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"Me mandó ocho taxis, remises, deliverys y tengo mil llamadas perdidas"

SOCIEDAD

El drama de un padre de familia tucumano tiene nombre y volvió el fin de semana de la peor manera posible: ya realizó la denuncia en la fiscalía. Un caso para tener en cuenta y estar atentos.

Martín sale a atender los taxis que llegan a su domicilio.





Es Viernes Santo a la noche y está pasando: a Martín le empiezan a llegar uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho taxis. Todos tocan bocina, el padre de familia sale, les explica que él no los pidió y los taxis, de a poco, se van. Pero a las dos llega un taxi más. Y no se va. “Eran las dos de la mañana. Nos miramos con mi señora. Sentimos que el chofer se bajó del auto. Empezó a golpearnos la puerta y pretendía lógicamente cobrarme el desplazamiento a lo que yo no accedí. Los cinco perros de mi casa empezaron a ladrar. Todos los perros del barrio empezaron a ladrar. Puede llegar a parecer divertido, pero no lo es”.

No solo no es divertido sino que esta historia no termina con los taxis: “Me mandó ocho taxis, tres remises, deliverys sin pagar y tengo mil llamadas perdidas. Helado de Blue Bell, pizzas de Che Pizza. Los remises eran de Las Talitas, de Alderetes. ¿Cómo les explicás que vos no los pediste? Hasta pensé en sacar el número del domicilio de mi casa y poner otro número así no me encuentran. Llamé a Centro Taxi y a TransmiTaxi que son las empresas más conocidas para pedir que no le hagan caso si piden taxis para este domicilio, pero no había caso, seguían llegando”.  

El calvario de Martín llegó a la fiscalía este lunes 5 de abril y pasó a Delitos Telemáticos de la calle Junín, luego de publicar el mismo viernes en las redes sociales los datos, la cara y la cantidad de llamadas perdidas de números desconocidos de la persona que desde 2017 empezó a llamarlo: “Todo este drama empezó a fines de 2017. El muchacho en cuestión era compañero de mi hijo menor en el colegio San Francisco. El chico ya tenía una patología. Es lo que me decía el director y la psicopedagoga. Es en lo que se excusaba este chico. Hasta que lo tocó a mi hijo”.

“Fue a fines de 2017 que me entero que este chico, que se llama Exequiel, lo llamaba a mi hijo todo el tiempo. Llamaba a mi hijo y a una chica que él imaginaba que era la novia de mi hijo. En ese momento, en primera instancia, hablé con la madre y con el padre. Ahí fue cuando el chico se enteró de mi número de teléfono y empezó a meterse conmigo: lo primero que hizo fue que me cortaran la línea”.

“Al principio pensé que me habían cortado el teléfono por falta de pago. Cuando llamé a Claro, me enteré que me habían cortado el teléfono porque lo habían denunciado como extraviado por una llamada anónima. Desde ese momento, el chico se la agarró conmigo. Me empezó a hostigar a mí: a mi hijo y a mí. Me llamaba una, dos, cinco, quince, veinte veces desde números ocultos”, relata Martín, harto de la situación en un determinado momento, de poner el celular en modo avión y listo para atenderlo. Pero...

“Atenderlo era peor: ‘Dejá de molestarme’, le decía. Y ahí fue que empezó con los taxis. Me mandaba de a tres los taxis. Ahí fue que pensé en cambiarle el número a mi casa, en ponerle otro cartel. Yo salía a enfrentar a los taxistas. Y como te decía: hay veces que los taxistas son comprensibles y hay veces que no. Mientras tanto, el director del colegio me dijo que no podía hacer nada”.

“Para ser sincero, yo no veo diferencias entre un tipo que te hostiga y te hace 30 llamadas seguidas en una hora y uno que te saque una trincheta y le corte el cuello a un compañero. No creo que haya mucha diferencia. Es más: decían que no era violento hasta que un día le revoleó el banco a un compañero. Como no le pegó a nadie, se burlaron. ¿Y si le pegaba a alguien en la cabeza? ¿Y si cortaba un pedazo de vidrio y le cortaba el cuello? Estaban juzgando la puntería, no la intención. Fue cuando las autoridades del colegio me dijeron que el chico tenía la protección del Estado por una cuestión de inclusión”, agrega el jefe de familia, quien, luego del fin del secundario, de un momento al otro, sucedió lo inesperado: la persona que lo llamaba dejó de hacerlo.

“De a poco, el chico fue desapareciendo, a tal punto que desde hace tres años no sabía nada de él. Me enteré durante este tiempo que había tenido un problema en la puerta de la Anses porque el tema salió en el diario. Se puso a gritar: ‘¡Policía! ¡Policía!’ Vi la nota: ‘Revuelta en el Anses’. Pero nada más. Hasta que este último viernes, volvió. Este Viernes Santo, mi hijo me mostró el celular y me dijo: ‘Che, papá, ahí está Exequiel, me está llamando, apareció’”.

“En realidad, hace dos semanas, ya habíamos tenido llamadas desde cinco números desconocidos. Es muy fácil saber mi número, porque no lo escondemos. Empezó a sonar mi teléfono, lo atiendo y nada. Se sentían ruidos de fondo y nada. Tengo un fijo de su familia, y me atendió una señora: ‘Escúcheme, me está llamando su hijo, dígale que deje de molestar a la gente que está trabajando’. Se hizo la desentendida, pero tenía un estado de nervios importante”.

“Después de esa llamada, no pasaron diez minutos y me mandó los ocho taxis. Tengo llamadas hasta las 4.30. Después fue que me mandó helados de Blue Bell, pizzas de ChePizza, los taxis de Alderetes, de Las Talitas, Centro Taxi, TransmiTaxi, un calvario. Pero fue esa madrugada que decidí hacerlo público y no volvió a aparecer. Cuando hice público el acoso, encontré mucho apoyo de varones y mujeres. Especialmente de una chica Melina, víctima de cosas bien obscenas, duras”.

“Es muy pícaro para contestar, contesta donde más les duele. Si te ponés a chatear, entrás a ese mundo que él propone. Luego me escribió otra persona que lo conoce de la Iglesia Universal: tiene un discurso preparado para que la gente se apiade de él. Pide datos a la gente y acosa. Han publicado en las redes que este chico tiene juicios contra la Tarjeta Naranja y en el Casino. Yo había hecho la denuncia contra el chico en 2017, pero no prosperó”, advierte Martín, quien enciende la alarma a través de su caso que esta noche le cuenta al diario el tucumano.

“No quiero que estemos ante un asesino en potencia de una chica como fue el caso de Paola Tacacho o de un muchacho o de un policía. Después cuando mueren nos enteramos de que el asesino era un tipo que era medio raro, medio introvertido, y que un buen día le clavó un cuchillo a un policía hace unos días de la Ciudad de Buenos Aires. Son personas que no tienen que estar mezclados en la sociedad, no tienen que estar detrás de una pantalla conectados a la sociedad. En serio lo digo, después puede ser tarde. Puede parecer divertido, pero no lo es. De verdad que no lo es”.


El calvario de Martín: taxis enviados a su casa, mil llamadas perdidas y más.