Asalto Decano, a lo Ringo: el primero de la dupla, los guantes de Marchiori y el golpe del Chelo
Golpe tucumano en Parque Patricios. Estigarribia se sacó la bronca y Atlético Tucumán se trajo tres puntos de oro de cancha de Huracán. Nuevo Testamento Celeste y Blanco bajo el comando de Orsi-Gómez y festejo por partida doble para El Pueblo Decano.
Favio Orsi y Sergio Gómez en el Ducó. (Foto: Facebook Atlético Tucumán)
Ganar. No importaba otra cosa, a quién le vamos a mentir. Atlético Tucumán necesitaba ganarle a Huracán y por eso esta victoria es un triunfazo. Se fue San Pusineri, llegó la dupla Favio Orsi-Sergio Gómez y comienza a escribirse un Nuevo Testamento Decano en 25 de Mayo y Chile: el primer mandamiento era traer los tres puntos al José Fierro y hubo que luchar mucho para eso. A las piñas, como Ringo Bonavena, El Gigante del Norte festeja esta noche un verdadero Asalto Decano en el Palacio Ducó.
Hay una pica con los del Globo, no explícita, pero ahí está: tan porteños ellos y tan tucumanos nosotros. La previa se hizo eterna, la ansiedad era desbordante. Que si la dupla metía cambios, que si mantenía al mismo equipo que venía con andar irregular. El calor en pleno invierno hace de Tucumán un infierno, y te agarra esa sed bien Decana que te hace querer estar compartiendo unas latas en el glorioso trayecto entre avenida Sarmiento por Laprida o 25 hacia el templo.
Pasó la pica con los primos por la llegada de la dupla que casi hace historia en Ciudadela; pasó el meme de Orsi=pelado; Gómez=Negro. Pasaron días vertigonosos para todo Atlético Tucumán y llegó la hora de la verdad, en una prueba de fuego que podía dejar heridos.
Orsi-Gómez le renuevan el voto de confianza al equipo que ganó en la despedida de Pusineri. La receta es la misma esta noche: no hubo tiempo para trabajar, para bajar un mensaje claro, para imponer la "esencia" que promete la dupla más famosa del fútbol argentino, que ahora se viste de Celeste y Blanco.
"El partido es por momentos ordinarios", decía un viejo relator, y esa definición le queda perfecta a este Atlético - Huracán. Mucha lucha, nada de juego, algunos arrestos y nada más. Y bueno, son dos equipos que pelean abajo y por eso este es un partido se seis puntos. El único lujo en el Palacio Ducó son las pisadas de Joaquín Pereyra, la rabona de Mateo Coronel y las manos de Tomás Marchiori.
Sobre el final del primer tiempo, el local se le vino al humo al Gigante del Norte y ahí apareció el 1: Marchiori voló para acá, voló para allá, lo ayudó el travesaño y volvió a embarrarse para ir al piso y abrazarse a la pelota como se abrazaría El Deca a estos tres puntos que se lleva en gran parte por los guantes de su arquero.
Hablando de guantes, Ringo Bonavena tiene su lugar en la platea del Palacio Ducó. El gran boxeador argentino reposa inmortal en el estadio del Globo, su gran amor. Hablando de golpes, hay que hablar del cabezazo letal del Chelo Marcelo Estigarribia.
El centroatacante del Deca estuvo fastidioso todo el partido; sus compañeros lo buscaban con centros pero no lo encontraban, no pudo conectarse con El Picante Mateo Coronel y grito sagrado parecía lejano. La dupla ya había llamado a Ignacio Maestro Puch y Ramiro Ruiz Rodríguez, y parecía que su partido estaba terminado.
Pero el olfato del goleador no falla, y así como El Chelo las pelea todas, no dudo en ir a buscar el centro de Ortiz que -parecía- se quedaba corto y que pudo conectar gracias a un desvío en el primer defensor de Huracán: testazo certero, infalible, para tener su merecido premio, sacarse la bronca con un potente cabezazo, pegar como Ringo y dar el golpe en El Palacio Ducó para convertirse en Ringol Estigarribia y poner al Pueblo Decano de la cabeza.
Y después, a aguantar. Los milagros de San Pusineri vuelven a hacerse carne en este Nuevo Testamento Decano. A resistir con aguante, apretar los dientes, morder en toda la cancha, correr y meter, llenarse la cabeza de chichones y alejar todo el peligro lo más lejos posible hasta que llegue el pitazo final, el desahogo, el festejo tan anhelado que desata la fiesta Celeste y Blanca en todo Tucumán, a más de 1.000 kilómetros en el infierno Decano.
“Cuando llegamos a un club nos tiramos de cabeza y queremos que eso hagan los jugadores”, dijo Gómez en la previa. Promesa cumplida y a festejar. El Decano se trajo tres puntos de oro por asalto en el Palacio Ducó, con los guantes de Marchiori y el golpe del Chelo Estigarribia, para Bonavena y todo Huracán que sufre este presente y allá ellos.
La dupla dejó claro que viene a dejar su sello, pero que no hay que comerse el postre antes de la cena. Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar. Y se ganó, carajo. Técnicos que debutan, ganan y el brindis es por partida doble, entonces. Abrazate con todos, apura esa lata y vamos a comprar otra, que es jueves pero el fin de semana ya se pinta de Celeste y Blanco. Tomemo somo Atlético, y tomemos por dos que ahora la dupla conduce este barco. Hasta el martes en el José Fierro.








