"Él decía que vendía felicidad": el último adiós a Don Rojas, el Señor de los Cubanitos
Carlos Oscar Rojas no tenía familiares directos, pero si un muchacho que “adoptó” como su hijo y hoy recuerda toda su vida en diálogo con eltucumano.com. “Nunca tuvo estudios, pero era un sabio y me enseñó mucho de la vida”. Hasta las 17 horas velarán los restos de Don Rojas.
Vestido de punta en blanco, con una bandeja llena de cubanitos con dulce de leche, Carlos Oscar Rojas hizo felices a grandes y chicos y se consagró en Tucumán como “el Señor de los Cubanitos”. Este miércoles 13 de noviembre, en horas de la madrugada, Don Rojas falleció a sus 88 años y Tucumán lo despide con mucho dolor. Don Rojas no tenía ningún familiar directo, hace unos días empezó a sentirse mal y se dirigió hacia el Centro de Salud, donde estuvo internado unos días hasta su último aliento.
En diálogo con eltucumano, Jorge Mario Farias, quien fue como un hijo para Rojas, lo recuerda con gran emoción e invita a todos los tucumanos y tucumanas a despedirse de Don Rojas en la Rioja 907, entre avenida Roca y Alsina, donde será velado hasta las 17 horas.
“Él siempre decía que yo era su hijo adoptivo, pero no lo soy, aunque él si lo sentía así”, dice con emoción Jorge Mario, quien estos últimos años se encargo de su salud, sus medicamentos, su bienestar y de ser su familia. En este difícil momento, es quien se está encargando de los tramites de su fallecimiento. “Lo iban a llevar a una fosa común, pero ahora gracias a la ayuda de unos chicos le vamos a hacer un pequeño homenaje hasta las cinco de la tarde, y luego lo van a llevar a una parcela en el Cementerio del Norte”, cuenta.
Además de haber sido un gran compañero, Jorge Mario es el guardián de la memoria de “Rojitas”, como él lo llama. “Nunca tuvo estudios, pero era un sabio y me enseñó mucho de la vida. Siempre me decía que era feliz porque no vendía cubanitos, sino felicidad”, afirma.
El día en que Don Rojas se convirtió en el Señor de los Cubanitos
Según relata Jorge, Don Rojas estaba un día en la vidriera de Casa Tía, cuando un niño empezó a llorar porque quería que la madre le compre un cubanito, pero su mamá argumentaba que no tenía dinero. Conmovido por la escena, Don Rojas sacó de su bolsillo la poca plata que tenía y le compró un cubanito al niño. Cuando llegó a la pensión donde vivía se dio cuenta que no había comprado un cubanito, que había regalado felicidad.
Luego, Don Rojas consiguió un traje y unos zapatos prestados y empezó a vender cubanitos a sus 27 años, en el año 1963. “Toda su vida vendió cubanitos, y él decía que vendía felicidad, por eso usaba esmoquin”, dice Jorge Mario y cuenta que un reconocido local de trajes le regaló luego un esmoquin negro y otro blanco, “con los que salía a vender muy pulcro”.
En verano, Don Rojas huía del calor tucumano, se tomaba un tren y pasaba toda la temporada en Mar del Plata vendiendo unas pelotas que fabricaba él mismo en su pensión: “En su pieza tenía una maquina de cocer, compraba cuerina y fabricaba pelotitas para vender en las playas. Se iba en diciembre y se volvía en marzo. Con eso jugaba la gente en la playa”. Don Rojas fue un hombre que trabajo toda su vida, antes de consagrarse como el Señor de los Cubanitas, trabajó en una cortadora de ladrillos, desde que tenía apenas diez años.
La soledad de Rojas y el día que “adoptó” a Jorge Mario
Jorge se emociona cuando eltucumano le pregunta por el día en que se conocieron. “Yo lo conozco de la calle”, dice y recuerda todos los días de su infancia en que un cubanito hecho por Don Rojas lo hacía feliz.
Con el paso del tiempo, Jorge estudió para ser Contador Público Nacional y, luego de recibirse, es invitado a una cena. En esa misma cena, Don Rojas fue invitado por otro amigo: “Cuando llego me doy con él, Rojitas me mira y dice ‘él es mi cliente preferido’, y desde ahí no nos separamos nunca más. Nunca tuvo estudios, pero era un sabio y me enseñó mucho de la vida”.
Hace un mes atrás tuvieron su última llamada telefónica. Don Rojas le pidió que vuelva pronto porque se encontraba solo. “Pasábamos juntos los fines de año y su cumpleaños, el 20 de abril. Cuando Rojitas estaba en la calle era feliz porque sentía que la gente era su familia. Él me decía que volvía a las 9 de la noche de trabajar y luego merendaba y me hablaba a mí, y yo iba dos o tres veces a la semana y él me decía ‘vuelvo a mi soledad que me aterra’”, cuenta.
Hace un tiempo atrás, Jorge llevó a Don Rojas a El Cadillal para que conozca: “Nunca había ido y estaba asombrado, no podía caminar de tantas fotos que se sacaba, vendió en media hora toda la bandeja. Teníamos planes de ir a las Termas porque no conocía. Él era un hombre de acá”.
“La muerta está tan segura de vencerte que te da toda una vida de ventaja”, le repetía Don Rojas a Jorge Mario. A su vez, esa frase se la había dicho el padre de Jorge, y a Don Rojas se le quedó grabada. “Él me decía ‘Changuito viví la vida que está hecha para ser feliz, para vivirla’”, recuerda emocionado y expresa el deseo que tenía antes de esta triste noticia: “Yo quería que lo nombren ciudadano ilustre”.








