Chacapiedras: la esquina de los mil porrones por noche
Entre 85 y 110 cajones de cerveza se consume en los seis bares principales de un lugar ya clásico de los tucumanos.
La noche más fría del año aún no ha sucedido, pero hay quien apuesta que cuando llegue, así sea en la medianoche de un martes de temperatura bajo cero, en la esquina de Chacabuco y Piedras habrá alguien tomando una cerveza helada.
Una cerveza, por lo menos, siempre y cuando no sea es un viernes. Porque hoy que es viernes -y ya está entrado el otoño- entre los seis negocios que le dan cuerpo a esta galería del porrón, venderán entre 85 y 110 cajones, es decir: entre 1.000 y 1.300 cervezas quedarán vacías (o se vaciarán, si se lo pronuncia en el exquisito tucumano básico).
Son las cuatro de la tarde y el camión repartidor acaba de estacionarse en esta esquina, donde desde el mediodía una jovencita enchastrada, recién recibida, encabeza una mesa llena de porrones.

Está sentada en Chaca-Piedras, la piedra basal de esta esquina, el primer negocio que inauguró hace 18 años. Hoy, detrás del mostrador hay un joven llamado Leonardo Fernández, es el encargado. Y habla como un experto del lugar: “El tiempo, todo depende del tiempo”, responde cuando se le pregunta por la cantidad de cerveza que venden un viernes como hoy.
Leonardo comenta que los días de calor se vende mucho y, más aún, los jueves que son vísperas feriado del viernes. Cuando llega el frío, la venta baja un poco, poquito, pero más se nota en los días se semana. En algún momento hay que descansar.
“Los viernes...entre 23 y 25 cajones, los viernes”, dice y la unidad de cajón es la que usan los encargados de los demás bares de esta esquina: Mr. Toma, Verdell, Bud&Rock, Pancho Rock y el hermano nuevo de la cuadra, La Chaca Piedras Club.

Este último bar, que hasta hace poco era un estacionamiento y luego un local abandonado, es el salón más grande de todos. “Un día de mucha venta se acaban 40 cajones”, asegura su encargado Juan Manuel García.
Estudiantes de barrio Sur con poca plata, graduados de cualquier provincia, desocupados, rockeros y folcloristas de gira, padres de familia, amigas en grupo, chicas solas, artistas, trabajadores que se toman un descansito después de su trabajo, chicos que buscan chicas, equipos de fútbol que terminaron su partido, algún machao y cualquiera que pasó por acá, contribuyen con su sed para superar las mil cervezas en las noches de los viernes y sábados. Y si algo los ayuda son las promociones.
El precio de la cerveza en la Chacapiedras es bastante similar en todos los negocios. Y todos tienen promociones si se compra dos o tres cervezas, por eso es casi imposible comprar una sola. Por ejemplo una Quilmes cuesta $70, pero si se compran tres se paga $180.
Los trabajadores de CCC, todos los viernes van a conversar una cervecita en Chaca-Piedras.
En Pancho Rock, suenan Los Redondos para los dos chicos de remeras negra que acaban de comprar esas tres Quilmes. Javier Herrera, quien atiende el negocio, cuenta que por la siesta hay un descuento del 30 por ciento. “Es la hora más difícil”, dice, empieza a hacerse de noche, las mesas se llenan de a poco, y al mismo momento y casi por obra de magia o por comunión alguien destapa una cerveza, en cada uno de los bares de la esquina.








