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Historias tucumanas de una inflación destructiva: así nos volvemos más pobres

economia real

“Antes venía una familia de cuatro, el papá, la mamá y los hijos, y pedían cuatro sánguches, uno para cada uno. Ahora cuando vienen pide dos; comen la mitad cada uno”. Pequeños comerciantes cuentan cómo los aumentos de los precios cambiaron la vida de sus clientes. El nuevo informe del INDEC.





Hace once años, doña Mari inauguró una sanguchería en el frente de su casa. Un local bien de barrio, en Villa Mariano Moreno. Desde entonces recibe a los vecinos de las zonas periféricas, quienes, los viernes o los sábados a la noche, salen en familia a comer un sánguche de milanesa.

“Antes venía una familia de cuatro, el papá, la mamá y los hijos, y pedían cuatro sánguches, uno para cada uno. Ahora cuando vienen pide dos; comen la mitad cada uno”, cuenta Mari, en la tarde del viernes, cuando una de sus hijas la ayuda a limpiar el piso para que esté brillando cuando lleguen los clientes.

También dice que en el último tiempo notó que hay familias donde el papá y la mamá comen la milanesa y los chicos, papas fritas. “Es que ya no se puede. No alcanza la plata. Y la gente se acomoda como puede. Pensé tres veces antes de subir el sánguche de milanesa de $60 a $65, pero todo subió”.

Los números oficiales del Indec, publicados hoy, afirman que la inflación de junio fue la más alta de los últimos dos años: 3,7%.  Y que los principales aumentos ocurrieron en los rubros de alimento y bebida. Y en los locales tucumanos se sienten, quizás, un poco más.

En otra punta de la provincia, en la carnicería El Árabe, de Villa Alem, el carnicero Fabián Ravi dice que, antes, en los feriados se vendía mucho. “Los feriados eran días de mayor consumo. La gente del barrio compraba para un asadito, ahora no. Un guisito y con suerte”.

“La gente viene con la misma plata pero le alcanza para menos. En mi carnicería se consume menos ahora. Si un blando costaba $100 pesos, hasta hace poco. Y ahora ya está $130, $140. Entonces ¿qué pasa? Siguen viniendo con $100, pero llevan menos carne”.

Y como sus ventas bajaron y la luz subió él también tuvo que acomodarse para poder llegar a fin de mes: “Ahora nos manejamos con el freezer, la cámara es mucho más grande y consume mucha energía. Tenemos que pedir mucha menos carme, pero más seguido”.

En los kioscos y almacenes también hubo cambios: surgieron segundas marcas o productos suplantados por otros para alcanzar el bolillo de los tucumanos.

En el drugstore El Sauce 4, de Yerba Buena,  en vez de comprar una barrita de cereal, ahora llevan turrón de maní. También los famosos huevitos Kinder, fueron suplantados por una golosina que trae también trae un juguetito pero que no tiene marca, según cuenta su propietario Diego Gali.  

“Un billete de $10 no vale nada. Yo busqué la forma de que acá algo se puedan llevar por esa plata. Así le gane muy poquito, yo apunto a la rotación de los productos. El alfajor Grandote que antes era barato, ahora está en los caros. Pero ahora surgió otra marca que lo suplanta. Y la gente pide esa”.

El negocio de Gali está ubicado frente al hospital Carrillo, cerca de la vía vieja, la zona más   popular de Yerba Buena. Aunque también tiene clientes de los countries. “El otro día vino un vendedor y me dijo que tenías unas hojas de afeitar Gillette a buen precio. Le dije que me trajera unas cuantas. Y cuando vino vi que eran truchas. Parecía Gillette, pero decía otra cosa. Me hizo acordar a cuando se vendían las zapatillas truchas, imitación de Adidas. A esos tiempos”.