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Las reivindicaciones de las mujeres

TRIBUNA ABIERTA

Reflexiones de Susana Maidana, doctora en Filosofía y profesora emérita de la Universidad Nacional de Tucumán, en la antesala de un nuevo 8M.

Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. (Foto: Getty Images, tomada de Revista Soho)


El existencialismo ha sido una de las corrientes filosóficas que ha influenciado en lo que conocemos como “feminismo”, que no significa una lucha en contra de los hombres sino un enfrentamiento a la sociedad patriarcal, que es un orden político, con connotaciones morales y religiosas, como afirma Rita Segato.

El existencialismo se caracteriza por afirmar que lo que caracteriza a la condición humana no es ser una naturaleza sino una existencia, somos producto de nuestras elecciones y proyectos, que hacemos cosas con las cosas y que nos relacionamos con los otros seres humanos. El existencialismo tuvo gran influencia en las ideas de Simone de Beauvoir.  

No desconocemos que hubo mujeres que sostuvieron los derechos de las mujeres hace mucho tiempo. En el siglo XVIII, Mery Wollstonecraft escribió el libro titulado Vindicación de los derechos de la mujer, que afirmaba que su objetivo no era tener poder sobre los hombres sino sobre ellas mismas.

En la Argentina hubo muchas mujeres que lucharon por el sufragio femenino, por acceder a una educación universitaria como Julieta Lantieri, nacida en Italia, pero que emigró a nuestro país siendo niña, Cecilia Grierson, Alicia Moreau de Justo, entre muchas otras.   Sin desconocer el aporte de la literatura latinoamericana y argentina que promovieron la imagen de mujeres empoderadas.

Si bien ha habido enormes transformaciones y conquistas en los derechos de las mujeres, una gran mayoría permanecen invisibles a los ojos de los hombres y algunas aceptan gustosas llevar las cadenas del sometimiento, como afirmaba Wollstonecraft.

La pregunta que me formulo, entonces, es ¿qué es lo que arraigó de tal modo para que las mujeres sigamos perteneciendo al “segundo sexo”?  Considero que la explicación radica en naturalizar lo que es cultural y social y afirmar características en mujeres y varones que no son naturales.

2 grandes filósofas: una de ellas es Simone de Beauvoir, nacida en 1908, en Francia,  y otra, Judith Butler, nacida en 1956 en EEUU, que  produjeron 2 rupturas epistemológicas. Simone de Beauvoir afirmaba que “no se nace mujer, sino se llega a serlo” y desmontó esa idea que cree que la mujer es débil, afectiva, emocional, mientras que el hombre es racional y más fuerte biológicamente. La filósofa francesa subrayó la idea de que  los relatos y narrativas sociales modelan imágenes de mujer y de varón que no se agotan en lo puramente biológico.

Por su parte, Judith Butler contribuyó, también, a  romper con el modelo esencialista y mostró que sexo y género son construcciones culturales. En El género en disputa sostiene que el género, la identidad sexual son confusiones sociales. Niega la existencia de  la diferenciación entre sexo y género, en todo caso,  el género es la funcionalidad del sexo. Butler desustancializa términos que la tradición consideraba entidades naturales, como las nociones de sexo y género, mujer y varón.

Retomando la pregunta del comienzo, es evidente que hemos naturalizado un modo de ser mujer, entendido como esencia, con determinadas características que venían con el nacimiento. Las 2 filósofas no sólo aportan al feminismo, sino que lo amplían porque no podemos seguir pensando en la identidad femenina o masculina, sin reconocer la diversidad sexogenérica.

Las categorías binarias resultan insuficientes para expresar las diversas formas en que los seres humanos construimos nuestras subjetividades. Existen grupos que se autoperciben de modo diferente respecto de su género y sexo biológico, como por ejemplo, transexuales, travestis, transgéneros, homosexuales, heterosexuales, bisexuales y asexuales.

La educación tiene, pues, un largo camino por recorrer para que dejemos de naturalizar lo social y cultural que tanto dolor y discriminación ha generado y sigue generando.

Susana Maidana

Doctora en Filosofía. Profesora Emérita de la UNT.