"Es lo mejor que vi en 60 años la luz esa": desde la oscuridad del Teatro de La Paz
EN CARNE PROPIA
El relato de Daniel, uno de los heridos que dejó el derrumbe que pudo terminar en tragedia. “Volví a pasar, quise sacar una foto y me dio miedo”, cuenta quien vivió para contarlo.
Restos de techo del Teatro de La Paz en la vereda de en frente, luego de la intervención de fuerzas de rescate.
Colgado de las axilas, sobre los respaldos de dos sillas que quedaron de pie, una de ellas haciendo presión en las costillas del costado derecho del torso. Arrodillado, cabeza gacha y con los brazos extendidos. Como crucificado. Así permaneció Daniel durante varios minutos debajo de los restos del techo del Teatro de La Paz, envuelto en oscuridad y casi sin poder respirar por el polvo que emanaba de aquellas ruinas del techo que ahora cubría el piso del bar-café que funciona hace varias décadas en el hall del edificio.
Daniel es Villalba. Tiene 69 años y es periodista, de los viejos, de esos que prefieren agarrar el tubo y patear la calle libretita y grabador en mano. Hoy, a poco más de una semana del derrumbe que no terminó en tragedia de milagro, Daniel lo piensa dos veces antes de apoyar un pie en la vereda. Todavía no puede sacarse de la mente ese momento desesperante que vivió el 4 de noviembre a la siesta, mientras esperaba una suprema con arroz junto a su colega y amigo Miguel Coronel, los únicos que resultaron heridos en el siniestro.
"Ahora miro abajo y arriba cada vez que paso por un edificio viejo", dice Daniel, todo moreteado, desde su hogar en barrio Sur.
El periodista no culpa al patrimonio histórico de la ciudad de lo que le pasó, sino a la falta de controles que asegura son casi nulos. Daniel todavía no puede circular normalmente por las calles del centro tucumano para reportear o producir el contenido periodístico para programas de LV7 o Del Plata. Por el contrario, prefiere resguardarse entre las cuatro paredes de su hogar, y mejor si es acompañado por alguno de sus tres hijos o de sus 12 nietos.
De ese día, Daniel olvidó todo lo que pasó antes del derrumbe. Cree que -según su rutina diaria- anduvo por el Concejo Deliberante y por alguna de las radios antes mencionadas, haciendo llamadas para coordinar entrevistas como la que logró con Alberto Fernández, semanas antes de los comicios que lo ungieron como el nuevo presidente argentino. No está del todo seguro, pero lo que sí recuerda con claridad son las bocanadas profundas que daba desesperadamente para poder respirar debajo de las maderas y los hierros del techo venido abajo, los gritos de auxilio que parecían mudos, y los golpes y esfuerzo físico para salir de entre las ruinas y la oscuridad, acciones que hoy su cuerpo se encarga de recordarle cada tanto con un dolor intenso y filoso, como una aguja que atraviesa la piel y permanece fija.

El moretón más grande que le quedó a Daniel, en costilla derecha.-
"Lo que me acuerdo de ese día, es que estaba sentado y me han servido la gaseosa y antes que trajeran el pedido se fue todo a la mierda", hace memoria Villalba.
Se sintieron dos ruidos antes de que el techo se volviera suelo. La primera vez, Daniel -sentado de espaldas a la calle- y Miguel -perpendicular a la salida- miraron hacia arriba y consultaron al encargado, quien les contestó algo relacionado a un supuesto arreglo de canaletas. Las 13:57 es la última hora que recuerda Daniel, cuando miró el celular por un video musical que le envió uno de sus hijos. Apenas un momento después, a punto de enviar una foto por WhatsApp, el segundo crujido vino con pedazos de madera y metal pesados cayendo sobre sus cabezas.
Daniel pegó un salto en dirección a la barra del café-bar y algo pesado cayó sobre sus espaldas, atorándolo entre dos sillas, debajo de las ruinas.
"Se empezó a cerrar la única lucecita que veía al frente mío, como a dos metros, y de repente quedó todo oscuro", recuerda Daniel, que comenzó a gritar por ayuda.
Derrumbe en el Teatro de la Paz #Tucumán pic.twitter.com/k5Ug2HgW5l
— ?αυ?ι?α???? (@TrejoRadio) November 4, 2019
El periodista no perdió ni por un segundo la conciencia. En plena oscuridad, intentó a las piñas sacarse de encima el peso que lo oprimía mientras pedía ayuda a gritos. "¡Sáquenme, por favor!", gritaba y escuchaba algunas voces que preguntaban por su ubicación. "¡Por favor, ayuda!", insistía mientras le pasaba la vida por delante y restos de techo seguían impactando sobre sus espaldas. Luego de varios minutos de forcejear con las ruinas, Daniel pudo ver un débil haz de luz. Juntó fuerza y se liberó como pudo de las sillas que lo mantenían casi inmóvil. En ese instante, alguien logró despejar la zona en la que se encontraba atrapado. Entonces, estiró una de sus manos para que lo extrajeran del montón de escombros.
"Me agarré con una esperanza; fue lo más lindo que vi en los últimos 60 años la luz esa", describe Daniel, que vivió para contarla también como periodista.
Este martes, a ocho días del derrumbe, Villalba se animó a bajar teclas y narrar parte de lo vivido en un artículo titulado “La desidia de los controles me mandó bajo los escombros”. Lo publicó en su portal web Sucesos Tucumanos, que según los datos que maneja ya supera las 50.000 visitas mensuales, un logro que atribuye al hacer “periodismo más serio y menos manoseado”.

Daniel Villalba, periodista.-
Ya liberado de los restos del techo, Daniel se reencontró con su colega y amigo Miguel, quien alcanzó a saltar en dirección a la calle, evitando ser atrapado por los restos del techo. Tenía una cortada en la cabeza y algunos golpes, pero nada más. La peor parte se la llevó quien protagoniza este relato, con moretones en diversos sectores del torso, brazos y manos por la lucha que libró contra los escombros.
El periodista de Sucesos Tucumanos y uno de ls fundadores del sitio Tucumán Hoy, uno de los primeros portales digitales de la provincia, destaca la solidaridad del Ministerio de Salud Pública de la Provincia, que no lo dejó ni un minuto solo hasta que le dieron el alta, en el Hospital Padilla.
El derrumbe del techo del Teatro de La Paz no es casual para la arquitecta Patricia Acosta, que al igual que Daniel Villalba alega una falta de control por parte de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Acosta va más allá y esboza una hipótesis a la que denomina como “La estrategia de la ruina”. “Se trata de abandonar los edificios para forzar la decisión de la demolición ya es algo cotidiano, lo hace el Estado tanto como los privados. El caso testigo por excelencia de este accionar es el recientemente demolido ex – Banco Francés, que tras un largo proceso de deterioro hoy es un solar vacío en un lugar privilegiado del área central, afirma Acosta en un artículo publicado esta semana en eltucumano.com.
"Veo las fotos del derrumbe y está todo bajito, pero había mucho más", dice sobre las publicaciones que pude ver mucho después en las redes sociales. "No quiero ver más nada", agrega.
Ocho días después del siniestro, Daniel volvió a pasar por el frente del teatro en el que de adolescente iba a leer y debatir libros junto a sus amigos. A donde un año después de que Racing -club de sus amores- saliera campeón, en 1966, volvió para sentarse a leer las crónicas y fotos de la hazaña publicadas en diario La Gaceta. Daniel pasó, pero miró de reojo. Tuvo intenciones de sacar de su bolsillo el celular para tomar una foto, pero no encontró valor. Daniel aún teme. Los recuerdos de oscuridad y respiración cortada aún están frescos.








