Una historia de miradas y amor Decano, del Monumental al altar
A los ocho años, Luis María miró a la hinchada de Atlético y se enamoró. Lo mismo pasó cuando la vio a Pilar en la platea del José Fierro. Pero se conocieron años después, en pleno auge Decano, de Uruguay a Mendoza y Medellín. Un día se encontraron y hoy quieren llevar juntos a su hija al lugar donde se ve y se siente el amor Celeste y Blanco.
En la fiesta de casamiento, de Celeste y Blanco.
Luis María tenía ocho años cuando Raúl Saavedra sacó un zurdazo de afuera del área que no pudo contener Luis Roberto Quiñonez para poner el 1-1 en la Ciudadela y desatar la locura del Pueblo Decano, que se fundía en un grito desaforado anticipando lo que venía después: dos goles de Mauro Amato en la tarde que se hizo canción para romper la racha de 13 años sin ganar como visitante. Pero el mundo se detuvo en el festejo del gol del lateral izquierdo para Luis María. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su papá Guillermo no entendía por qué lloraba si Atlético Tucumán le acababa de empatar el clásico a San Martín, en rodeo ajeno. “No sé”, le respondió en el momento. “Me había emocionado la gente de Atlético”, entendería muchos años después.
Ya desde hacía un año, desde los siete, que su papá lo llevaba a la cancha, por insistencia de su hermano Juan Pablo. Y nunca dejó de ir desde aquel entonces. Toda la familia Valdez partía de Villa Alem, donde “son todos Cirujas” para cruzar la capital tucumana para ocupar su butaca en el Sector 1 de la platea del Club Atlético Tucumán. Pasó la semifinal contra Chacarita y la derrota ante Tigre en el Reducido que le frustró una vez más el sueño del ascenso al Decano; vino el derrotero por el Argentino A y empezaron los viajes, y toda su vida se fue pintando de Celeste y Blanco.
Estuvo en su butaca el día del esperado ascenso a la B Nacional bajo la conducción del Indio Solari, y ahí estuvo para festejar el ascenso a Primera de la mano del Chulo Rivoira. Por supuesto siguió en ese mismo lugar cuando hubo que pelear cuesta arriba para volver a Primera. “Siempre digo que tengo 25 años ininterrumpidos como hincha, y era muy enfermo de chico. Mi vieja tenía bares y yo le agarraba las cintas testigos de la caja registradora, las desarmaba y armaba rollos de papel y me pasaba dos semanas hasta que volvíamos a jugar de local cortando papeles, hacía mierda todo, pidiendo papeles, las cosas del colegio y los libros de medicina de mi papá, todo. Los llevaba a la cancha y le daba a la gente ahí en el sector 1”.
Así como una tarde de 1999 vio a la gente de Atlético en la Ciudadela festejando el gol de Saavedra y se enamoró para siempre, en 2010 vio una chica en las plateas del José Fierro y nada volvió a ser lo mismo. “Nos conocemos de la cancha. No teníamos conocidos en común, nunca nos vimos afuera (de la cancha), ni en un boliche. Nada. Nos conocemos en la cancha”, repite años después, cuando repasa la historia de cómo vio por primera vez y se enamoró de Pilar.
"Más o menos por ese año yo la empiezo a ver a ella. Yo me acuerdo de ella, de verla. La miraba. La miraba mucho. Me habrá parecido linda. Claramente me había parecido linda, pero no sé si eso nomás. Parece mentira cuando lo cuento, después me termino casando y le termino encontrando una explicación a todo, pero yo la miraba todo el tiempo a ella en la cancha", repite una y otra vez.
Pilar se crió en barrio Norte y desde chica se hizo fanática de Atlético. Comenzó yendo a la Laprida hasta que en 2010 se mudó al Sector 1 para sentarse dos filas arriba de la butaca de toda la vida de un chico de Villa Alem que la miraba todo el tiempo y que ella también miraba como se mira a quiénes durante años se sientan cerca en una platea que durante años tiene los mismos ocurrentes. Para muchos es "hola y chau" y durante años fue "hola y chau" para Luis María y Pilar, que ni siquiera conocían sus respectivos nombres.
"Me encanta esta chica", le decía él a sus amigos, cuando empezaron a ir juntos a la cancha. Todavía no sabía su nombre, pero la miraba y sabía que le encantaba. Lo mismo le dijo a Jesús, su compañero de butaca, algunos años después, cuando la vio subiendo por las escaleras de la platea sobre calle 25 de Mayo. "¿Quién? ¿La Pili? Mi mujer trabaja con ella", le dijo Jesús. Luis María se acuerda que aquella noche, como no podía ser de otra manera, Atlético le ganó 2-0 a Independiente de Rivadavia.
"Yo me crié con la gente del Sector 1. Cuando empecé a ir ellos ya estaban, mucha gente más grande que yo, muchos que hoy ya no están, como un señor que vivía en la esquina de la casa de mi viejo y tenía una farmacia, que tenía 50 años de socio y que murió hace un par de años", recuerda sobre todos esos años en esa cancha, en esa platea, en esa butaca, mirando a Pilar pero sin saber que se llamaba Pilar ni que Jesús la conocía hasta que un día por esas cosas de la vida la vio y la vio tanto que no se aguantó y le dijo a Jesús que le encantaba.
El buscador más famoso nos permite revelar que esa noche los goles los hicieron El Pulga Rodríguez y El Bebe Acosta, que era 19 de abril de 2015 y que fue la primera vez que Luis María supo que Pilar se llamaba Pilar. La buscó y la buscó en Facebook hasta que la encontró y descubrió que los dos compartían su pasión por El Deca y por los perros. Pero así como nunca se hubieran conocido si no era por Atlético o por Jesús, tampoco se iban a enamorar de un día para el otro.
"Conversamos un par de veces por Instagram, pero nada", confiesa años después. Por las fotos en las redes supieron luego que ambos estuvieron en Uruguay, en aquella visita histórica de Atlético a gigante de América como Peñarol. Seguían conversando cada tanto, y Luis María siente que "ya era muy evidente" que como Leandro Díaz él estaba loco por ella. Pero nada.
"Si hoy ganamos vas a salir conmigo", le dijo cuándo se cruzaron en Mendoza antes de la final de la Copa Argentina que El Deca no ganó. Atlético no pudo gritar campeón aquellos días finales de 2017, pero el que gritó de emoción fue Luis María cuando días después se vieron en un bar de plaza Urquiza, después de que ambos rindieron respectivos finales de sus carreras (él abogacía, ella administración de empresas), y donde descubrió que ella ya les hablaba a sus amigas de "un chico que la chamuyaba", porque ella tiene dos años más que él.
Se vieron nuevamente días después, en una fiesta en Nochebuena. "Ahí es como que empezamos a salir", se jacta él, aunque luego ella se fue de vacaciones y se volvieron a ver recién en febrero, a pesar de que al poco tiempo ella tuvo que viajar por su trabajo lo que dilató todavía más las cosas. Viajaron juntos a un nuevo cruce entre Peñarol y Atlético en Uruguay. "No de novios, pero juntos". Fue derrota para los de Ricardo Zielinski, pero victoria para Luis María que se puso de novio con Pilar cuando volvieron.
En diciembre se fueron a vivir juntos. Ya habían hablado de eso unos meses antes, en Medellín, en aquella serie histórica que le permitió al Deca de América meterse en Cuartos de Final de la Copa Libertadores en el año del amor.
Luis María ya tenía decidido pedirle a Pilar que se casen cuando su suegra le dijo que "no habría mejor regalo que ese" en su cumpleaños y entonces no dudó y le pidió que sea su esposa delante de sus respectivas familias. La pandemia los dejó sin ir a la cancha durante varios meses y también los dejó sin la fiesta que estaba prevista para octubre de 2020 y que finalmente se celebró en abril de 2021, justo antes de un retroceso de fase por un nuevo brote de contagios en nuestra provincia.
Por supuesto que en la fiesta él se puso la camiseta de Atlético y ella estaba vestida de blanco, con un gorro del Deca, y ahí fue cuando Luis María entendió lo que no había entendido antes, muchos años antes, cuando miraba a la chica que se sentaba dos filas arriba de la butaca de toda su vida en el Sector 1 del Monumental.
"Le encuentro una explicación a porqué durante tantos años yo la miraba a ella, parecía que era cosa del destino. No me había pasado con nadie. Era por esto. Atlético no ocupa un lugar en mi vida, es toda mi vida. Siempre me han jodido que tenía que tener una novia de Atlético. Me tenía que casar con una mujer hincha de Atlético que he conocido en la cancha y hemos tenido una hija que ya es socia de Atlético, como corresponde".
Siempre se regalan las camisetas nuevas del Deca. Una vez, ella lo sorprendió y se la entregó personalmente El Laucha Lucchetti. Pilar volvió al Monumental tras algunos meses de reposo y a días de dar a luz. “Desde los 7 años sentado en el mismo lugar. Aquí conocí a mi esposa, nos casamos y ahora esperamos nuestra hija. Más que un club es una familia”, escribió él en Twitter. Días después, entró sigiloso al cuarto a pedirle perdón a Pilar por haber gritado desaforado el gol de Augusto Lotti en La Bombonera. Claro, la bebé está durmiendo y la mamá descansando tras el parto. “Yo también lo he gritado”, le responde ella. Después de tantas malas, de tantos buenas y de tantas que vivieron juntos, el tercer eslabón de este amor Celeste y Blanco nació con El Deca puntero y bajo el signo de San Pusineri.
Cierto día, la mujer de Jesús volvió del trabajo y le contó que "la Pili está de novia con un chico que va a la cancha". Jesús se agarró la cabeza y le respondió: "No me digás que está de novia con el pendejo que se sienta al lado mío. No sabés como me ha roto las bolas todo el tiempo, que la Pili esto, que la Pili, que la Pili..". Luis María lo cuenta y se ríe, mientras con Pilar cuentan las horas para llevar por primera a Guillermina al Sector 1 del Monumental.
Desde los 7 años sentado en el mismo lugar.
— Luis María VL (@LuisMariaVL_) August 24, 2022
Aquí conoci a mi esposa, nos casamos y ahora esperamos nuestra hija.
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