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"¡Qué me van a hablar de amor!": la segunda carta el hincha decano que escribe desde Colombia

Hinchas libertadores

A horas del partido más importante de la historia del Decano, un hincha cuenta desde el corazón cómo se vive la previa en Medellín: El banderazo, un fulbito en las comunas y el recuerdo a los que no están, en las palabras del Pila Monteros.





Queridos Decanos:

Faltan unas horas para el banderazo, acabo de comprar la entrada y la panza empieza a picar: falta muy poco para el encuentro con esos otros locos que se vinieron hasta acá, a Medellín en agosto para alentar al decano en el partido más importante de su historia. Entonces me voy a vivir la historia.

Todo comienza con la Policía corriéndonos del primer punto de encuentro. Nos trasladamos a Parque Poblado. Lugar vestido de celeste y blanco. No puedo explicar lo que es caminar y escuchar entre los redoblantes y los himnos decanos, el tucumano básico que nos caracteriza. Piel de gallina a más no poder. Me acuerdo y quiero gritar, llorar y reírme a la vez. Se me cruza todo el tiempo mi viejo, que me lo encontré hace poco en un sueño y lo único que atiné a decirle es que estábamos en los octavos de la Copa Libertadores.


Le entregué el abrazo más fuerte de mi vida. No hay palabras para describir este momento, imagino a cada uno de ustedes pensando en ese familiar o amigo tan cercano. Se me cruza también mi hermano Ramiro que no pudo venir conmigo, pero es como si estuviera aquí. Mi hermana, mi vieja, mi novia, que me hacen el aguante con todo y en todas. Hoy es el partido, faltan unas pocas horas y la panza ya es nudo. Las lágrimas empiezan a correr por la cara, hago el intento de disfrutar este momento único, mágico. Espero que mi relato los haga sentir cerca porque esa es la intención. Abrazo grande a todo el pueblo decano, el gigante que estaba dormido. El más grande del Norte preparado para seguir haciendo historia.

Hoy a la cancha, ayer pude ver a cada vez más hinchas decanos. Te los cruzás por la calle como si estuvieras por la 25, haciéndote dimensionar cada vez con más intensidad lo histórico de este momento. La ciudad es una locura y eso sirve para calmar la ansiedad, pero mis emociones están potenciadas y mi deseo de compartirlo con los míos es inmenso.


Aprovecho para contarles un poco del lugar, me parece piola poder contextualizar la experiencia. Estoy en modo gasolero porque el viaje fue pensado para venir a ver el partido, no para darme la gran vida, pero alcanza para comerme un crepe a la pasada o tomarme el famoso jugo de lulo (que para mi tiene gusto a níspero). Ayer fuimos a la comuna 13, un lugar marcado por la pobreza y sacudido por la violencia. Cuando llegamos la guía nos hizo una introducción histórica: 38 barrios que se formaron hace unos 50 años por inmigración campesina, producto de los problemas que tuvieron con las FARC.Gente humilde y trabajadora que quedó en el medio de la disputa por el poder económico del narcotráfico entre las fuerzas de izquierda y los paramilitares bancados por el Estado, que en el 2002 hicieron una operación llamada Orión, en la que las bajas fueron más que nada civiles y los números oficiales no son muy precisos.

Antes de empezar el recorrido, Evelyn (la guía) nos hizo un pedido: "por favor no les entreguen monedas a los niños que vienen a pedir, porque notamos que están dejando de estudiar". Me acordé del trabajo que intentamos hacer allá para que los pibes estudien en lugar de trabajar, y lo complejo que resulta a veces, dentro de sus realidades, ser niñxs en pleno ejercicio de sus derechos.

Las primeras escaleras nos mostraron los más de 200 grafittis que expresan lo que es vivir ahí. La comuna se ve como una favela, adentro tiene canchitas de fútbol (donde hicimos un picadito contra los locales) básquet y una biblioteca pública con acceso a internet. Hay 6 tramos de escaleras mecánicas que organizan el tráfico de residentes y los 1000 turistas diarios.

Un grupo de changos nos recibió bailando break dance. Son parte de una escuela que tiene como objetivo alejar a los más chicos de la calle a través del baile, la música de hip hop y el rap. En el medio hay un bar con una galería de arte urbano que pertenece a uno de los graffitero del lugar.

Durante el paseo la gente nos trató increíblemente, los hinchas de otros clubes nos gritaban ¡Vamos Tucumán! Y no, no podemos creerlo, estamos en Colombia haciendo turismo gracias a Atlético Tucumán, el Gigante del Norte.

Y cuando llegó el Banderazo: no sé cómo decírselos, impresionante. En la previa, la compra de la entrada y el cruzarme con otros hinchas, me hicieron entrar en un estado de bruxismo permanente mezclado con una alegría extrema. Las palabras exactas de mis sensaciones no las puedo escribir, pero sería algo así como: tengo una ansiedad del cien mil complete la frase.



Nos fuimos a tomar un ron para arrancar con el clima festivo y de ahí partimos al punto de encuentro, que era justo a la vuelta del hostel donde estoy parando. MIL- QUINIENTOS- TUCUMANOS -DEMENTES estaban ahí reunidos. En agosto. En Colombia. ¡Qué me van a hablar de amor!

Un abrazo de Corazón Decano,

El Pila Monteros.