"No me alcanzan las manos": Fabio, el tucumano que los fumadores buscan
HISTORIAS DE ACÁ
No quedan cigarrillos en los kioscos y en algunos ya cobran hasta 600 pesos el paquete. "Debe ser feo para la gente que fuma tener que pagar tanto". Cómo utilizó el ingenio y el esfuerzo para combatir una de las mayores demandas en plena pandemia: "Sé que los vendo baratos".
Faltan cigarrillos en el kiosco local.
Estamos todos de acuerdo que, tal como lo establece la ley 23.344, fumar es perjudicial para la salud. Basta que una persona lea la información que hay en cada paquete de cigarrillos para saberlo. Si no lo entiende, también hay fotos con la advertencia: “Fumar causa cáncer”, “Fumar quita años de vida”. Es una realidad. Y guste o no, también es una realidad que uno de los efectos colaterales de la pandemia por coronavirus ha dejado sin cigarrillos a los fumadores de Tucumán.
Fabio, de hecho, no fuma. Es más: trabaja en el Hospital Néstor Kirchner en tareas de desinfección de lunes a viernes. Después de mucho esfuerzo, con sus ahorros, abrió un kiosco en la avenida Mate de Luna, pero el destino le jugó una mala pasada: “Lo abrí dos semanas antes de que se decretara la cuarentena. Pensaba abastecer a los vecinos y llegar con los envíos hasta el pie del cerro, pero todo se complicó”.
Pero Fabio encontró la salida a la crisis y con esfuerzo e ingenio halló la respuesta a una de las mayores demandas de los últimos días para quienes fuman. “Al principio vendía cigarrillos de marca y me sorprendía cómo los clientes pagaban cualquier precio por un cigarro. Ya nos habían dicho que hasta con aumentos los proveedores iban a dejar de circular. Así que compré el tabaco, el papel, los filtros y empecé a armarlos yo mismo. Cada unidad del común cuesta 10 pesos, el convertible 15 pesos y el mentolado a 20 pesos cada uno. Sé que son baratos”.
Fabio compraba todos los insumos en Stud, el local de Laprida y San Martín, pero la demanda ha crecido tanto que ya está en contacto con las tabacaleras de Trancas: “Tienen paradas las plantaciones de tabaco. En la semana voy a viajar. Hay tabaco en el norte y en el sur de la provincia. Cuando empecé a armar cigarros, la gente desconfiaba. Yo no sabía nada de cigarrillos y los armaba mal. Les regalaba un cigarro común y como les gustaba me pedían más. Con la venta de las primeras tandas, pude comprar unos tubitos de plástico que parecen cigarros y armo más rápido. Para los convertibles ya conseguí el filtro que viene con la pelotita”.
A 600 pesos el paquete de 20 cigarrillos, los pedidos a Fabio al 381 649-6343 se multiplican: “Los fines de semana me despierto a las 8 de la mañana, preparo los cigarrillos hasta las 13, paro un rato para almorzar y dormir una siesta y vuelvo a las 16 hasta las 23. Todos los sábados y domingos hago así. Y cuando yo duermo, mi señora es la que arma. Al tener una sola máquina, no paramos. Para esta noche tengo un pedido de 200 cigarros. Empecé con 40, luego con 100, después 150 y ahora 200: mi papá trabaja en la Municipalidad y lleva para sus compañeros y yo llevo a la zona del Hospital”.
“Mis amigos me cargan con el trabajo que empecé: ‘Vamos a dejar el Lucky por culpa de los tuyos’. Debe ser feo para ellos que no pueden dejar tener que gastar tanta plata en cigarrillos. Yo gasto 400 pesos y armo 200 cigarros. Además tengo los gastos de higiene: trabajo con guantes y barbijos, por supuesto. La crisis que generó la pandemia del coronavirus nos obligó cada día a inegeniarnos cómo hacer para afrontar cada día. Y ahora te tengo que dejar. No me alcanzan las manos. Y los pedidos no paran de llegar”.
Fabio, de hecho, no fuma. Es más: trabaja en el Hospital Néstor Kirchner en tareas de desinfección de lunes a viernes. Después de mucho esfuerzo, con sus ahorros, abrió un kiosco en la avenida Mate de Luna, pero el destino le jugó una mala pasada: “Lo abrí dos semanas antes de que se decretara la cuarentena. Pensaba abastecer a los vecinos y llegar con los envíos hasta el pie del cerro, pero todo se complicó”.
Pero Fabio encontró la salida a la crisis y con esfuerzo e ingenio halló la respuesta a una de las mayores demandas de los últimos días para quienes fuman. “Al principio vendía cigarrillos de marca y me sorprendía cómo los clientes pagaban cualquier precio por un cigarro. Ya nos habían dicho que hasta con aumentos los proveedores iban a dejar de circular. Así que compré el tabaco, el papel, los filtros y empecé a armarlos yo mismo. Cada unidad del común cuesta 10 pesos, el convertible 15 pesos y el mentolado a 20 pesos cada uno. Sé que son baratos”.
Fabio compraba todos los insumos en Stud, el local de Laprida y San Martín, pero la demanda ha crecido tanto que ya está en contacto con las tabacaleras de Trancas: “Tienen paradas las plantaciones de tabaco. En la semana voy a viajar. Hay tabaco en el norte y en el sur de la provincia. Cuando empecé a armar cigarros, la gente desconfiaba. Yo no sabía nada de cigarrillos y los armaba mal. Les regalaba un cigarro común y como les gustaba me pedían más. Con la venta de las primeras tandas, pude comprar unos tubitos de plástico que parecen cigarros y armo más rápido. Para los convertibles ya conseguí el filtro que viene con la pelotita”.
A 600 pesos el paquete de 20 cigarrillos, los pedidos a Fabio al 381 649-6343 se multiplican: “Los fines de semana me despierto a las 8 de la mañana, preparo los cigarrillos hasta las 13, paro un rato para almorzar y dormir una siesta y vuelvo a las 16 hasta las 23. Todos los sábados y domingos hago así. Y cuando yo duermo, mi señora es la que arma. Al tener una sola máquina, no paramos. Para esta noche tengo un pedido de 200 cigarros. Empecé con 40, luego con 100, después 150 y ahora 200: mi papá trabaja en la Municipalidad y lleva para sus compañeros y yo llevo a la zona del Hospital”.
“Mis amigos me cargan con el trabajo que empecé: ‘Vamos a dejar el Lucky por culpa de los tuyos’. Debe ser feo para ellos que no pueden dejar tener que gastar tanta plata en cigarrillos. Yo gasto 400 pesos y armo 200 cigarros. Además tengo los gastos de higiene: trabajo con guantes y barbijos, por supuesto. La crisis que generó la pandemia del coronavirus nos obligó cada día a inegeniarnos cómo hacer para afrontar cada día. Y ahora te tengo que dejar. No me alcanzan las manos. Y los pedidos no paran de llegar”.







