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"El dolor fue mi combustible": Javier, el ultraatleta tucumano que desafía los 160 km del desierto del Sahara

Huérfano desde la infancia y formado en la adversidad, el deportista tucumano dialogó con FM La Tucumana 95.9 sobre la fortaleza mental que lo llevó a cruzar el Río de la Plata y completar los 246 km del Spartatlón. Ahora se prepara para enfrentar una prueba de autosuficiencia de 160 kilómetros en las dunas de Marruecos.

10 Sep 2026 - 12:58

La trayectoria de Javier Fernández Figueroa en el deporte de resistencia está profundamente ligada a sus vivencias de la infancia, tras quedar huérfano de padre a los 5 años y de madre a los 9. Al ser separado de sus hermanos y criado por sus tíos, atravesó etapas complejas que moldearon su carácter. "El dolor fue mi combustible", reconoció el atleta al recordar su pasado, asegurando que "el haber vivido situaciones difíciles hace que uno se vaya fortaleciendo sobre todo mentalmente, porque en las emociones es donde uno es totalmente vulnerable".

Sobre lo que implica incursionar en estas competencias extremas, Fernández Figueroa definió: "Ser ultra es realizar distancias que parecen impossibles, distancias muy extensas; es llevar el cuerpo al límite y es ahí donde me gusta estar, es donde me encuentro".

Iniciado en la actividad física a los 37 años mediante el triatlón y las aguas abiertas, se convirtió en el único tucumano en cruzar a nado el Río de la Plata en una travesía de 17 horas continuas. Más adelante, trasladó esa fortaleza al terreno pedestre al completar el mítico Espartatlón en Grecia, un recorrido de 246 kilómetros entre Atenas y Esparta. En esa prueba vivió un hito emocional inolvidable al cruzar la meta: "Venía corriendo desde Atenas hacia Esparta... al entrar y ver el arco miré al cielo y hablé con mis padres. Fue el momento en que me conecté ahí, que no lo había vivido nunca". Según explicó, es en ese nivel de exigencia cuando aflora su verdad: "Es ahí cuando me encuentro al límite, cuando más puedo mostrar la vulnerabilidad que uno lleva".

Asimismo, ostenta la marca histórica argentina en la exigente BR 135 de Brasil, donde recorrió 240 kilómetros bajo un calor y humedad extremas en 33 horas, finalizando cuarto en la clasificación general. No obstante, el deporte extremo también le mostró su faceta más dura: en su segundo intento en el Espartatlón sufrió una lesión renal por deshidratación, viéndose obligado a abandonar en el kilómetro 173. "Fue el único abandono en toda mi carrera deportiva", recordó sobre aquella jornada donde el clima "no perdonó".

Su siguiente meta serán los 160 kilómetros en el desierto del Sahara, en Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, en una carrera con un límite de 48 horas. A diferencia de otras competencias, esta prueba se realiza en modalidad de estricta autosuficiencia total. Como él mismo remarcó: "Es de autosuficiencia, así que nada... lo que no cargas vos no te lo va a dar nadie". Cada corredor debe cargar su propia mochila con suplementos, alimento y un GPS obligatorio por seguridad.

Para Fernández Figueroa, someter el organismo a semejante desgaste no constituye una práctica de salud convencional: "Las proezas que hago no son sanas; llevar el cuerpo tan al extremo no es sano ni recomendable. Lo hago porque creo que en cierta forma me ayuda mucho en mi terapia, logro conectarme conmigo mismo".

Cuando la fatiga aparece en pleno recorrido y restan más de 140 kilómetros por delante, recurre a una estrategia de diálogo interno: "En los momentos que ya estoy pensando en abandonar, me empiezo a putear, me empiezo a retar un poco y luego automáticamente empiezo a pensar cosas lindas... uno mismo se tiene que ir premiando". Además, remarcó que su motivación es puramente personal y de superación: "Las cosas que hago no es que gano nada; al contrario, pago para hacer y pago mucha plata para hacer estas travesías", concluyendo en que "toda persona que corre maratones siempre va a buscar superar su marca... es una autosuperación".



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