La muralla y los convencidos: El Decano resurgente y un punto inapreciable
Carlos Lampe se atajó todo, Atlético resistió y se aferró al empate, todos los corazones Decanos aguantaron hasta el último suspiro, y el equipo de Pusineri volvió a sumar en el Monumental ante el poderoso River de Gallardo.
Carlos Lampe atajó todo en el Monumental. (Foto: Fernando de la Orden - Olé)
"Terminalo", le gritás a Espinoza, y le agregás alguna puteada por el codazo que dejó todo ensangrentado a Ciro Rius y por las de otros partidos también, porque “con este siempre lo mismo”. "Grande Lampeeeee", le gritás al arquero Decano cuando se queda con la última pelota de la noche, como no podía ser de otra manera en su consagratoria noche de estreno en el arco del Gigante del Norte. "Tomemo, somo Atlético", gritás horas después, ya más relajado, contento por un punto que suma y vale mucho, y por tener hoy un equipo que no se rinde ni se achica ante nadie, ni siquiera el poderoso River de Gallardo.
Lampe ya andaba desnudo en pleno Monumental antes de que empiece el partido, cuando Espinoza lo mandó a que se cambie la remera térmica blanca por una oscura, para evitar posibles confusiones con los jugadores de River (?): se cambió y se puso de nuevo la 16 del Deca, en un violeta/fucsia furioso, para darle rienda suelta a una noche sensacional, un debut soñado. "Vestite, Lampe", le gritás dos horas después cuando se descuelga el último centro de la larga noche tras sus atajadas de todos los colores.
Antes de que Lampe se convierta en una muralla invencible, casi se desata la locura total en todo Tucumán cuando en el Antonio Vespucio Liberti Joaquín Pereyra trabó y ganó en campo propio, encaró y no dudó en sacar una bomba de zurda desde atrás de mitad de cancha que agarró muy adelantado a Franco Armani, que retrocedió desesperado al ver que la pelota se le metía por arriba... pero no. El balón fue al techo del arco, y Pereyra, que viene en franca levantada, se quedó sin un gol de antología que hubiese quizás opacado al imbatible Lampe. A ese sí que lo ibas a gritar como loco si entraba.
Después de esa, empezó el show del arquero de la Selección de Bolivia: primero, una bomba a Barco a la salida de un córner, completamente tapado y a puro reflejo; después, se hizo enorme para taparle un mano a mano a Enzo Fernández; en el inicio del segundo tiempo, los minutos de locura total de Lampe contra Elías Gómez: primero un cabezazo que se le metía al primero palo, y después una tremenda tijera desde el punto penal con una volada infernal contra su palo derecho.
El 16 le sacó por arriba una bomba a Paradela, desactivó la lluvia de centros por arriba y por abajo que mandó River al área de Atlético y descolgó -como no podía ser de otra manera- la última pelota de la noche. En total fueron ocho las atajadas del portero Decano, que una vez finalizado el partido reveló cuáles fueron las más difíciles de todas: "En el cabezazo la luz me tapa justo cuando pongo la mano; en la chilena estaba tapado. Esas fueron las más difíciles", confeso, mientras vos confesaste que desde los mejores días del querido Laucha Lucchetti no te sentiste tan seguro con el arquero del Deca.
No estuvo sólo Lampe esta noche en el Monumental: los 10 jugadores de campo del Gigante del Norte salieron a desplegar el "operativo cerrojo" de Lucas Pusineri, que parece tiene la receta para controlar el vendaval del River de Gallardo. A diferencia del 1-1 con aquel gol de Ramiro Ruiz Rodríguez y con un Guillermo Acosta amo y señor del mediocampo, esta noche Atlético fue más "resistiendo con aguante" que otra cosa.
Bruno Bianchi y Manuel Capasso tuvieron una actuación destacada sacando (entiéndase mandando todo a la mierda) todo lo que pudieron en una noche con mucho trabajo, mientras que los laterales padecieron las embestidas por las bandas que llenaron el área de centros, mientras Acosta - Carrera - Lotti - Menéndez configuraron un cuadrado que se dedicó a intentar romper el circuito de los Enzo por el medio y su conexión con los de arriba, con los que van por afuera y se meten para adentro, porque si algo le sobra al rival son variantes en el juego asociado. Los de arriba de Atlético terminaron agotados de tanto correr, y sin aire para atacar.
Después de la bomba inicial de Pereyra, El Deca apenas tuvo un zurdazo de Carrera que Armani mandó al córner sobre el final del primer tiempo y aquel pase largo de Garay para el ingresado Tesuri que fue anulado por fuera de juego. Poco y nada en ataque. Esta noche la misión era otra y los soldados de Pusineri se dedicaron a destruir el juego de River para construir un empate trabajoso, para estirar el invicto y sumar un punto valioso en la lucha más difícil, la de abajo, la madre de todas las batallas.
Pusineri profesa su Fe y los jugadores le creen, están convencidos. Su Atlético ataca con inercia y fiereza y cuando no puede (anoche fue la primera vez que no convirtió) se dedica a marcar, a meter, a morder, a correr, a caerse y levantarse y volver a meter porque sus dirigidos convencidos entienden que esa es el único camino para levantar al Gigante del Norte, para volver a ser, para volver a darle batalla a todos los rivales y jugarle de igual a igual a cualquiera. Tras dos empates, toca otro rival bravo como Lanús, y una victoria en el José Fierro haría todavía más importantes los empates contra Talleres y River.
Con San Lucas en el banco, la muralla boliviana en el arco y once leones convencidos en la cancha, ahora parece que todo es posible. "Nos merecemos bellos milagros y ocurrirán", dicen por ahí. Que éste resurgente Atlético le birle dos empates a River no es milagroso, pero casi. A ganar en casa que el Pueblo Decano quiere alentar a rabiar y por las noches brindar por ese Viejo y glorioso Decano de corazón sin igual, porque cuando los jugadores se entregan con hidalguía la banda te lo agradece y te alienta hasta el final y a mucha honra.








