Las historia oculta de Roberto Santillán, el mejor técnico de San Martín y Atlético
FÚTBOL DE ACÁ
El mejor técnico de todos los tiempos del fútbol tucumano obtuvo siete títulos nacionales y varias decenas de locales. Una historia plagada de amores, desencantos, lealtad e ingratitud. Entre Perón y Gardel, Don Roberto tuvo una vida de película.
Pocas personas gozan del privilegio de ser amado por igual tanto por hinchas del Santo, como del Decano. Campeón de todo con ambas camisetas, Don Roberto Santillán es el quién estuvo sentado en el banco en los dos títulos más impresionantes que consiguieron los principales clubes de nuestra provincia.
Nacido en San Andrés allá por 1905, Santillán fue creciendo a la par del fútbol que por entonces también daba sus primeros pasos y como tantos otros changuitos de la época, aprendía tanto de la pelota, como la pelota de él.
Así, cuando no tenía cumplidos los 18, en 1923 entrenó por primera vez con el equipo un jueves, y ese mismo domingo, fue a ver el partido contra San Pablo para el que no estaba convocado y tuvo la suerte de que el Mocho Cardenas, capitán de aquel equipo no llegará nunca a jugar. El técnico lo miró y le dijo “negrito, vos que entrenaste el jueves, vení, jugá”.
Roberto, ni lerdo ni perezoso se cambió rápido y saltó a la cancha. Hizo un gol y no salió más del equipo. Ese año marcó 9 goles convirtiéndose en el goleador del equipo que salió campeón del Torneo Anual de la Federación tucumana de Fútbol. Siguió en el club hasta el 29, pero no volvió a salir campeón. Se fue a Buenos Aires, pasó por Atlanta, Tigre y Racing.
Volvió al Santo en el 36 y ayudó a romper una sequía de títulos de 13 años, ganando el torneo Competencia de la Federación. Su primer título, había sido el último de San Martín.
En el 39, con 34 años dejó su rol de jugador y aceptó la oferta del presidente Mario Bron para convertirse en DT de los Santos. Los resultados no tardaron en llegar y San Martín en el 40 fue tricampeón invicto y se coronó campeón Absoluto del año por quedarse con todos los campeonatos en juego.
Permaneció 17 años en el cargo y ganó 28 títulos, incluido en el campeonato de la República de 1944, convirtiendo al santo en el único campeón del norte argentino de torneos oficiales de AFA. El año 52 fue el único en el que no logró consagrarse campeón.
Sin embargo, todo se acaba y en 1956, Don Roberto estaba asediado por las deudas y hasta tuvo que hipotecar su casa porque San Martín no le cumplía con los pagos pactados. Con todo el dolor del alma, el técnico más ganador de la historia dejó el club de sus amores: “Mi papá se fue de San Martín con mucha tristeza, pero la institución jamás le cumplió con los pagos y nunca le hicieron los aportes”, cuenta, en charla con eltucumano.com, Oscar Santillán hijo menor de Roberto.
“Mi papá había comprado una casa en la Rondeau al 400, y la había tenido que hipotecar. Mi mamá (Nélida de Santillán), hizo saltar la banca del casino en un anoche de suerte y con eso levantó la hipoteca. Yo nacía unos años después en esa casa”, revela Oscar de 59 años de edad.
“Lo que mi Papá hizo en San Martín es único en el mundo. Ningún técnico ganó tantos títulos con un mismo club. Nunca fue valorado como se lo merecía, nunca le saldaron la deuda, ni tampoco hubo reparación histórica alguna”, reclama Santillán hijo.
En Atlético no tardaron en enterarse que Santillán dejaba la Ciudadela y pensaron que solo su creador podría detener a esa máquina de ganar que se había vuelto San Martín. Entonces, se comunicaron con Santillán y le ofrecieron ayudarlos con sus deudas y ponerlo al día con los aportes previsionales. Don Roberto aceptó y empezaría una nueva era, gloriosa también, esta vez en los Decanos.
En el 57, ni bien llegadito a 25 de Mayo, obtuvo el primer anual de la federación. Ese título sería el inaugural de una inolvidable racha de 8 anuales consecutivos. Santillán dirigiría solo los primeros cinco y luego dejaría su cargo en el 61.
Sin embargo, en el 60, Don Roberto obtuvo el que quizás sea el título más importante de la historia decana: Campeón de campeones de la República de 1959, aunque la final se disputó en enero del 60. El certamen, que no es considerado oficial por AFA, agrupaba a los campeones de las ligas del interior del país y el Decano fue el mejor de todos venciendo a El Quequen de la Provincia de Buenos Aires en la final.
Tras su paso por Atlético, Roberto pasó por otros clubs donde obtuvo buenos resultados, como la clasificación al primer Regional con Sportivo Guzmán, quedando a las puertas de jugar la primera edición del Nacional en el año 67, aunque obtuvo la clasificación al torneo Promocional que era una especie de Nacional de segunda categoría del que solo se disputaron dos ediciones.
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En el 69, ya dirigiendo a Juventud Antoniana de Salta, volvió a quedar en la puertas de clasificar al Nacional tras ser derrotado en la final del Regional con el San Martín de sus amores en una tarde en la que Raúl Corbalán a notó los tres penales de la definición por penales.
Además de sus éxitos a nivel clubes, Don Roberto fue el técnico de la selección tucumana por 20 años, ganando cinco títulos de campeón. Otra de sus caracteristicas era que él también dirigía a los juveniles de los clubes: "Fue técnico de todas las categorías de San Martín y Atlético en simultáneo de la primera, desde los niños hasta los adultos".
Justamente, dirigiendo a San Martín en el torneo Evita, donde fueron vicecampeones, conoció a uno de sus tres grandes ídolos: Juan Domingo Perón. "También conoció a otro, a Gardel, que lo vio en vivo en un recital en Rosario. Solo le faltó el General San Martín y los conocía a los tres", revela su hijo Oscar.

Santillán saludando a Perón
En el 71 decidió terminar con una exitosísima y larga carrera: “Él pudo jubilarse gracias a Atlético que cubrió todos las gatos de sus aportes. A pesar de eso, mi papá nunca quiso iniciarles acciones legales a San Martín”.
“Yo soy abogado y muchas veces le reproché porque se dejó estafar. Ya de grande, en sus últimos años él me dijo ‘hay cosas más importantes que la plata. Lo que yo hice en San Martín no lo va a hacer nadie, es histórico y es para siempre. No voy a mancharlo con nada’, solo entonces lo entendí. Él no tenía cariño por San Martín, él lo amaba profundamente al club, hasta el día que murió”.
Los años de Don Roberto tras su retiro los pasó, como siempre, rodeado de su familia y amigos más cercanos: “No era un tipo de muchos amigos, si tenía muchísimos conocidos, pero amigos, pocos. Barthaburu (ex presidente) era uno de sus hermanos de la vida”, aclara Oscar que agrega que siempre recorrían las canchas de Tucumán: “íbamos a ver jugar hasta los veteranos, la Liga Cultural, todo lo que podíamos. Le encantaba ver fútbol”.
Santillán siguió yendo a Ciudadela en cada partido, era una hincha más y Natalio Mirkin, que lo admiraba profundamente, lo solía invitar a ver los entrenamientos y a pedirle opiniones sobre jugadores.
Hay un mito que dice que en el 87 llegaron tres jugadores a préstamo de Racing de Córdoba, uno de ellos era Dante Unali, Chabay dirigía sus primeras prácticas y Santillán, junto a Mirkin la observaban desde la platea. Unali jugaba de marcador central y Don Roberto le comentó a Natalio que le veía cualidades de lateral por izquierda. Después, Mirkin presentó a Chabay y Roberto quien le repitió el comentario: “Para mi ese chico puede andar muy bien de 3”, Chabay lo escuchó y probó. Unali se convirtió en uno de los mejores marcadores de punta que tuvo el Santo y construyó una exitosa carrera, con paso por la Selección incluido. Todo gracias al ojo de Santillán.
Don Roberto se despidió de la Ciudadela para siempre de la peor forma: “El ingresaba con un carnet de la Asociación de Técnicos. En un partido contra Ferro en la puerta de la cancha de San Martín un portero le negó el ingreso, él se enojó se dio media vuelta, se fue y nunca más volver”, revela su hijo, que al igual que todos sus hermanos es fanático de Atlético.
Santillán murió en febrero del 95 con 90 años de edad y tras batallar con un cáncer de próstata. En el mundo no hubo, ni habrá un técnico más exitoso que él. Querido por todos, dejando huellas a donde fuera que pisó, Don Roberto Santillán es el técnico tucumano por excelencia y su legado es tan inmenso que no hubo, ni habrá forma de estará la altura de su grandeza.









