El rechazo al diferente
ENTRE LÁPICES Y EMOCIONES
La psicopedagoga Cecilia María Lozano escribe sobre la discriminación entre los niños. "La discriminación es un acto de violencia que los niños aprenden, pero aquí la buena noticia: es que lo pueden desaprender", asegura la autora.
Máximo no quiere ir al jardín y sus padres no entendían el porqué. Cuando lograron saber, él les contó: Cuando me dibujé mis compañeros se rieron porque dijeron que estaba mal ese color, que yo soy marrón y se rieron mucho de mí.
La discriminación es un acto de violencia que los niños aprenden, pero aquí la buena noticia: es que lo pueden desaprender.
Nuestros hijos cuando tienen conductas de rechazo -sepan papás-, que las imitaron o bien no fueron adecuadamente educados en tolerar las diferencias. Ellos a medida que va creciendo, van experimentado situaciones con personas diferentes, para algunos son cotidianas estas vivencias, para otros no. Es como vivan, sientan y perciban estas experiencias lo que determina cómo van incorporando pensares y sentires referentes a lo distinto.
Lamentablemente las situaciones de discriminación entre niños son frecuentes y muchos padres no toman conciencia de que, así como lo aprendieron, lo pueden corregir.
Los niños que son víctimas de burlas, se sienten tristes, frustrados, hasta su rendimiento escolar puede bajar. Quizás uno de los puntos más importantes para destacar es que las prácticas sociales discriminatorias no nos hablan de las víctimas, sino de quienes discriminan. ¿Qué quiere decir esto? Que los actos discriminatorios NO se explican por ninguna característica que posea la víctima, sino por la mirada del sujeto, grupo social, sociedad o Estado que lleve a cabo el proceso discriminatorio.
Entonces, si vivimos, sentimos o escuchamos situaciones de rechazo, seamos partícipes, actuemos; si nuestros niños son los agresores, hablemos con ellos; y si nuestro hijo es rechazado, también afrontémoslo con el diálogo.
Fortalecer su autoestima, creer en ellos, depositar expectativas positivas, marcar límites, jugar con ellos y tener un diálogo fluido, son las herramientas para que el niño pueda desenvolverse exitosamente, que no aprenda a discriminar. Y si sufrieran de discriminación, que puedan responder asertivamente.
Les propongo el desafío de hacer nuestra esta habilidad social. La asertividad es poder expresarnos en el momento, de la forma y con la persona indicada, una difícil tarea pero no imposible.
Cómo podemos enseñar a no discriminar:
- Mostar el niño como ser empático, decirles que se ponga en el lugar de esa persona y preguntarles cómo se sentirías.- Proponer vivencias que el niño conozca otras culturas, mediante viajes, películas, cuentos, de manera que pueda ir flexibilizando su mente.-Transmitir la idea que somos diferentes únicos e irrepetibles.-Hacerles saber que no somos mejores ni peores por tener dinero, la piel más clara, nacionalidad
Pensemos un hecho cotidiano, decir usemos el color piel. ¿Acaso existe un solo color? No, somos una sociedad plurirracial. Vivimos en una sociedad mixta, amplia, diversa. Y cuán enriquecidos estaríamos si aprendiéramos del otro, del diferente a mí. Que nos quede en claro que todo lo bueno empieza sin barreras, cuando aceptamos que somos diferentes, que esa es la magia del ser humano. Sólo entonces, hablaremos de convivencia y no de inclusión.








