juez no puede inventarlo.

Entonces, si el juez devolvió la balanza, no fue para que se comercialice nada, porque según la fiscalía, no se comercializaba. Si sí se comercializaba y no se informó al juez, entonces alguien hizo mal su trabajo: o la fiscalía o la policía.

Si alguien se equivocó, tal vez no sea el juez quien no puede ser juez, sino el fiscal quien no puede ser fiscal, o algunos policías quienes no pueden ser policías. O tal vez, los funcionarios políticos no pueden afirmar que alguien comercializa si la Justicia no lo ha determinado.

O tal vez ya me confundí.

El principio de igualdad

Otra regla fundamental en este gobierno de la ley es el principio de igualdad: todos somos iguales en igualdad de condiciones. Solo el arquero puede tocar la pelota con la mano, y solo dentro del área. No se puede ser nueve y jugar con la mano.

Y aquí voy a personalizar un poco. Tomó estado público que arrestaron al Dr. Carlos Garmendia, supuestamente por hacer disturbios en el Hospital Centro de Salud. Hay videos, y cada uno podrá sacar sus propias conclusiones (libertad de pensamiento y de opinión sin censura previa, otra de las reglas de este juego). Pero lo que me llama la atención es que al Hospital de Niños lo vandalizaron más de una vez, los responsables fueron identificados y nunca fueron detenidos, a pesar de que habría indicios de delitos como daños y amenazas. Entonces, la pregunta es: ¿por qué detienen a un abogado por hechos que, según los videos, de ninguna forma constituyen un delito? No hubo daños, amenazas ni nada que pueda catalogarse como delito. Permitir que algunos jugadores peguen con las dos piernas y que a otros, solo porque al dueño de la pelota no le gustan, los dejen jugar solo con la derecha, es hacer trampa.

Resumiendo

En un Estado Constitucional de Derecho, aunque algunos se mareen con su título o su cargo, la pelota no tiene dueño, siempre es prestada.

El principio de inocencia implica que no importa lo que crean o sepan las personas: un ciudadano debe ser tratado como tal hasta que un juez, después de un juicio en el que mayormente es testigo, diga lo contrario y, además, que esa decisión pueda ser revisada. Todo lo demás es opinión.

No aplicar las mismas reglas para todos es hacer trampa. Y, a la larga o a la corta, en el barrio dejamos de jugar con los tramposos.

Yo soy abogado, es muy difícil no dejar que te coma el personaje. Es difícil aceptar los limites. Es difícil hacer algo cuando realmente pensás que es un error. Te matan las ganas de agarrar la pelota con la mano, correr hasta el área y bombearlo al arquero. Pero asi no se juega, la pelota es prestada y la vida es un rato cada uno.

Macario Santamarina

Abogado.-