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Tras los resultados de las PISA, especialistas piden volver a la alfabetización básica en la primaria

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La doctora en Letras Alejandra Huespe analizó el desempeño argentino en las evaluaciones internacionales, criticó la utilización política de los datos y advirtió que hay estudiantes que ingresan a la secundaria sin dominar la lectura y la escritura. Propuso una reforma educativa profunda con planificación a largo plazo e integración pedagógica de la tecnología.

Foto: Ministerio de Educación de Tucumán.





La docente, Doctora en Letras y especialista en alfabetización, Alejandra Huespe, conversó con Ana Pedraza y Gabriel Sanzano en La Tucumana de Mañana por FM La Tucumana 95.9. Durante el encuentro, la especialista abordó los resultados de las pruebas PISA, en las que Argentina fue 'aplazada' al registrar un 48,8% de estudiantes de 15 años con bajo rendimiento simultáneo en matemática, lengua y ciencia, ubicándose en el octavo lugar entre 13 países evaluados de la región.

Huespe explicó que estas evaluaciones estandarizadas actúan como el "Mundial de la educación" a nivel internacional. PISA es organizada por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, financiada principalmente por Estados Unidos) y sus índices de calidad educativa suelen ser utilizados por el mercado como indicadores de confiabilidad para inversiones económicas. Aunque consideró que las mediciones no deben satanizarse sino leerse en contexto, cuestionó el uso político recurrente de los datos: "Estamos en un contexto en donde se van a utilizar los resultados para atacar al contrincante de turno; lo que necesitamos es que desde la gestión vean los resultados y traten de pensar un plan a futuro". En ese sentido, denunció la existencia de una "miopía educativa" que pretende aplicar reformas cada cuatro años según el ciclo político, cuando la educación obligatoria exige doce años de trayectoria y planes sostenidos en el tiempo.

Frente al diagnóstico actual, la especialista planteó la necesidad de centrar los esfuerzos en la alfabetización básica desde la escuela primaria. Señaló que las pruebas PISA no miden alfabetización inicial, sino la capacidad de procesamiento de información en adolescentes de 15 años dando por sentado que ya están completamente alfabetizados. Sin embargo, la realidad de las aulas muestra una brecha previa: "Desde el año 2017 ya tengo indicadores por mis docentes residentes de estudiantes de primer año de la escuela secundaria que no están completamente alfabetizados". Para revertir esta situación, Huespe propuso entender la alfabetización como un fenómeno complejo y multidimensional que abarca aspectos lingüísticos, cognitivos, sociales, históricos, geopolíticos y estéticos, evitando reduccionismos. Al referirse a la histórica "querella de los métodos" que enfrenta a la conciencia fonológica tradicional con el enfoque constructivista, aclaró que esta discusión suele estar alineada con posturas políticas conservadoras o progresistas. Sostuvo que científicamente no existe un método único o superior, ya que las aulas son heterogéneas y requieren que los docentes dispongan de herramientas amplias para adaptar la enseñanza a cada estudiante.

La experta remarcó que el aprendizaje depende también de las condiciones materiales de trabajo docente, el estado de la infraestructura, la disponibilidad de libros y las situaciones de vulnerabilidad en los hogares. A esto se suma el impacto de la pandemia de COVID-19, que afectó el rendimiento escolar por el hacinamiento, la falta de dispositivos familiares y las consecuencias psicoafectivas del aislamiento y la pérdida de seres queridos. Ante problemáticas del secundario como el ausentismo estudiantil y la sobrecarga laboral docente, sugirió discutir reformas de fondo que incluyan la posibilidad de contar con más de un docente por curso. Asimismo, advirtió que la forma de leer y escribir está mutando por el avance tecnológico y la inteligencia artificial. Para conectar con estudiantes nativos digitales, propuso desarrollar la alfabetización mediática en las escuelas, garantizando conectividad e incorporando el celular y la inteligencia artificial en proyectos pedagógicos con objetivos claros, como la escritura colaborativa. Concluyó que se requiere valentía social para debatir la educación sin miopías ni proyectos cortoplacistas, comprometiendo a toda la comunidad en un plan a largo plazo.