La Máquina de Zielinski y otra lección táctica
ANÁLISIS
El Ruso volvió a plantear el partido a la perfección, Atlético quedó bien parado de cara a la revancha y los hinchas quieren que su entrenador se quede para siempre: “El Ruso no se va”.
Foto: Job Monjes.
Cómo van a querer los hinchas de Atlético que Ricardo Zielinski se vaya, si es el entrenador que posicionó al equipo entre los mejores de Argentina, le dio una identidad de juego y, con mucho sacrificio y trabajo, se ganó un lugar en el corazón de los hinchas que esta noche, ante River, corearon su nombre y le pidieron que se quede, por primera vez.
El Ruso planteó a la perfección, como contra Talleres, el partido ante River: le achicó la cancha, dejando nomás de cincuenta metros entre el último defensor y el delantero más adelantado; presionó casi constantemente, no le dio espacios para que los creativos se luzcan y cerró la última línea para no sufrir ninguna filtración.
La línea defensiva tuvo una soberbia actuación que fue de menos a más. En los primeros minutos se los vio un poco dubitativos a Franco Sbuttoni y Andrés Lamas, producto del poco rodaje juntos que tuvieron, pero eso fue un instante que pasó rápido y los centrales entendieron cuál era su juego: firmeza por arriba y por abajo, cortar en los momentos justos y no complicarse, y lo cumplieron a la perfección. Los dos centrales que menos jugaron en el campeonato tuvieron una noche fantástica, demostrando que están al pie del cañón cuando el técnico los necesita.
Los dos laterales también tuvieron lo suyo. José San Román no la pasó bien en el primer tiempo con las constantes subidas de Fabricio Angilieri, y solo no podía. En el complemento corrigió tuyo porque contó con más colaboración de sus compañeros y se notó. No lo volvieron a pasar. La tarea de Mathías Abero también es destacable. El defensor, que tan criticado fue a lo largo de la temporada, jugó un partidazo, donde nunca se vio desbordado, no le ganaron las espaldas y ganó siempre en el mano a mano.
Como contra Talleres, hoy volvió a jugar la dupla de volantes centrales que más se entiende en Atlético. Nery Leyes fue una muralla, cubriendo los espacios y cortando al piso y limpio. Además, el volante supo darle el dinamismo necesario para que los creativos hagan lo suyo. Lo de Rodrigo Aliendro volvió a ser monumental, enorme. Luchó, quitó, jugó, hizo jugar. Demostrando que fue el más regular de la temporada y porqué es cada vez más adorado por los hinchas.
Gervasio Núñez sigue sacrificando su juego por colaborar con la defensa, y más hoy en un partido que se lo necesitaba sabiendo de las constantes subidas de los laterales del Millonario. Asimismo, David Barbona demostró que está en un gran nivel, seguro manejando los hilos del ataque y sólido a la hora de colaborar con la defensa.
El trabajo de los delanteros es cada vez más supremo. Tanto Leandro Díaz como Javier Toledo son una máquina constante de presionar y de no dar ninguna pelota por perdida. Saben que en algún momento van a contar con una situación, y no la tienen que desperdiciar. Toledo suma cinco gritos en tres partidos y desde que se sacó la mufa (en la ida ante Talleres), su rendimiento viene en levantada y eso se nota.
En estos casi dos años que lleva Ricardo Zielinski en Atlético, el equipo pasó de ser uno que peleaba el descenso a uno que ingresa a copas, en uno que era el “equipito del interior” a uno respetado y temido por todos, porque este Atlético puede perder, pero siempre se las va a complicar a todos. Y la gente del Decano entendió eso, lo que generó el Ruso, y no quiere que se vaya. Quieren que se quede para siempre.
El Ruso planteó a la perfección, como contra Talleres, el partido ante River: le achicó la cancha, dejando nomás de cincuenta metros entre el último defensor y el delantero más adelantado; presionó casi constantemente, no le dio espacios para que los creativos se luzcan y cerró la última línea para no sufrir ninguna filtración.
La línea defensiva tuvo una soberbia actuación que fue de menos a más. En los primeros minutos se los vio un poco dubitativos a Franco Sbuttoni y Andrés Lamas, producto del poco rodaje juntos que tuvieron, pero eso fue un instante que pasó rápido y los centrales entendieron cuál era su juego: firmeza por arriba y por abajo, cortar en los momentos justos y no complicarse, y lo cumplieron a la perfección. Los dos centrales que menos jugaron en el campeonato tuvieron una noche fantástica, demostrando que están al pie del cañón cuando el técnico los necesita.
Los dos laterales también tuvieron lo suyo. José San Román no la pasó bien en el primer tiempo con las constantes subidas de Fabricio Angilieri, y solo no podía. En el complemento corrigió tuyo porque contó con más colaboración de sus compañeros y se notó. No lo volvieron a pasar. La tarea de Mathías Abero también es destacable. El defensor, que tan criticado fue a lo largo de la temporada, jugó un partidazo, donde nunca se vio desbordado, no le ganaron las espaldas y ganó siempre en el mano a mano.
Como contra Talleres, hoy volvió a jugar la dupla de volantes centrales que más se entiende en Atlético. Nery Leyes fue una muralla, cubriendo los espacios y cortando al piso y limpio. Además, el volante supo darle el dinamismo necesario para que los creativos hagan lo suyo. Lo de Rodrigo Aliendro volvió a ser monumental, enorme. Luchó, quitó, jugó, hizo jugar. Demostrando que fue el más regular de la temporada y porqué es cada vez más adorado por los hinchas.
Gervasio Núñez sigue sacrificando su juego por colaborar con la defensa, y más hoy en un partido que se lo necesitaba sabiendo de las constantes subidas de los laterales del Millonario. Asimismo, David Barbona demostró que está en un gran nivel, seguro manejando los hilos del ataque y sólido a la hora de colaborar con la defensa.
El trabajo de los delanteros es cada vez más supremo. Tanto Leandro Díaz como Javier Toledo son una máquina constante de presionar y de no dar ninguna pelota por perdida. Saben que en algún momento van a contar con una situación, y no la tienen que desperdiciar. Toledo suma cinco gritos en tres partidos y desde que se sacó la mufa (en la ida ante Talleres), su rendimiento viene en levantada y eso se nota.
En estos casi dos años que lleva Ricardo Zielinski en Atlético, el equipo pasó de ser uno que peleaba el descenso a uno que ingresa a copas, en uno que era el “equipito del interior” a uno respetado y temido por todos, porque este Atlético puede perder, pero siempre se las va a complicar a todos. Y la gente del Decano entendió eso, lo que generó el Ruso, y no quiere que se vaya. Quieren que se quede para siempre.







