En un párrafo: la vida de Tapalín
el payaso tucumano
Cantor de boleros en el Bajo y candidato a concejal, premiaba con pollos crudos en las presentaciones gratuitas que hacía por los barrios humildes de la provincia, en los 90.
Tapalín camina por la calle 24 de Septiembre, en un retrato de Diego Aráoz publicado en la revista Tucumán Zeta
Su nombre verdadero es César Quiroga, pero si alguien llegara a llamarlo así, quizás, no se dará vuelta como cuando lo llaman Carlos Geomar o, bien, cuando alguien dice: ahí va el Payaso Tapalín. Nació en Santa Fé, pero vive en Tucumán desde hace 40 años. Empezó como cantante de boleros. Grabó un disco y viajó, pero la fama le duró poco y terminó en el Bajo. Entonó entre mendigos y prostitutas para ganarse el pan. Se acercó, entonces, al mundo de la radio. Bajo el nombre de Carlos Geomar, en LV 7 tuvo su ingreso a los medios de comunicación, desde donde nunca se fue y nunca se irá. Un día se puso el traje de “toni”, “una especie de payaso más fino”, dice él, y creó su programa de televisión, su show, el que llevó durante 10 años por los barrios más pobres de la provincia. Muchos lo recuerdan porque entregaba de premio pollos crudos. Fue candidato a concejal y tuvo un juguito con su nombre. Sigue viviendo en el mismo departamento que vivía cuando estaba en su época de gloria, en una calle de tierra en el barrio Elena White. Lo último que se supo de él es que puso en marcha una fábrica de bloques. Aún graba su programa que se emite por un canal de aire que pocos conocen.








