"Imaginate ganar un clásico, faltando 30 segundos y de visitante": Mauro Amato recordó su histórico gol en Ciudadela
El ídolo Decano brindó una entrevista en la que repasó su carrera, su tarde de sol soñada con la camiseta de Atlético Tucumán y las remeras bancando a las Madres y otras que mostró en sus festejos y que pasaron a la historia.
Mauro Amato festeja en la Ciudadela.
Cada 19 de septiembre, el Pueblo Decano recuerda uno de los clásicos más emblemáticos de la historia de los clásicos tucumanos: aquel 3-2 con doblete de Mauro Amato sobre la hora en Ciudadela en 1999, para cortar la racha de 13 años sin victorias en condición de visitante de Atlético Tucumán contra San Martín, y quedar para siempre en el corazón de todo 25 de Mayo y Chile.
"Fue el 19/9/99: me mandan mensajes, me explota el teléfono. Los hinchas festejan el gol, lo vuelven a ver", revivió Amato en una extensa entrevista El Var, donde repasó su carrera futbolística y los hitos que marcaron su paso por Atlético Tucumán. El ídolo marcó dos goles en un clásico inolvidable y dejó huella en Tucumán por las remeras que lucía en sus festejos, bancando a las Madres de Plaza de Mayo o pidiendo Justicia por José Luis Cabezas.
"Hacía 13 años que Atlético Tucumán no ganaba de visitante, había todo un trasfondo, toda una particularidad. Es muy violento, los clásicos tucumanos son re violentos por el acceso a las canchas, (los hinchas) se esperan en diferentes lugares", rememoró el enganche o delantero formado en Estudiantes de La Plata.
Amato volvió a los instantes finales de aquel clásico inolvidable: "Íbamos 2 a 2, el segundo gol lo había hecho yo. El árbitro adicionó tres minutos: en el último minuto de adición, faltando 30 segundos, recibo un pase tras un centro desde la punta, la recibo, me meto adentro del área, defino", enumeró, paso a paso.
"Imaginate esas emociones: ganar un clásico faltando 30 segundos, de visitante, rompiendo ese mito. Imaginate... un monumento. A partir de ahí se crearon dos filiales, dos agrupaciones... eso es hermoso. Se inundó de 'Mauro Javier' los niños nacidos en ese año y los posteriores", enfatizó.
Amato confesó que "fue la primera vez que lloré dentro de una cancha después de hacer un gol". "Me nublé, no sabía qué hacer, donde festejar. Lo emocional. me bloqueé y me largué a llorar, saltando, corriendo para todos lados, no sabía que hacer. Yo te lo explico, pero cómo te lo puedo transmitir...", remarcó.
El recuerdo de aquel clásico
Era la fecha 4 de la Zona Interior del Torneo Nacional B 1999/2000. Atlético era dirigido por Humberto Zucarelli y San Martín por Alpidio Elizeche. La Ciudadela explotaba de gente con las dos hinchadas en las tribunas.
El primer tiempo fue parejo y luchado, con pocas emociones, terminó 0 a 0. Nada hacía presagiar la lluvia de goles que se viviría en el complemento.
Tras el descanso, el árbitro Gabriel Chiaraviglio decidió que los equipos no cambien de arco, por motivos de seguridad. Así las cosas, los arqueros (Nilton Pardal y Luis Quiñones) tuvieron en su espalda a sus respectivas hinchadas a lo largo de los 90 minutos.
A los 20 de la segunda mitad, Julio García puso en ventaja a los locales. En un ráfaga de goles, a los 22, Raúl Saavedra empató y a los 25, Mauro Amato aventajó a los de 25 de Mayo y Chile. Sin embargo, siete minutos después, a los 32, el "Hueso" Pereyra estableció otra vez la paridad, con una vaselina de antología, para delirio de las tribunas Santas.
Cuatro goles en 12 minutos, dos para cada bando. La entrada estaba pagada. Pero faltaba algo más.
En el último minuto de adición, y en la última bola de la tarde, Raúl Saavedra se proyectó por la izquierda, y tiró un centro con precisión quirúrgica para que la defensa local pase de largo y el 10 pueda controlar en soledad en el punto penal.
Tres veces tocó la pelota Amato con su botín derecho. Tres toques suaves y sutiles, llenos de calidad. La primera para frenar el centro, la segunda para adelantarla y acomodarla lo justo y necesario, y la tercera para definir cruzado ante la salida del "Pájaro" Quiñones. 3 a 2 para Atlético y un recuerdo inolvidable para todos los presentes.
Luego, revivió el día que volvió a Tucumán en el aniversario de su gol y terminó comiendo un asado con hinchas y barras del Deca, cuando antes había tenido "un inconveniente con el hermano (del jefe de la barra)".
"Es común dejar plata para la hinchada, esta naturalizado... tenés que dejar a fin de año, yo no quise dejar porque la necesitaba. Me hice el loco, a la vuelta de las vacaciones había un clima tenso. Salí solo, tenés que pasar por un playón donde estaban todos... salí sólo y el loco este me pegó una trompada. Ya no se podía hacer nada porque eran 100. Después me pidió perdón y me dio un pico, fue la reconciliación", aseguró entre risas.
Más allá de sus goles a San Martín, Amato es muy recordado en Tucumán por las remeras en apoyo a las Madres de Plaza de Mayo o pidiendo Justicia por José Luis Cabezas que mostraba después de sus goles. "En búsqueda de conciencia social", explicó.
"Empecé a tener un conocimiento de lo que fue la dictadura, me agarró yendo a Tucumán gobernada por Bussi y leyendo 'Nunca más'. Eso me detonó. ¿Qué puedo hacer? No tenía tanta información, me puse a investigar y se me ocurrió que mandando mensajes sociales la gente iba a tener conciencia, que no se olviden", subrayó.
El 10 reveló que "se me ocurrió ponerme debajo de la camiseta remeras con un mensaje puntual y directo; ese fue el de las Madres y los pañuelos con Godoy Cruz un viernes a la noche", y contó una historia por detrás de la histórica foto.
"Al otro día no salió publicada, no salió nada. Periodistas amigos adentro dijeron que fue tirada abajo la foto y que no se hablara del tema, hubo separación y conflictos internos. Tucumán estaba gobernada por Bussi", recalcó, y admitió que "un dirigente me dijo que no haga más eso" pero "al partido siguiente saque la de José Luis Cabezas".
"Tenía un sentido hacer los goles, no sólo el festejo hermoso de sentir hacer un gol, sino reforzar un mensaje social. Tenía una continuidad de goles. Quedaron muchas por mostrar", se sinceró, y afirmó que intercambió camisetas con Chizzo de La Renga en una visita de la banda a Tucumán antes de un partido.
"En el clásico tucumano, Martín (Palermo) me había regalado unas remeras que lo auspiciaba Puma, tenía sus tres caras. Yo le habia dicho 'si hago un gol que se fijara', era un mensaje para él. Hice dos goles", sentenció. Y qué dos goles aquella tarde de sol que los Decanos nunca van a olvidar.
Las remeras de Mauro Amato



Mirá la entrevista completa a Amato en VAR








