"Me dieron una mano enorme": junto a su familia venció al Coronavirus y ahora promete ayudar a los infectados
ALERTA: PANDEMIA
El caso de Lucas Issa es un claro ejemplo de la circulación viral comunitaria del COVID-19, ya que sin saber cómo lo contrajo, contagió a siete miembros de su familia, de los cuales cinco, incluido él, terminaron internados en el hospital. Una vez recuperado, promete asistir con lo que pueda a los infectados de Aguilares.
Familia Issa. Foto Facebook/Lucas Issa.-
“El día martes me desperté haciéndole bromas a mi esposa, le decía que los dolores de espalda eran porque estaba con el virus. ‘Ya lo tragué, estoy con el virus’, le decía pero haciéndole bromas. Por la noche, tipo 2 de la mañana, empecé a tener fiebre. Tenía fiebre y más dolor. Ahí empecé con las sospechas serias”.
Con este pequeño relato, Lucas Issa describe el momento exacto en el que comenzó a sentir angustia por la posibilidad de tener coronavirus, enfermedad que hoy tiene en alerta máxima a Tucumán por una curva de contagios que no para de subir y que ya tiene más de 9.000 infectados.
Este emprendedor de Aguilares, dueño de un negocio de ropa, es un claro ejemplo de la circulación viral comunitaria que hoy acecha a la provincia, ya que su historia arranca con la incógnita de dónde contrajo el virus, de las tiene dos sospechas: atendiendo su local o una visita a San Miguel de Tucumán, hoy por lejos, el departamento con mayor cantidad de casos de COVID-19.
“El viernes 21 de agosto fui a San Miguel de Tucumán a visitar a un gastroenterólogo. Al salir del médico tuve contacto con un hombre que vendía praliné y contacto en un drugstore donde compré una bebida. Después en el estacionamiento donde deje el vehículo. Todo eso me preguntaron porque querían ver de dónde podía venir el virus”, contó a eltucumano.com Lucas, que a dos días de visitar la Capital comenzó con los síntomas y una semana después su esposa Romina, su hija de 13 años, sus hijos de 5 y 6, su papá, su mamá y su abuela, serían confirmados positivos.
Del núcleo familiar, el virus obligó a que su papá y él fueran internados en el Hospital de Aguilares, lugar en el que luego terminaron su mujer y sus tres hijos.
A pesar del complicado panorama, hoy la familia de Lucas ya se encuentra reunida, cumpliendo lo que queda de aislamiento en su hogar y con sus padres y abuela en un perfecto estado de salud y en sus respectivos domicilios.
Con este pequeño relato, Lucas Issa describe el momento exacto en el que comenzó a sentir angustia por la posibilidad de tener coronavirus, enfermedad que hoy tiene en alerta máxima a Tucumán por una curva de contagios que no para de subir y que ya tiene más de 9.000 infectados.
Este emprendedor de Aguilares, dueño de un negocio de ropa, es un claro ejemplo de la circulación viral comunitaria que hoy acecha a la provincia, ya que su historia arranca con la incógnita de dónde contrajo el virus, de las tiene dos sospechas: atendiendo su local o una visita a San Miguel de Tucumán, hoy por lejos, el departamento con mayor cantidad de casos de COVID-19.
“El viernes 21 de agosto fui a San Miguel de Tucumán a visitar a un gastroenterólogo. Al salir del médico tuve contacto con un hombre que vendía praliné y contacto en un drugstore donde compré una bebida. Después en el estacionamiento donde deje el vehículo. Todo eso me preguntaron porque querían ver de dónde podía venir el virus”, contó a eltucumano.com Lucas, que a dos días de visitar la Capital comenzó con los síntomas y una semana después su esposa Romina, su hija de 13 años, sus hijos de 5 y 6, su papá, su mamá y su abuela, serían confirmados positivos.
Del núcleo familiar, el virus obligó a que su papá y él fueran internados en el Hospital de Aguilares, lugar en el que luego terminaron su mujer y sus tres hijos.
A pesar del complicado panorama, hoy la familia de Lucas ya se encuentra reunida, cumpliendo lo que queda de aislamiento en su hogar y con sus padres y abuela en un perfecto estado de salud y en sus respectivos domicilios.

Lucas regresando a casa con sus hijos tras estar internados en el Hospital de Aguilares.-
Ya en su casa, este paciente, que integra la lista de los más de 3.000 recuperados de la enfermedad, cuenta cómo la generosidad de médicos, enfermeros, personal de limpieza del hospital, los vecinos y su familia, que le permitieron atravesar la enfermedad.
“Quiero destacar el de los enfermeros, porque es el único contacto que uno tiene cuando está internado. La gente de cocina, la gente de limpieza, te hablan, te alientan. Todo eso te ayuda”, recuerda Lucas, que cuenta que a su habitación el personal entraba tres veces por días, siempre con la mejor energía y hasta haciendo bromas para que su animó lo ayude a superar la situación de aislamiento y angustia.
Además, del temor a la enfermedad, este aguilarense confesó que sintió preocupación por sus vecinos, ya que no sabían cómo iban a reaccionar al ser el primer infectado del barrio Universitario. “Cuando di positivo sentía temor y miedo por los vecinos porque fui el primer positivo del barrio. Tenía miedo por cómo iban a reaccionar, pero la verdad se portaron fabulosos. Vecinos que era solo un hola y chau, se acercaron ni bien se enteraron que estaba internado se acercaban, golpeaban las manos y por la ventana le decía a mi señora ‘acá le dejo para los chicos’, un yogurt, un agua saborizada”, detalla Issa, que luego aseguró que papás y mamás de los compañeros de sus hijos aportaron lo suyo: “Mandaron paquetes de galletas, alfajores. Otro grupo de padres de compañeros de mis hijos trajeron mercadería. Se portaron muy bien”, señaló.
“Los dos o tres primeros días, cuando estaba toda la familia aislada, como mi tía que hoy nos ayuda, pasé los dos primeros días sin agua y no tenía que tomar. Por eso prometí que cuando esté bien, ya tengo el contacto de los enfermeros, voy a ser en ese sentido muy solidario y me voy acercar y le voy a dejar por sala agua saborizada a los internados, porque no sé la situación de cada uno, si tienen a alguien que les alcance algo”, adelanta sus planes Lucas, una vez que reciba el alta completamente. “Siento que es nada, pero para mí va a ser mucho”, remarcó.
Y finaliza la charla contando que no dudará en donar plasma si está en condiciones de hacerlo. “Otra cosa es que veo por las redes como necesitan el tema del plasma. En cuanto esté recuperado y pueda donar lo voy a hacer porque gracias a Dios y la Virgen ni yo ni mi familia lo necesitamos. Pero siento que nosotros no pasamos nada por lo que pasan otras personas”, cerró.
“Quiero destacar el de los enfermeros, porque es el único contacto que uno tiene cuando está internado. La gente de cocina, la gente de limpieza, te hablan, te alientan. Todo eso te ayuda”, recuerda Lucas, que cuenta que a su habitación el personal entraba tres veces por días, siempre con la mejor energía y hasta haciendo bromas para que su animó lo ayude a superar la situación de aislamiento y angustia.
Además, del temor a la enfermedad, este aguilarense confesó que sintió preocupación por sus vecinos, ya que no sabían cómo iban a reaccionar al ser el primer infectado del barrio Universitario. “Cuando di positivo sentía temor y miedo por los vecinos porque fui el primer positivo del barrio. Tenía miedo por cómo iban a reaccionar, pero la verdad se portaron fabulosos. Vecinos que era solo un hola y chau, se acercaron ni bien se enteraron que estaba internado se acercaban, golpeaban las manos y por la ventana le decía a mi señora ‘acá le dejo para los chicos’, un yogurt, un agua saborizada”, detalla Issa, que luego aseguró que papás y mamás de los compañeros de sus hijos aportaron lo suyo: “Mandaron paquetes de galletas, alfajores. Otro grupo de padres de compañeros de mis hijos trajeron mercadería. Se portaron muy bien”, señaló.
“Los dos o tres primeros días, cuando estaba toda la familia aislada, como mi tía que hoy nos ayuda, pasé los dos primeros días sin agua y no tenía que tomar. Por eso prometí que cuando esté bien, ya tengo el contacto de los enfermeros, voy a ser en ese sentido muy solidario y me voy acercar y le voy a dejar por sala agua saborizada a los internados, porque no sé la situación de cada uno, si tienen a alguien que les alcance algo”, adelanta sus planes Lucas, una vez que reciba el alta completamente. “Siento que es nada, pero para mí va a ser mucho”, remarcó.
Y finaliza la charla contando que no dudará en donar plasma si está en condiciones de hacerlo. “Otra cosa es que veo por las redes como necesitan el tema del plasma. En cuanto esté recuperado y pueda donar lo voy a hacer porque gracias a Dios y la Virgen ni yo ni mi familia lo necesitamos. Pero siento que nosotros no pasamos nada por lo que pasan otras personas”, cerró.







