Es tan repetida su propensión al exabrupto, que a nadie sorprende, y ninguno parece asombrarse por la magnitud de sus agravios. Por Sisto Terán Nougués.
(Foto tomada de sistoteran.substack.com)
Javier Milei ha viajado a España y ha pronunciado un discurso en la Fundación Faro, el epicentro de su dogmatismo más acendrado, casi el reservorio mal llamado “intelectual” de su anarcocapitalismo.
Nada nuevo ni interesante han producido estos dos acontecimientos. Todo repetitivo, ordinario, si se quiere, con un mal gusto in crescendo. Su repertorio de insultos se ha tornado repetitivo, insulso, grotesco. Su desapego absoluto por toda norma de civilidad se mostró por enésima vez, pero ya sin el factor sorpresa. Parece no entender lo que significa la palabra investidura, y desconoce las formas elementales de la diplomacia internacional y las buenas costumbres.
Es tan repetida su propensión al exabrupto, que a nadie sorprende, y ninguno parece asombrarse por la magnitud de sus agravios.
En verdad, el pobre Milei me produce ya una extraña mezcla de fastidio y compasión. Fastidio por el enorme daño que le está haciendo a la República, a las instituciones y al pueblo argentino. Compasión, porque no puede menos que darnos pena la imagen de un hombre de cincuenta y seis años haciendo papelones todos los días y exhibiendo públicamente lo que Julio María Sanguinetti, ex presidente uruguayo, un conservador de derechas, calificara como “la deriva psicológica tan desajustada” de Milei. Sanguinetti con tristeza infinita, sin una pizca de parcialidad, objetivamente muestra la penosa impresión que le producen estos actos de Milei, y adjetiva sin estridencias, pero con firmeza que se advierten preocupantes síntomas de un desajuste emocional muy peligroso.
La salud mental de una persona es un tema relevante y muy respetable, que debemos tratar con enorme cuidado y prudencia. Y los pruritos deben ser mayores cuando hablamos de un presidente de la Nación.
Pero, a esta altura de los acontecimientos, la continuada serie de hechos públicos que dan cuenta de una personalidad proclive a los desbordes emocionales, nos exime de mayores comentarios. No tengo dudas de que el diagnóstico de locura, o al menos un fuerte desequilibrio psicológico, le sería aplicado a cualquier persona que hiciera o dijera las cosas que dice y hace Javier Milei.
Pero, como Mileiestá identificado como el abanderado del más profundoantiperonismo, por una cuestión identitaria, ese importante sector de la población, le perdona al presidente conductas que nunca jamás le hubiera convalidado a nadie.
Es una característica común a todos los liderazgos políticos fanatizados, la de dispensar al conductor una benigna justificación de todos sus procederes. A los fanáticos no hay argumento en contra que les convenza de nada contrario al objeto de su fanatismo.
Milei ha sido muy útil para la causa antiperonista, hoy devenida en antikirchnerista. Ha sido el canal apto para despojar del poder al odiado enemigo, y ese solo hecho justifica, desde su lógica precaria y parcial, cualquier disparate que cometa.
Como dije, los fanáticos son material irreductible. No hay posibilidad alguna de esgrimir razones que le disuadan de su adhesión incondicional. Con ellos debe uno saber que la batalla es imposible. No saldrán jamás de sus posiciones, bajo ningún motivo y por ningún concepto.
Pero hay otro grueso sector poblacional, imbuido de posiciones ideológicas contrarias al peronismo, que convalidaron con su voto el ascenso al poder de Milei, y que inclusive le ratificaron la confianza en las elecciones de medio término hace apenas un año. La paciencia de este grupo de personas está siendo llevada al límite por culpa de las reiteradas inconductas presidenciales. Cada vez les cuesta más a estas personas de buena fe, justificar su voto a Milei . Los escudos defensivos de la propia conciencia son todos los días sometidos a una nueva violencia. Más tarde o temprano se deberá hacer un acto de contrición, y entender que el silencio ante la brutalidad es siempre sinónimo de consentimiento implícito y complicidad encubierta.
Por eso la pregunta del título: ¿Qué tiene que hacer Milei para que los “gorilas” no lo voten? Ex profeso, y sin ánimo de ser peyorativo, uso el calificativo de “gorilas” para identificar un grupo de ciudadanos que tienen como identidad definitoria la de aborrecer el peronismo y sus derivados. Pero, sin perjuicio de esa animadversión, muchos de ellos tienen un amor sincero por la democracia, por las instituciones y por la armonía social. Convencido de ello, es que mi nota se dirige a esas personas, a las que insto a revisar los sucesos que vivimos con un prisma más amplio, con una objetividad imperativa para poder considerar honestos intelectualmente nuestros análisis. Pedirles que revisen sus criterios no es denostarlos, sino por el contrario, implica tender un puente al raciocinio y a la búsqueda del argumento consensuado. Con todo respeto repasemos velozmente lo que está pasando. Veamos:
El Presidente ha traspuesto una y otra vez todos los límites del pudor, y sus actos y expresiones públicas irán colmando la paciencia de esta gente, individuos racionales, que depositaron sus esperanzas en la disrupción y que se impregnaron del discurso antipolítica que con tanta facilidad penetra en el alma de los pueblos impulsado por la parafernalia del algoritmo.
A los homosexuales les ha imputado a viva voz, en un foro internacional como Davos, ser pedófilos. A los jubilados los ha llamado “viejos meados” y los apalea todos los miércoles mientras licúa sus miserables ingresos, y les imputa descaradamente ser culpables de su propio destino. A los médicos del Garrahan, los ha tildado de “ñoquis”, deshonestos, y, con una crueldad monstruosa les ha llamado estúpidos por haberse dedicado a curar enfermos, una actividad poco lucrativa.
A la Universidad pública la está destruyendo sistemáticamente, y los haberes docentes están pulverizados, y anunció con bombos y platillos auditorías que nunca llegaron. Los planes de salud pública son sistemáticamente recortados y el costo de los medicamentos ha subido exponencialmente deteriorando el bolsillo de la gente de recursos medios y bajos. Se la ha tomado de mala forma y con pésimos modales contra los artistas y científicos, a los que desprecia profundamente. Desfinancia el CONICET y alienta una “fuga de cerebros” que deja a la Nación con una carencia cada vez mayor de recursos humanos imposibles de valorar en su justa medida.
Se jacta de no hacer obra pública, y hace ya tres años que el descuido de nuestras rutas es materia de escándalo, porque, no solo no mantiene los caminos, sino que se apropia y malversa los dineros que la ley específicamente asigna para ello. Ha abandonado literalmente toda política de vivienda, acrecentando una problemática explosiva en el mundo entero, y lo hace a cara descubierta y casi orgulloso de su “dolce fare niente”. La ha emprendido con saña contra los discapacitados, ha cercenado pensiones y subsidios sin ninguna metodología racional, tratando a seres humanos enfermos como si se trataran de apestados a los que hay que abandonar definitivamente.
Ha abierto la importación de manera irrestricta, destrozando la industria nacional, a la que somete a una implacable combinación de altos impuestos, logística encarecida absurdamente, costos internos de energía y combustible no competitivos y una política irracional importadora producida muchas veces por mano de obra esclava en otras partes del mundo. Se encoge de hombros indiferente cada vez que cierra una empresa o un comercio, y se enorgullece cuando se verifica una caída vertiginosa del empleo formal registrado. Llega al disparate de afirmar con alegría que está creciendo el empleo informal, como si estuviéramos hablando de una buena noticia.
Se dice admirador de Margaret Thatcher e intima a los jugadores de la selección nacional de fútbol para que no hagan ninguna muestra de nacionalismo durante el Mundial, para, apenas un par de meses después, al percibir la oleada popular de repudio que esto le aparejaba, reaccionar de manera poco seria con el envío de una legislación llena de contradicciones. Se manifiesta en público como un amante de lo bélico, e insólitamente dice que está “ganando la guerra con Irán”, mientras hace votar a nuestros representantes en la ONU las aberraciones más espantosas como el reconocer a la tortura como un método válido de extracción de información por parte de los Estados, o la negativa a votar una condena a la esclavitud como crimen de lesa humanidad.
En fin, el repertorio es inacabable. No creo sinceramente que muchos de los que todavía lo sostienen estén de acuerdo con ninguna de estas acciones presidenciales.
Sus banderas se fueron cayendo de a una, de manera estrepitosa.
Llegó pregonando moral y transparencia, y los escándalos de corrupción se suceden sin que a nadie se le altere un músculo. Las coimas y los sobreprecios de los medicamentos, un affaire que involucra directamente a la hermana del presidente, están durmiendo el sueño de los justos en expedientes judiciales que han empezado a formar parte ya de un entramado de impunidad que asusta. Cada vez es más obvio un manejo judicial de las causas, que se mueven a la velocidad requerida por criterios políticos muy evidentes. Todo lo que tenga que ver con un opositor es tramitado velozmente y sin ningún apego por las formas y el debido proceso legal. Se trata de ejecuciones donde la prueba no importa y el resultado está cantado de antemano. Lo que se refiere a causas donde los imputados son macristas o libertarios, lenta, pero inexorablemente va obteniendo subrepticios sobreseimientos de muy dudosa juridicidad. Nadie puede, con honestidad intelectual, no advertir la asimetría y parcialidad con que se están manejando este tipo de asuntos en la Argentina.
No puede hablar ni de moral ni de transparencia, porque su gobierno está plagado de corruptela y oscurantismo…
Hay un senador nacional que fue depuesto de su cargo luego de haber votado sospechosamente leyes a favor del gobierno libertario y ser encontrado luego en posesión de un par de cientos de miles de dólares en efectivo en Paraguay. José Luis Espert, un alter ego libertario que prometía bala a los delincuentes, fue detectado recibiendo aportes de un narcotraficante procesado y detenido por la justicia norteamericana, y hoy su causa sigue caminos silenciosos que preanuncian finales extraños. Lorena Villaverde encabezó listas de candidatos libertarios para el Congreso nacional, sin importar sus condenas judiciales en Estados Unidos en causas vinculadas al narcotráfico. Para nuestros jueces la mega estafa $Libra no merece sanción judicial, y se apresuran a sobreseer a Milei recurriendo a tecnicismos poco comprensibles y de dudosa juridicidad. El tema del traslado al extranjero del oro de los argentinos es también objeto de un oscurantismo tenebroso y ningún funcionario ofrece explicaciones claras al respecto. Para colmo la timba de Caputo y Bausili le hace perder en una maniobra sospechosa U$S 1.023.000.000 (MIL VEINTITRES MILLONES DE DÓLARES) al BCRA, que curiosamente se transformaron en ganancias para su ex empleador el Deutchste Bank. Insólito hermetismo y falta de aclaraciones de todo lo acontecido por parte del gobierno encubren un accionar por lo menos sospechoso.
De nuevo aquí la reseña es sucinta y los añadidos podrían ser interminables.
Subió al poder denunciando a una casta colmada de privilegios, de gastos inexplicables a expensas del erario público, y maldecía a aquellos que, a su entender, viajaban y vivían “con la nuestra”. Acuñó con esa frase un resentimiento social generalizado, una indignación frente al dispendio innecesario de los gobernantes en su beneficio y disfrute personal.
Desde el primer minuto de su mandato, Milei se lanzó con voracidad al goce de esos privilegios, y vive viajando por el mundo “con la nuestra”, en periplos inexplicables, la mayoría de los cuales poco o nada tienen que ver con el ejercicio de sus funciones. Hoteles de lujo, despligues de costosa seguridad personal, apariciones públicas insólitas para recibir premios desconocidos y un esquema de autopromoción personal financiado por el Estado, o sea con los impuestos que pagamos, son ya una habitualidad que nadie puede desconocer.
Y aprovecha esos viajes para diseminar agravios en naciones extranjeras, inmiscuyéndose indebidamente en los procesos electorales de otros países, violando todo protocolo, y con una grosería que no trepida en calificar muy suelto de cuerpo de delincuentes a otros jefes de estado. Las relaciones diplomáticas con España y Brasil están sometidas a tensiones máximas a raíz de las inconductas reiteradas de Milei.
Tiene de sí mismo una visión megalomaníaca que le hace sentirse centro del universo y se despacha a diario con discursos en los que se considera un profeta mesiánico de un nuevo orden por establecer. Un orden basado en el odio y la eliminación del que piensa diferente.
En una de sus últimas apariciones enunció furioso un listado de periodistas “hijos de puta” a los que “habría que condenar a la hoguera”.
Esta apología de la violencia formulada por el presidente contra miembros de la prensa debiera haber sido, per se, materia de escándalo, y hubiera motivado en otros tiempos pedidos de juicios políticos y actuaciones presurosas de fiscales penales.
La mención de la hoguera nos trae reminiscencias inquisitoriales. El fuego purificador que abrasa inmisericorde el cuerpo putrefacto de los herejes, es una metáfora acostumbrada en boca de los fanáticos. Milei se considera el portavoz del dogma libertario, y todo aquel que ose levantar su voz contra sus postulados, aunque sea mínimamente, merece el anatema, el odio, el agravio, y, por ende, el castigo de ser arrojado al crepitar furioso de las llamas.
En esta sociedad anestesiada, la capacidad de asombro frente al mal parece haberse difuminado en una bruma tenebrosa.
Mientras escribo estas líneas recorre el mundo la noticia de la histórica remontada de Lula en la segunda vuelta de los comicios en Brasil. El mismo Lula al que atrevidamente Milei fue a insultar en su propia casa. El presidente argentino se niega a mandar hasta la formal felicitación de estilo a su par brasilero, y, no conforme con ello, habría coadyuvado, por acción u omisión, para favorecer la huída ignominiosa de Flavio Bolsonaro para eludir su comparencia ante la Justicia de su país.
Los que exigen el imperio de la Justicia y la vigencia de las instituciones son los que más violentan esos principios, al parecer. La negativa de Milei a cumplir con las leyes de la República, sancionadas, vetadas e insistidas, motivó acciones judiciales que se definieron con sentencias que el gobierno incumple desaprensivamente sin importarle un pito esa institucionalidad y la división de poderes que otrora pregonaban.
Releyendo a vuelo de pájaro estas líneas, percibo que Milei todos los días traspone un nuevo límite, destruye una nueva frontera de racionalidad. Me parece que su “deriva psicológica desajustada” al decir de Sanguinetti, se ha agudizado y está llegando a niveles insoportables que requesbrajan el respaldo de algunos de quienes lo votaron.
Nada espero ya de Milei, que no sea un nuevo exabrupto. Milei es Milei, y hace lo que siempre hizo. Por eso seguirá persistiendo en su apología de la violencia y en fomentar la división entre los argentinos.
Lo que sí espero con ansias es la reacción honesta de muchos que hoy ya tienen conciencia de su peligrosidad y sus desvaríos. No hay credo económico que justifique la barbarie. No hay postulados políticos que nos obliguen a consentir la crueldad. Ha llegado el momento de empezar a decir basta.
Tengo el convencimiento de que la mayoría de los argentinos son buenas personas, que quieren para sí y para sus hijos un trato respetuoso y civilizado, que sienten para con el prójimo una empatía solidaria, que trasuntan un sentido de argentinidad positivo y comunitario. Son ellos los que, apelando a sus reservas morales, tienen que preguntarse honestamente si es esto lo que han votado, si las esperanzas depositadas en su momento no fueron defraudadas.
Quien sabe, tal vez las payasadas, el ridículo y la crueldad del que hace gala Javier Milei, ya estén dando sus últimos estertores y la paciencia agotada de la gente bien pensante termine en breve dándole un lección de civismo y buena educación.
Yerba Buena, Tucumán, Octubre 29 del 2026.
Sisto Terán Nougués
Artículo publicado originalmente en sistoteran.substack.com