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Qué dolor, país: el último tango de Lionel y la tristeza que dejó la final perdida

ANÁLISIS

Argentina no fue Argentina este domingo y cayó ante España en quizás la despedida de Lionel Messi de la Selección. Cómo suena esta derrota que no empaña todo lo logrado, pero que hoy duele como tiene que doler. | Por Alfredo Aráoz

Foto: Bleacher Report.





“Lastima bandoneón, mi corazón. Tu ronca maldición maleva. Tu lágrima de ron me lleva hacia el hondo bajo fondo donde el barro se subleva”, dice La Última Curda, la letra del último tango de Lionel.

“¡Ya sé, no me digás! ¡Tenés razón! La vida es una herida absurda. Y es todo, todo tan fugaz. Que es una curda, ¡nada más! Mi confesión”, escribió Cátulo Castillo con Aníbal Troilo para musicalizar este triste punto final.

“Contame tu condena, decime tu fracaso, ¿no ves la pena que me ha herido? Y hablame simplemente de aquel amor ausente tras un retazo del olvido. ¡Ya sé que me hace daño! ¡Yo sé que te lastimo llorando mi sermón de vino!”, se rasga la voz Edmundo Rivero o el Polaco Goyeneche.

“Pero es el viejo amor que tiembla, bandoneón, y busca en un licor que aturda, la curda que al final termine la función corriéndole un telón al corazón”.

El último tango, país, fue escrito hace años, pero nunca imaginamos que iba a tener tanta vigencia este domingo difícil de asumir, triste de contar, sin ganas de balearse en un rincón, pero tampoco con ánimos para dar vuelta la página así nomás.

Si este domingo no dimos la vuelta olímpica es porque faltó el último sprint final, el último aliento, el último guiño divino. Si algo le ha enseñado el tango a este país es que uno deambula entre la esperanza de volver a ser lo que se fue y ya no será. Argentina no fue Argentina en esta final. Se quedó sin piernas y sin cabeza. Fallaron los que nunca fallan. Todos. Y así nos quedamos hoy: vacíos. Mañana digiriremos la derrota, la caída, el golpe. Pero hoy duele y está bien que duela. No hablamos de velorio, pero sí es inevitable pensar en la ausencia del después. 

“Después, qué importa del después”, escribe Homero Expósito en Naranjo en Flor. “Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado, eterna y vieja juventud, que me ha dejado acobardado, como un pájaro sin luz”. Último tango, país. Una lloradita y a seguir. Cae el telón. Mañana hablamos.