Top

"Están vendiendo sus instrumentos": La dura realidad de los músicos tucumanos

Historias de acá

Luis “El Payo” Medina lleva 30 años arriba de los escenarios acompañando con su teclado a referentes de la música tropical como Don Carlos, El Facha Hugo Dante y Walter Olmos. Ahora, sin poder tocar, es uno de los artistas que no tienen cómo llevar el pan a la casa: “Uno ve una banda y no sabe toda la gente que está detrás”.

"El Payo" junto a Walter Olmos.





Los salones de fiestas, las pistas de cachengue en los boliches, los patios cerveceros, las fondas, los clubes de barrio, los predios de tierra apisonada donde las danzas levantan polvareda. En los templos mundanos de la música, hoy reina el silencio. Los que hace semanas atrás eran escenarios de alegría, ahora son paisajes de la más pesada desazón. En las casas, en las radios, en los ecos de los parlantes, la música sigue sonando ¿Y los músicos? No hay aplausos que alcancen para parar la olla cuando se vive de trajinar escenarios cada fin de semana. A eso lo sabe bien Luis Medina, mejor conocido en el ambiente de la cumbia como “El Payo”. Lo aprendió temprano, con apenas 14 años cuando empezó a ganarse el mango con su teclado. Con la pandemia como amenaza, el aislamiento obligatorio y la suspensión de los shows, el presente de los muchos que viven de la música en la provincia es desolador: “Hay compañeros que están vendiendo sus instrumentos, los están quemando y, lamentablemente, son herramientas de trabajo que después no vas a poder recuperar”. 

Cuesta imaginar escena más triste que aquella que relata Luis: el del artista obligado a vender su instrumento para poder alimentar a los suyos. ¿Y después qué? En el panorama no se avizora ninguna esperanza de mejoría. Son conscientes de que, una vez levantada la cuarentena, ellos serán los últimos en volver a sus rutinas laborales. Mientras, todo es incertidumbre en una industria sin chimeneas donde predomina la precarización y el trabajo en negro. Nada de esto imaginó “El Payo” Medina los días que precedieron al fin de semana que para él arrancaba el viernes 20 de marzo con un show en Catamarca con la banda de Romina Toledo, “La reina de la cumbia romántica”. Seguía con un festival en Tapia el sábado junto a la Diosa Salomé. Y culminaba ese domingo en Santiago del Estero con Maxi y los Elegidos. Pero no llegó a desenfundar el teclado, que todavía sigue guardado, porque desde ahí en adelante no hubo más espectáculos públicos ni música ni ingresos para él ni los demás músicos. 

“Esta situación nos afecta no sólo a los músicos, también a los que nos alquilan el sonido y las luces, los asistentes… Son muchas familias, uno ve una banda y no sabe toda la gente que está detrás, desde el que maneja la combi hasta el que arma el escenario”, dice sin ocultar su preocupación “El Payo” no sólo por él y el resto de sus colegas, sino por todos aquellos que se la rebuscan de alguna manera en el mundo de la música y del espectáculo. Estima que, detrás de cada banda, hay un promedio de ocho personas que dependen de los ingresos de los recitales. Por su parte, se la rebusca por estos días grabando pistas para karaoke y arreglos para discos en el estudio de su casa en Lastenia. Sabe que eso es pan para hoy y hambre para mañana. Y muchos otros músicos ni siquiera esa posibilidad tienen: “Estoy haciendo grabaciones, pero no es lo fuerte en la música, es un trabajo secundario. A la larga se va a complicar para eso también. Al estar parados, dentro de un mes no te van a pedir nada porque tampoco van a tener recursos para seguir invirtiendo”. 


Según explica, la mayor parte de los músicos viven de lo que obtienen en los shows. En un buen fin de semana de trabajo, si tiene varios espectáculos previstos en la agenda, Luis se puede llevar alrededor de $5000 a su casa. Pero eso depende de una serie de factores que, si no se dan, el músico no cobra: “Hasta que no lo hacés, no lo contás. En este trabajo es así,  hasta que no te bajás del escenario no tenés la plata. Se te puede romper la combi en el camino y, si no llegás, no cobrás. O te llueve, la gente no va al baile y no te pagan. En esto no hay nada seguro”. Entre esas inseguridades de las que habla el tecladista se encuentran el trabajo en negro, ya que la mayoría de los músicos tucumanos no tiene ni monotributo. De ahí la dificultad que afrontan ahora muchos de ellos, ya que ni siquiera pueden acceder al bono de $10.000 del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) dispuesto por el gobierno nacional. Además, a los músicos que se encuentran inscriptos en SADAIC la institución les liquida un porcentaje cada seis meses. Sin shows en vivo, más temprano que tarde, tampoco tendrán ese ingreso económico.  

 Otro de los flagelos de la industria es el mal pago y la tiranía de los empresarios del rubro en un mercado cada vez más restringido cuando se habla del caso particular de la música tropical: “El trabajo ha decaído mucho porque ya no hay tantos lugares bailables como en años anteriores. Además, hay mal manejo de parte de los empresarios que buscan abaratar costos y llevan artistas para que hagan presencias o que cantan con pista. Sino, presionan a las bandas de acá para tocar por dos mangos o directamente te usan, te dicen que toqués para que te conozcan y no te pagan nada”. Los músicos son los que ponen la fiesta, pero no tienen mucho que festejar. 

Luis Medina aprendió desde muy pequeño a hacer valer su trabajo cuando, con apenas 14 años, se convirtió en el tecladista de Gipsy “El bomboncito tucumano”, la artista que arrancó a principios de la década del noventa y tuvo una trayectoria efímera en la movida tropical. Ese fue el comienzo de una carrera como músico profesional que lo llevaría a acompañar en el escenario a grandes nombres de la edad dorada de la cumbia como El maestro Avelino, Don Carlos, Vielmetti y su combo, el Facha Hugo Dante, La Banda Continúa y Walter Olmos, entre otros. También incursionó en otros géneros como el folclore de la mano de Oscar Godoy. Además de haber tenido su propia banda de clásicos del rock nacional, “The Voices”, que la rompía en la época en que los pubs habían copado Barrio Norte con lugares emblemáticos como Old Port, Café Laprida o La Correntina. 

Hace muchos años atrás, cuando “El Payo” empezó a volverse una cara reconocida dentro de la movida tropical, una parte importante de los ingresos provenían de los contratos de las discográficas y de la venta de los discos. Hoy que tiene 43 años y lleva casi treinta junto a la música, el negocio ya no pasa por la industria discográfica. En la cumbia, los artistas que apuestan a sacar sus discos terminan gastando un dinero que muy difícilmente consigan recuperar. Sin embargo, un par de décadas atrás, con la banda de Walter Olmos alcanzaron el doble disco de platino con casi medio millón de copias del primer álbum “A pura sangre”

“En todos los barrios sonaba, si no tenían el CD original, tenían el truco. Me di cuenta de entrada que iba a ser un golazo como se dice, en la Roisen de cada diez temas que pedían, ocho eran de Walter”, recuerda Luis Medina lo que fue el punto más alto de su trayectoria profesional. En cantante tuvo una carrera tan breve como meteórica. Apenas meses después de la trágica muerte de Rodrigo Bueno, muchos vieron en el cuartetero catamarqueño a un posible sucesor de su legado. Mucho tuvo que ver esta provincia y el productor Rubén Campero en el comienzo de ese fenómeno: “A nivel nacional, a Tucumán no se la cuenta como parte de su historia. Su comienzo fue acá, Walter se vino solo de Catamarca y sin un mango”. Todavía lo recuerda bien Luis, el primer show del cantante fue el 16 de agosto de 2001 en Leales y, como la banda recién tenía sólo cinco temas, los hicieron tocar dos veces esa noche. El encanto del artista con el público fue instantáneo: “Fue un fenómeno, fue todo rápido, tocábamos en todas partes incluso antes de tener el disco”. 


Hoy Luis recuerda aquellas épocas como de intenso trabajo. Los músicos de la banda ensayaban desde la mañana hasta la noche. Tenían shows en distintos puntos del país y varios por día, los invitaban a tocar en televisión y no paraban de sonar en la radio. Pero esa vorágine no duró demasiado. En mayo de 2001, Walter cambió a Campero por José Luis Gozalo, el que había sido manager de Rodrigo. Como la banda ya estaba armada y tenían un disco ya listo para salir, decidieron buscar un cantante y seguir como La banda continúa. En septiembre de 2002, Walter Olmos murió tras dispararse con un arma: “Él era muy bueno, pero dependía mucho de con quien se juntara. Cuando viajaba con nosotros de gira se mantenía tranquilo. Lamentablemente, había gente que lo llevaba por otros caminos y cuando empezó con los vicios se volvió inmanejable”.

Ahora esos son sólo recuerdos y nadie vive de recuerdos cuando tiene la necesidad de poner un pan en la mesa para su familia. Luis ya probó las mieles del éxito y sabe que una canción puede lanzar al estrellato a un artista. Pero también entiende que esa racha es fugaz y que la única forma de capitalizarla es arriba del escenario. Con los reflectores apagados y los instrumentos desenchufados, se hace difícil pensar en un futuro. Desde la Asociación Civil de Managers Musicales Argentinos (ACMMA) se difundió hace unos días un video del que participan músicos como Miss Bolivia, Andrés Ciro, Soledad Pastorutti, Gustavo Santaolalla, Cazzu, Lito Vitale y Ricardo Mollo, entre otros. También aparecen productores, iluminadores, sonidistas y asistentes que advierten que la pandemia ha puesto a la industria de la música al borde del colapso. En Tucumán, la situación no es distinta del resto del país y, de acuerdo a la visión de Luis, se agrava porque no hay un gremio que los proteja ni un registro de la cantidad de artistas que están atravesando esta situación: “Creo que hay que hacer una convocatoria y organizarnos para solicitar algún tipo de asistencia para los compañeros que están empezando a vender sus equipos. Yo los entiendo, porque el momento es muy difícil. Si tienen hijos a quienes darles de comer, no lo van a pensar”. 

Mirá el video de los referentes de la industria de la música: