"Aquí podés ser vos mismo": la experiencia de los tucumanos en las fiestas R9
Con luces de neón destellando en todos los rincones y una decoración futurista, la Sociedad Rural se transformó en un paraíso para los aficionados de la música electrónica. R9 Producciones desembarcó con todo su poderío ofreciendo una experiencia única que provocó una simbiosis de tecnología, arte y naturaleza. Eltucumano.com bailó, la vivió y, a la vuelta, escribió esta pequeña cronicas.
Si se trata de una narración que logre capturar la experiencia y la atmósfera tan única de una fiesta con ritmos hipnóticos, con diálogos desopilantes entre sus invitados, y un desenlace memorable, es posible que no exista un juego de palabras tan preciso o suficiente para reflejar lo que R9 Producciones regala en cada encuentro.
El pasado 11 de agosto, eltucumano.com aterrizó en la Sociedad Rural para vivir de primera mano la música del reconocido DJ italiano, Sasha Carassi, en una noche donde la energía no se amordazó a los prejuicios, y en el aire se sintió una brisa con sabor a libertad.
En este viaje, que para muchos supuso un bautismo en la música electrónica, el ansia acumulada demostró haber superado las expectativas con creces. Aunque los fieles y devotos de este género conocen la grandeza de asistir a una fiesta de este calibre, los que la vivieron por primera vez se quedaron con una sensación de encuentro, de felicidad, como si habrían experimentado una verdadera revolución de emociones.
Envueltos en una halo de anticipación y emoción, llegar al lugar supuso encontrarte de pecho con un juego de luces de neón de par en par que titilaban en medio de la oscuridad. Esto sirvió para marcar el camino hacia el sitio donde todos los entusiastas de esta diversión iban a converger.

Mientras iban sonando beats pulsantes y las melodías hipnóticas de Fernanda Torti, una de las artistas más prometedoras de nuestra escena local, la gente se iba acercando al recinto y rompiendo esa serenidad tan común de las primeras horas de una fiesta. Luego irrumpió en escena el tucumano Gustavo Filgueira, un titán de la música electrónica que también es socio de R9 Producciones. Ambos artistas lograron evaporar cualquier tipo de inquietud con un warm up plasmado de arte y ritmos narcóticos para ir calentando los motores ante la llegada del DJ principal.
Navegando en esta experiencia, eltucumano.com buscó hilar en lo más íntimo de los seguidores de la música electrónica. Así nos encontramos con Ariel Ponce, un hombre de 44 años que recién a esta altura de su vida se enorgullece (y hasta emociona) de encontrar un espacio donde se sienta libre. "Vos podés venir aquí a ser vos mismo, sos libre. Este es un ambiente de mucho respeto, de mucho cuidado. Eso en el cachengue no suele pasar porque hay peleas, hay disturbios y eso a mí no me va. La gente de la movida electrónica es diferente. Aquí nos sentimos seguros".
Y añade: "La libertad que yo siento aquí es, por ejemplo, vestirme como quiero, y que no exista miradas sobre mí; es también mostrarme con mi pareja, besarlo sin drama alguno. Recién a mis 44 años estoy disfrutando de esta libertad, de esta libertad que la música electrónica me supo dar". Por último, mencionó que "R9 se diferencia del resto por su organización, la seguridad y por los DJ que trae, realmente son artistas que te invitan a bailar toda la noche".
Así también hablamos con Matías Agüero, quien expresó que acudir a un evento como tal es "sentirse en casa". "Es conectarte con vos mismo, una conexión bastante individual". Sobre su experiencia con R9 mostró bastante seguridad al mencionar que asistió a todos los eventos de la productora y "jamás me sentí decepcionado. Es la mejor productora que tenemos a nivel local".

Luego de charlar, el murmullo de aquellas conversaciones animadas quedaron nulas a esa altura de la noche. Casi a las tres de la mañana, en el aire ya se sentía una vibra contagiosa donde los sentidos fueron inmediatamente abrumados por una sinfonía de luces brillantes y visuales psicodélicas que bailaban al ritmo de la música.
Los colores se deslizaban y se fundían entre sí, creando un espectáculo hipnótico que envolvía a todos en su abrazo luminoso. Sasha Carassi tomó el mando de la cabina y poco a poco se fue notando como volcaba su potencial en el escenario. Una pantalla LED masiva se extendía detrás de él, proyectando imágenes abstractas que parecían cobrar vida al compás de las mezclas. El artista creó una imagen digna de un sueño distópico.
El pulso de la música resonaba con fuerza en el pecho de los asistentes, gradualmente se elevaba el nivel de energía en la pista de baile y los cuerpos se movían a una perfecta sincronía, cada persona conectada a la música de una manera única, pero universal.
Quizás, el amor y esta conexión entre la música, el ambiente y el público tucumano fue lo más vivo y palpable que tuvo Patricio Rovaletti, a la hora de poner en marcha su proyecto, concretamente semanas antes de que comience la pandemia.
Siento un gran amante de la música electrónica, su idea fue traer los eventos internacionales a casa: "La idea siempre fue que el tucumano no tenga la necesidad de viajar a otras provincias para tener y disfrutar de un gran show. Aquí la gente se porta bárbaro, es muy pasional y realmente la vive. Creemos que estamos logrando que Tucumán sea el epicentro de los festivales de música electrónica".
Cuando eltucumano.com consultó sobre el mensaje que transmite la productora, Pato supo responder: "La música electrónica es buena para la gente. Es nuestro público el que hace crecer a la productora. Nosotros queremos demostrar a la sociedad que este género realmente es música y que nos venimos a divertir. El apoyo de los tucumanos nos mantiene vivos. Este es un ambiente inclusivo, de libertad, sos vos y estás en la tuya. Aquí todos somos humanos".
Con el paso de las horas, la música había creado una comunidad temporal donde solo existía la celebración de la vida y el arte. Ya se asomaba el tiempo de cierre, pero la energía de la fiesta seguía intacta, alimentada por la pasión de los presentes y los ritmos que continuaban inundando el espacio. Levemente, el sonido se fue adormeciendo hasta que solo dejó una multitud en estado de euforia y gratitud. Los aplausos resonaron cerca de las 6 de la mañana. El viaje de sonoro inolvidable había llegado a su fin, pero las memorias, las amistades y la magia de la noche prometieron durar por mucho tiempo después.








