"Correr fue volver a mí": la historia de Ova Fonio, el tucumano que le hace frente al cáncer y demuestra que siempre vale la pena dar un paso más
Tras presenciar el asesinato de su padre a los 11 años, enfrentar la pérdida de su madre, superar un diagnóstico de cáncer y un gravísimo accidente, el atleta tucumano transforma sus batallas en un mensaje de esperanza mientras se prepara para ser papá por segunda vez.
En una charla con eltucumano.com, el atleta multidisciplinario Ova Fonio compartió las profundas vivencias y enseñanzas que marcan su recorrido de vida. A través de una conversación cargada de resiliencia y esperanza, el deportista relató cómo logró transformar los momentos más oscuros de su historia en una oportunidad constante para reconstruirse y volver a levantarse.
Nacido y criado en Tucumán junto a sus padres y sus hermanos Leo e Iván, Ova creció en un hogar donde su padre trabajaba en un banco y era el sostén económico, mientras que su madre era docente dedicada al cuidado de sus tres hijos. Durante su infancia estuvo en permanente contacto con la actividad física en las cercanías de la Facultad de Educación Física, practicando natación, fútbol, tenis, pádel y básquet, inclinándose finalmente por el fútbol hasta los 18 años. Sin embargo, a los 11 años sufrió un golpe devastador al presenciar el asesinato de su padre. Ante la pérdida repentina del ingreso familiar y el inicio de severas dificultades económicas donde incluso faltaba la comida, su madre debió salir a trabajar, mientras que él y sus hermanos tuvieron que aprender a valerse por sí mismos cocinando, lavando la ropa a mano, planchando, cosiendo, trabajando y teñir prendas para poder reutilizarlas. De esa dura etapa de maduración acelerada surgió su primer gran aprendizaje: “No siempre elegimos el kilómetro en el que nos toca correr”.
A los 21 años debió enfrentar la dolorosa muerte de su madre y, tiempo después, recibió un diagnóstico de cáncer, manteniendo siempre la firme convicción de que lograría recuperarse hasta conseguirlo. Al regresar a Tucumán tras finalizar el tratamiento, la tragedia volvió a alcanzarlo al sufrir un gravísimo accidente en una moto de cuatro ruedas al salir de un asado. Permaneció diez días en coma inducido, fue operado de la cabeza, sufrió la perforación de un pulmón por una costilla y padeció fracturas en la clavícula, el pómulo y la nariz. Al despertar tuvo que aprender nuevamente a caminar y hablar, quedando con importantes limitaciones visuales y auditivas que jamás sintió como un motivo para dejar de vivir. Sobre aquel duro proceso de rehabilitación, Ova recordó la drástica transformación de su realidad al remarcar: “Yo había corrido 42 kilómetros. Y de repente mi maratón era aprender a dar un paso”. Su posterior ingreso al depósito de una empresa multinacional, donde llegó a desempeñarse como vendedor, resultó fundamental como ejercicio mental y físico para su recuperación.
Durante una sesión de quimioterapia tras sufrir una recaída, tomó la decisión de perdonar al asesino de su padre para soltar el peso del dolor y no seguir viviendo atrapado en ese sufrimiento. Toda su trayectoria de reconstrucción personal quedó plasmada en su libro titulado "Correr no fue escapar, fue volver a mí", cuyo prólogo escribió de su propio puño y letra: “Durante mucho tiempo creí que correr era una forma de escapar. Con los años entendí que no. Correr fue la manera de volver a mí. Después de meses de trabajo ya terminé de escribir el libro más importante de mi vida. No es un libro sobre el deporte, es un libro sobre volver a levantarse cuando sentís que ya no queda nada más. Correr no fue escapar; correr fue volver a mí”. Asimismo, al reflexionar sobre el control de las adversidades, el atleta dejó asentada su filosofía de vida al sostener: “No podemos controlar lo que nos pasa pero sí podemos aprender a controlar cómo respondemos”.
Una semana antes de iniciar un nuevo tratamiento médico, Ova y su pareja Flor decidieron intentar buscar un bebé y ella quedó embarazada, permitiéndole anunciar emocionado: “Voy a ser papá nuevamente”. Tras seis ciclos de tratamiento alcanzó cerca de un 90% de remisión médica, viviendo la coincidencia entre la enfermedad y la espera de su segunda hija, Victoria, desde una profunda dimensión de fe. Actualmente atraviesa su tratamiento en paz, convencido de que la vida no es solo correr, sino también caminar, detenerse, pedir ayuda y "parar la pelota" para mirar hacia adentro. En sus reflexiones finales, dejó grabado un mensaje que resume su andar: “No digo que vivo feliz todos los días. Digo que vivo en paz”. “Nadie sabe cuántos kilómetros tiene su vida. No sabemos cuándo puede aparecer una enfermedad, una pérdida, un accidente o una situación que nos obligue a cambiar completamente el rumbo. Pero tampoco sabemos cuándo puede aparecer una persona, una oportunidad, un hijo, un amor o una nueva razón para seguir. Por eso aprendí a reclamar menos y agradecer más. A perdonar. A amar. A detenerme cuando hace falta. Y, sobre todo, a seguir advancing. Porque quizás la vida sea exactamente eso: un maratón que ninguno de nosotros eligió correr, pero que mientras tengamos un kilómetro por delante, todavía vale la pena correr”.








