El reconocido artista se presentará en el coliseo universitario en una gala que combina música, teatro y formación cultural. En una entrevista íntima con MediosUNT, repasa sus anteriores visitas a la provincia, sus años de aprendizaje en Francia, su vínculo con grandes referentes de la cultura y la importancia de transmitir el patrimonio musical a las nuevas generaciones.
La cita será el próximo sábado 17 de octubre en el emblemático coliseo de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), en el marco de una gala que combinará música, teatro y formación cultural (con información publicada por MediosUNT el 13 de octubre de 2026). El regreso de Jairo a la provincia propone mucho más que un encuentro de clásicos, en momentos en que las jóvenes generaciones encuentran nuevas formas de acercarse al arte y la educación artística vuelve a ocupar un lugar central en los debates sobre preparación integral. Al recordar sus viajes anteriores, el cantante detalló: “En los últimos años mis viajes a Tucumán han sido motivados por distintas propuestas artísticas”. Entre ellas mencionó el recital junto a Juan Falú dedicado al repertorio de Atahualpa Yupanqui, el homenaje a Mercedes Sosa, la interpretación de la Misa Criolla y diversos espectáculos con sus propias canciones. Sobre la huella de esas experiencias confesó: “En todos esos casos fueron momentos luminosos para mí, de modo que regresar ahora y nada menos que al Teatro Alberdi es un nuevo motivo de regocijo para mí”.
Al analizar su trayectoria internacional, el intérprete destacó especialmente sus años de residencia en Francia, donde enfrentó el desafío de adaptarse a un nuevo idioma y a una cultura diferente. “Quizás la más prolífica en cuanto a las variantes en lo que se refiere al aprendizaje haya sido la de los años transcurridos en Francia”, señaló. Pese a cantar en el idioma local una vez aprendido, la vivencia reafirmó su sentido de pertenencia: “Para ellos, si bien es cierto que una vez aprendido el idioma cantaba en francés, era el argentino Jairo”. Asimismo, destacó el valor de la distancia y la memoria: “Ese sentido de pertenencia es algo que se construye a partir de un acercamiento a las raíces y a la nostalgia de quienes viven lejos de su lugar de origen”.
Respecto a las transformaciones tecnológicas en la producción musical y la evolución continua del oficio, el cantautor afirmó: “Para los artistas el aprendizaje es continuo; no se termina nunca”. En ese marco, definió como “una enseñanza privilegiada” el haber compartido tiempo y proyectos con referentes de la cultura argentina e internacional como Jorge Luis Borges, Atahualpa Yupanqui, Astor Piazzolla, Charles Aznavour, María Elena Walsh y Charles Trenet. De todos ellos resaltó un modelo de trabajo profesional: “El nivel de auto exigencia que he observado en la mayoría de ellos ha sido como un espejo perfecto, nítido y sin distorsiones”.
En relación con la formación cultural y el legado artístico, remarcó la importancia del repertorio nacional para las nuevas generaciones. “Existe una base en la música argentina y en los estilos que la componen, que puede ser de gran utilidad para las nuevas generaciones”, sostuvo. A continuación, caracterizó dicho patrimonio como “una base de datos que, al estar viva y vigente, supera con creces cualquier archivo que uno pudiera imaginar. Sería interesante en ese sentido que el trabajo que las maestras y los maestros hacen sobre la orientación vocacional fuera más sostenido y, naturalmente, seguido por los padres de los niños”, planteando la necesidad de escuchar y acompañar tempranamente las vocaciones artísticas.
De cara a la función en la que estará acompañado por músicos jóvenes en el histórico coliseo universitario, el artista resumió su expectativa para la velada. “Me gustaría que la gente saliera del teatro con una sonrisa”, confesó. Su objetivo es compartir con el público “la felicidad y la emoción” que experimenta al cantar, en una noche orientada a recuperar historias, transmitir experiencias y mantener abierto el diálogo entre distintas generaciones. Para Jairo, allí radica una de las formas más genuinas de trascendencia: que una canción pueda atravesar el tiempo, encontrar nuevos oídos y seguir provocando, muchos años después, la misma emoción.