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La imagen que nadie quería ver de don Arias, el señor de las lapiceras

PANDEMIA

Las últimas noticias del vendedor ambulante de 82 años se habían conocido hace un mes, el 21 de marzo, cuando un joven solidario lo llevó en auto a su domicilio en Ciudadela.

Don Arias vende lapiceras y repasadores en cuarentena.





Dicen los carteles pegados en las puertas de roble de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Tucumán: 3 x 50, 8 x 100, 3 x 50, 8 x 100. Al lado, entre los carteles y las puertas cerradas del bar en alquiler que fue Lisandro y desde que cerró no da pie con bola, ahí está este martes 21 de abril Hugo Arias.


Es la imagen de la cuarentena que nadie quería ver, pero ahí está: sentado sobre las escalinatas de mármol, con dos bolsas ecológicas donde carga las lapiceras, los resaltadores, papeles, cosas que vende, cosas que muestra mientras los transeúntes pasan, algunos se frenan, le preguntan qué pasa, por qué está en la calle, y otros siguen.


La compra de un resaltador o una lapicera en estos tiempos es una excusa para acercarse a charlar: darle un barbijo, pedirle que se cuide, preguntarle qué pasa con sus hijos, por qué no trabajan ellos, por qué no salen a vender ellos lapiceras o resaltadores, porque se expone así un señor de 82 años, uno de los grupos de riesgo mayores al contagio de coronavirus.


Las últimas noticias de Don Arias habían sido exactamente hace un mes, el 21 de marzo, el segundo día de cuarentena. El señor que vive en Ciudadela ya había comenzado a sufrir la ausencia de gente en la calle y no había vendido nada. Se iba caminando a su casa de Lamadrid al 1600 desde 25 de Mayo al 400. Caminaba despacio ya por la 9 de Julio, frente al Palacio de Tribunales, cuando Nicolás se ofreció a llevarlo en auto.


Nicolás es un joven solidario tucumano que inició una campaña en Tucumán para juntar alimentos y una farmacia abrió una caja de donaciones a nombre de Don Arias y de Don Rojas, el señor de los cubanitos. Se recaudaron 16 mil pesos para cada uno.


Qué pasó con la plata es algo que Don Arias no sabe qué responder: levanta los hombros, y la peor sospecha invade a una señora de barbijo que le compra una promoción de resaltadores. “Si no salgo, no como”, explica Hugo Arias, en la calle, en pleno microcentro tucumano, a la vista de todos, vendiendo lapiceras en plena cuarentena, en la imagen que nadie quería ver.

Don Arias en uno de los bancos peatonales de la 25 de Mayo al 400, el jueves pasado a las 15.45.

Don Arias en las escalinatas, al lado de Derecho, este martes 21 de abril, a las 12.15.