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El Decano, a lo guapo: Polaco corazón, orden y progreso y el mensaje del Viejo

ANÁLISIS DECANO

Comenzó el semestre más bravo y el Pueblo Decano escuchó a Solari. Menéndez ganó de cabeza y puso justicia en el José Fierro sobre el final del partido. Los de Pusineri fueron a buscar el empate y lo encontraron. Punto valioso y a no desesperarse que esto es largo.

El Polaco vuela, Ortiz muerde, Pereyra y Acosta listos para jugar y raspar. (Foto: Télam)





Comenzó la partida más difícil: todo Atlético Tucumán se mentalizó para un semestre bravo, con la tabla del promedio del descenso y la calculadora entre ceja y ceja. Por eso, el Pueblo Decano acudió este mediodía al templo dispuesto a alentar y apoyar a los de Lucas Pusineri, para empujarlos cuando se caigan y ayudarlos a sacar pecho si la cosa se vuelve cuesta arriba.

Entre cafés y mates, con más de un desvelado que estaba desde anoche vestido de Celeste y Blanco, el Pueblo Decano vio como el técnico de Atlético ratificó el 4-1-3-2 que le dio buenos frutos desde su arribo y salió a presionar arriba desde el arranque, con muchos jugadores en campo contrario e intentando abastecer al doble 9 con muchos envíos desde los costados. 

Acosta intentó ser el eje de cada ataque, Pereyra intentó conducir desde la izquierda y ser el hombre que rompa líneas, Carrera nunca encontró su lugar y Heredia nunca encontró la pelota. Ciro Rius fue todos los tiros por derecha, y con sus centros y remates el Deca generó peligro todo el partido. Por la izquierda, Risso Patrón estuvo dubitativo atrás e impreciso adelante.

Así, hubo poco material para Lotti - Menéndez, mientras Colón crecía de la mano de Aliendro, jugador fetiche y otrora todoterreno de Atlético que injustamente el fútbol argentino tardó años en reconocer como se merece. De sus pies partió el pase para Bernardi antes del centro a Teuten, barrido por Carrera. VAR, penal y gol de Farías a pesar de la volada de Marchiori.

Y ahí llegó lo peor. Ahí aparecieron la ansiedad y los fantasmas. Que el promedio, que de contra nos clavan y se acaba, que encima entra El Pulga y puede ser un baile, que si viene River y después Lanús y son partidos 'perdibles' y si gana este y aquel. Aquella ilusión inicial se vuelve bronca y ansiedad y se traslada a la cancha y los jugadores cuando baja de las cuatro tribunas el 'Movete Decano movete...'.

Farías reventó el travesaño en el primer tiempo y Marchiori le ahogó el grito a Beltrán en el segundo. Lo tuvo Heredia pisando el área tras un buen centro de Rius en la primera mitad, y el propio número 12 con una volea en el complemento. El Bebe se cargó la mochila al hombro, Pereyra se soltó y le puso cabeza y zurda para convertir en fútbol esa ansiedad de todo el José Fierro.

Algo adentro tuyo te decía que se podía, aun cuando Bernardi y Farías parecían dispuestos a liquidarlo en cada contra, con Colón replegado y dispuesto a matar. Parecía que el empate estaba al alcance de la mano, porque todo 25 de Mayo y Chile hizo fuerzas y empujó para el mismo lado como pidió el Indio Solari, el Viejo más sabio de todos los viejos sabios que se han visto por Tucumán, y ya se merecía el empate y no se puede creer cómo salvó Burían ese cabezazo de Lotti que tenía que ser el 1-1.

Pero ahí estaba la Fe Decana cuando Pusineri llamó a Maestro Puch, y todos se ilusionaron con un estreno en la red del pibe de oro que se mandó derecho al área cuando reemplazó al 9, mientras Pereyra le ponía tiza a la zurda para mandar el córner al corazón del área sabalera.

Pero los que bailan y festejan hoy no son Los Palmeras, son Los Decanos: El Polaco Menéndez, que no había tenido ninguna clara, pero se despegó de su marcador y saltó con el corazón latiendo de Tucumán a Quito, en la brava, donde se espera que aparezcan los grandes, y conectó de cabeza para ponerla allá abajo, a contramano del pasito del arquero, allá lejos donde no llega Burián, donde no llegaba nadie, donde se desata la locura del Pueblo Decano.

El reloj marca 38', la Fe Decana y el corazón Celeste y Blanco dicen que es tiempo de ir desbocados a buscar el 2-1 con alma y vida. Ortiz se va expulsado por doble amarilla segundos después. Capasso a la cancha, orden en la última línea, punto en casa y a mirar para adelante. Orden y progreso.

Valioso punto Decano ante un rival aplomado, que se encontró con el escenario que mejor le sienta. Atlético lo fue a buscar por acá, por allá, bien y mal. Pero como desde que llegó Pusineri, lo fue a buscar sin pedir permiso ni perdón. A lo guapo. Todos juntos, de corazón sin igual, y siempre en la lucha.