El Turco Dumit, el inolvidable hincha de las 10.000 populares para el Santo Campeón
DEJÓ TODO
Diez mil hinchas viajaron en busca de la gloria, pero a don Natalio Mirkin se le quedó el auto en la ruta con toda la recaudación, los chaqueños no dejaban entrar a los Cirujas hasta que apareció Edmundo Dumit, el héroe de un viaje inolvidable.
Esta es la historia de un viaje, la de un viaje que forma parte del camino grande de San Martín, el que traza la ruta en la historia del Santo, el mismo que goleó a Boca en la Bombonera, el que dio la vuelta en Chaco, y en Almirante Brown. "San Martín, sos mi vida", juraba el conductor de este viaje, antes, mucho antes de que existiera la canción que cuenta la historia, una historia que pone Primera y arranca a bordo de un Peugeot 505 gris con Edmundo Dumit al volante, El Turco, enfermo de San Martín y principal protagonista de lo que pasó a continuación.
"Jugábamos la final en la cancha de Chaco For Ever. La cábala era viajar con mis primos, los Getar, en el colectivo de los hinchas. Pero mi viejo no quería saber nada: 'Vamos en el auto, hagamos noche en Corrientes, cenamos tranquilos y cruzamos a Chaco al día siguiente', nos dijo. Pero cuando nos dijo 'Noche en Corrientes', nosotros y mis primos, todos turcos, todos timberos, sabíamos que íbamos a parar derecho al Casino de ahí", relata Esteban Dumit, el segundo hijo del magnánimo que con 16 años fue testigo fiel de la noche larga de punto y banca que cambió todo.
"Conocedor de mi viejo y mis primos cuando están en el casino, yo separo una reserva para la cancha, el hotel y para comer por lo menos un apretao de jamón y queso. Comienza la noche de casino y desde afuera, mientras fumaba a escondidas de mi viejo, los veía a todos despeinados y con las caras largas: en un par de manos los vaciaron, secos estaban. Mi viejo sabía que yo tenía la reserva: unos 10 mil pesos de ahora. Uno a uno fueron saliendo mis primos: 'Cheto, te llama tu viejo'. Y yo no iba. Hasta que salió mi viejo y me pidió la reserva. '¿Que no confiás en mí?, me dijo y me dio un abrazo. Era imposible decirle que no. Ese gordo te abrazaba y te sacaba la vida", recuerda.
Caliente y pateando piedras, Esteban le entregó la reserva de dinero para la cancha y se fue al hotel. Unas horas después volvieron todos al hotel: "Me despertaron tirándome los fajos de billetes a la cama. Habían vaciado al casino, 30 bancas seguidas, y un par de bombas en la ruleta también", recuerda sobre la noche mágica de Edmundo, devoto coronador de la tercera docena y por entonces directivo del club presidido por don Natalio Mirkin, quien mientras los Dumit y los Getar hacían saltar la banca, viajaba a Chaco en auto con el dinero de la recaudación de las 10 mil entradas que los hinchas habían agotado en busca del primer ascenso a Primera de la mano de Nelson Chabay.
A la mañana siguiente del casino, los bolsos con el dinero del pozo ganado fueron al baúl del Peugeot 505. Cuando Dumit padre e hijo bajaron del auto, empezaron a llegar los cientos de colectivos con los hinchas. El que no llegaba era Mirkin, el presidente. "Se le había quedado el auto en la ruta con toda la recaudación. Los dirigentes de Chaco no querían abrir la puerta del estadio. Imaginate cómo estaban los nenes. Ya era la hora del partido y no había forma: 'Si no aparece la plata, no entran', le dijeron a mi viejo. Los hinchas estaban a punto de hacer una poblada, iban a prender fuego todo. San Martín jugaba la final por el ascenso a Primera y no querían abrir las puertas".
Era 31 de julio de 1988, era una marea de camisetas y banderas rojas y blancas como pocas veces se había visto, eran diez mil hinchas con las populares en la mano, era un presidente varado en la ruta con la plata, eran chaqueños empecinados en que aparezca la recaudación, era la voz grave de Edmundo Dumit, la voz de un hombre corpulento, espléndido con los amigos, generoso como él solo, de esos tipos de antes que discutían con pasión las cosas, y pagaba el café para todos, la cena para todos, el casino para todos y, ahora, pagaba las entradas para todos: "Pagó las entradas de todos los hinchas con la plata que había ganado en el casino. Me dijo que fuera con mi primo a buscar los bolsos con el dinero y se lo dio a los dirigentes de Chaco para que los hinchas de San Martín no se queden afuera. Todos, los que tenían y no tenían entrada, todos entramos a la popular ese día y vimos campeón a San Martín gracias al gesto de mi viejo".
Cierta calentura por el gesto enorme de solidaridad le duraba a Esteban esa tarde. "Hasta el gol del Capo Noriega no podía entender lo que había hecho mi viejo. Eran 10 mil entradas, era mucha plata. Mi viejo se dio cuenta y cuando me lo explicó, entendí todo: '¡Es San Martín! ¡Es la final! ¡Hacé de cuenta que no ganamos nada en el casino! ¡Ahora mirá el partido!'", recuerda. Pero no se veía el partido, no se veía nada: "Yo estaba preocupado por mi viejo. Estábamos todos apretados cerca del arco de Chaco en el primer tiempo. No vimos el primer gol. Supimos que era gol cuando el Capo Noriega se quedó quieto y levantó la mano en el festejo".
Durante el entretiempo, Esteban y los más changos salían de la cancha e iban a las casas de las vecinas chaqueñas a llenar botellas de agua para que tomen sus padres, los más grandes que habían llevado a sus hijos al viaje de sus vidas. Cuando Esteban y los más changos volvieron con las botellas de agua, Jorge López dejaba al arquero en el camino y marcaba el 2 a 0 para liquidar la serie contra Chaco For Ever, para convertirse en el primer equipo en ascender a Primera desde la Liga, para ganar el dodecagonal sin poner un pie en el Nacional B y para ese abrazo de Esteban con su viejo Edmundo, El Turco, ese abrazo inolvidable antes de que todos los hinchas invadieran el campo de juego con el alambrado ya desarmado para dar la vuelta olímpica. "Mientras volvíamos a Tucumán para festejar en la plaza Independencia, ni antes, ni durante ni después de ese viaje volvimos a hablar de la plata del casino. Nunca más se tocó el tema. Es imborrable para mí, es el máximo que recuerdo que tengo con mi viejo que ya no está, que nos dejó en 2005, que nos dejó esto que sentimos por San Martín, y lo que les dejó a los hinchas que entraron a la cancha ese día del ascenso. De él, seguro, tampoco se olvidan".

El gran Turco Dumit y su hijo Leonardo: "Esta foto parece un día de cancha, pero no lo es. Vivía con el gorrito puesto de San Martín".







