El primer tigre apareció en el jardín de una vivienda en Chacabuco al 1000. El otro, saltó una valla y atacó a un adolescente. La trágica semana de 1990 en la que las fieras se rebelaron y causaron pánico entre los tucumano.
Era el año 1990. En Argentina los circos tenían el atractivo humano, y también el animal. Apenas 15 años antes había entrado en vigor a nivel mundial la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas, con la función de controlar fuertemente el comercio internacional de especies protegidas.
En Argentina, 9 años antes, en 1981, comenzaba a regir la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Fauna, la cual consideraba fauna silvestre también a los animales salvajes mantenidos bajo control humano y regulaba expresamente su tenencia, posesión, tránsito y comercio, contemplando expresamente la posibilidad de exhibición zoológica de ejemplares de fauna silvestre mediante autorizaciones.
Por ello, era bastante normal encontrarse con circos que se instalaban a largo plazo en las provincias y con el atractivo de llevar consigo animales exóticos que habían nacido a miles de kilómetros de distancia intercontinental, como elefantes, osos, leones, y claro, tigres.
Y justamente eso estaba pasando en el Jardín de la República el domingo 20 de agosto de 1990. Eran las 12.30, y los trabajadores del circo Osvaldo Terry se encontraban trasladando a “Maco”, un enorme tigre de bengala, de una jaula a otra. El circo estaba instalado en avenida Roca y Chacabuco, zona que vivió el verdadero pánico cuando el Maco escapó y dio una vuelta a la manzana, para ser hallado media hora después en el frente de la casa de la tucumana Blanca Matas, ubicada en Chacabuco 1.030. La situación fue dominada por Daniel Raffo Pensado, el domador, quien logró ingresarlo en una jaula.
Sin embargo, apenas tres días más tarde, el 23 de agosto, otro felino de gran porte se sublevó y causó terror entre los presentes en pleno show. En este caso se trató de otro tigre de Bengala llamado Ishin, durante un show que incluyó a estudiantes de la escuela Nougués de San Pablo. Ishin saltó desde su banqueta un vallado de tres metros de altura y cayó cerca de las primeras butacas. La Gaceta realizó la cobertura de este suceso, y entrevistó a Luisa Cardozo de González, quien relató que Carlos González, de 14 años, vio que el animal se acercaba peligrosamente a su hermanito Luis, de 3. Tomó coraje y alzó al pequeño, arrojándolo lo más lejos que pudo del felino. Pero el felino echó todo su peso (180 kilos) sobre el adolescente, derribándolo de bruces. “El animal quedó acostado sobre las piernas de mi hijo y luego empezó a morderle la cabeza. Yo creía que lo mataba. No sabía qué hacer, sólo atiné a tomar al tigre de su pelo, en la parte de la cabeza, pero no se movía”.
¿Conocías esta historia? Te dejamos las fotos de la cobertura de este suceso:
El jardín de Chacabuco al 1030. Maco y su domador Daniel Raffo Pensado.