HISTORIAS DE SUPERACIÓN CON GONZALO ROBLES

De perder la vista a los 14 años a vestir la celeste y blanca: la inspiradora historia del tucumano Alberto Yapur

Tras superar un grave accidente en su adolescencia, encontró en la introspección, la psicología, la filosofía y el para-triatlón los motores para vivir una vida intensa y sin evasiones. "Hay dos opciones: o me tiraba a esa fosa o aprendía a vivir de otra manera", asegura Alberto, quien a partir del próximo viernes tendrá su columna propia en FM La Tucumana 95.9 desde las 9:15. ¡Te invitamos a dejarle tus consultas para que las responda al aire.

04 Sep 2026 - 10:40



Las Historias de Superación son presentadas por el atleta Gonzalo Robles todas las semanas en latucumana de mañana y, en la antesala de una nueva entrega este viernes, contamos la increíble vida de Alberto Yapur, atleta, ciego, psicólogo e integrante de la Selección Argentina. Asimismo, desde el viernes 11 de septiembre, Alberto Yapur tendráuna columna sobre salud mental y contestará las consultas de nuestros oyentes y lectores en vivo.

A sus treinta y ocho años, Alberto Yapur se define con una formalidad que a él mismo le sorprende: es filósofo, psicólogo y, desde este año, miembro del seleccionado nacional argentino de para-triatlón. Sin embargo, la frase que mejor lo describe y que resuena con fuerza en quienes conocen su trayectoria es mucho más íntima: “Soy alguien que a pesar de su ceguera supe ver los sueños que habitaban en mi corazón”.

Para Alberto, la pérdida de la visión no fue el fin del camino, sino el comienzo de un profundo viaje de introspección. Tener una discapacidad no es algo lindo pero tiene sus facetas y, si estamos dispuestos a darle una vuelta de tuerca, hay cuestiones muy interesantes ahí para descubrir en la discapacidad y en el caso de la ceguera que te permite mirar un poquitito para adentro a lo que te habita”.

La vida de Alberto dio un giro radical cuando tenía apenas catorce años. Siendo un adolescente sumamente deportista que jugaba al rugby, al fútbol y practicaba tiro al blanco, sufrió un accidente doméstico con un arma que habían dejado cargada. Es un milagro lo que a mí me pasó porque yo manejaba mucho armas. Yo gatillé y habían dejado un arma cargada y esa arma me cortó los nervios de la vista”. El impacto le cortó por completo un nervio óptico y le dejó el otro severamente dañado; hoy solo conserva una sutil visión periférica del cinco por ciento en su ojo izquierdo, la cual, aunque médicamente se le catalogue como ciego, él “explota todo lo que puede” en su andar cotidiano.

La asimilación de su nueva realidad no ocurrió de inmediato en el sanatorio, sino doce días después, cuando regresó a su hogar en la camioneta de su padre. Al llegar a la esquina de su casa y no poder ver el lugar donde tantas veces había jugado, la realidad lo golpeó de frente: “Ahí me cae la ficha de que estaba ciego, dije bueno acá hay dos opciones o me tiro en esta fosa que ya está lista, digamos tenés que saltar nomás, o aprendo a vivir de una manera distinta”.

El aprendizaje comenzó esa misma noche, en un acto tan cotidiano como sentarse a cenar en familia: “Me acuerdo ese primer día que me senté a comer en la mesa con mis viejos, mi hermano quise agarrar el vaso y lo tiré porque, claro, acostumbrado a hacerlo toda la vida de una manera”. En ese proceso de adaptación, Alberto destaca dos pilares fundamentales que lo sostuvieron: “hubo ahí un par de condimentos fundamentales como son los amigos, la familia, el afecto y, por otro lado, las garras de decir 'Bueno, vamos viendo cómo se hace y avanzando de a poquito'”.

Como psicólogo y filósofo, Yapur analiza su propio proceso con una mirada clínica y existencial. Lejos de adoptar una postura de victimización, asocia su experiencia con la teoría del deseo: “Pienso como psicólogo, siempre la carencia te ayuda a dar una vuelta de tuerca  la carencia es el motor del deseo. Algo nos tiene que faltar para que salgamos en busca de eso, y a veces en la discapacidad la carencia es estructural. Entonces, si estás dispuesto a elaborar esa discapacidad, termina siendo un hermoso trampolín para preguntarnos cómo podemos superarnos un poquitito”.

Esta perspectiva le permitió transitar los duelos propios de la adolescencia desde otro ángulo. “El adolescente lo que tiene son muchos duelos  el duelo de que deja de ser un niño, el duelo de que ya no puede hacer lo que tiene ganas, el duelo de que empieza a asumir responsabilidades... y de golpe la discapacidad como el duelo. Tal vez esos duelos más chiquititos pasan a otro lugar... cuando tenés como esos duelos más estructurales, los otros duelitos pasan si tienen otra perspectiva”.

El regreso al deporte fue una de sus mayores urgencias tras el accidente. Comenzó corriendo de forma recreativa con amigos que lo guiaban en el camino. Más tarde, un amigo lo introdujo en el trail running (entonces llamado trekking), poniéndolo a prueba en una caminata nocturna en la que debían cantarle las raíces y obstáculos de la senda. Allí nació una pasión competitiva que eventualmente lo llevó al triatlón —disciplina que combina natación, ciclismo y carrera pedestre.

Para Alberto, el triatlón adaptado adquiere una dimensión profundamente colectiva que desafía el carácter individualista del deporte convencional: “El triatlón es un deporte muy individualista, cada uno lo hace siempre buscando el mejor tiempo  pero en mi caso siempre depende de otro que me esté guiando, entonces tiene esa composición de equipo que es lo que para mí le da un valor agregado muy fuerte”. Hoy, ese esfuerzo lo ha llevado a vestir la camiseta celeste y blanca: “Desde este año estoy formando parte del seleccionado nacional de para-triatlón... poder llevar la camiseta argentina es un placer y un sueño que nunca me había imaginado”.

Su camino académico tampoco estuvo exento de barreras, especialmente hace dos décadas, cuando la tecnología de asistencia era incipiente. “Hace veinte años fue la primera vez que entré a una facultad... conseguir un libro de filosofía en una biblioteca online era algo imposible. En esa época yo me dedicaba a escanear libros todos los días, tenía un rato escaneando libros y los leía con el software lectores de pantalla”. Con el tiempo, la evolución tecnológica facilitó su paso por la carrera de Psicología, aunque al día de hoy sigue digitalizando textos específicos para su estudio.

Alberto reflexiona también sobre cómo la sociedad actual, saturada de pantallas y estímulos, se desconecta de lo verdaderamente importante. “Perdemos de vista el presente porque vivimos en una época de sobreestimulación al tener mucho estímulo nos hace simplemente perder de vista el presente que termina siendo todo, porque si el presente no es todo, no sabemos si hay mañana”.

Sin embargo, rechaza enérgicamente que se lo idealice o se lo encasille en un rol místico: “Estoy lejos de ser un monje budista... yo creo que ayuda mucho para eso pero no quiere decir que yo lo viva así. También lo estoy planteando un poco de la teoría y quiero salir de ese lugar del ideal porque no me da el cuero para estar ahí  soy semejante personaje que la rema como puede”. Para él, la profundidad de la existencia es mucho más cotidiana y accesible: “A veces lo que parece tan complejo o tan profundo es mucho más simple... lo más profundo de la vida en realidad está en la superficie... poder vivir intensamente y querer vivir todos los días mejor solamente se trata de eso, de querer vivir mejor, y no tiene tanta manija como nos la imaginamos”.

Al ser consultado sobre qué mensaje le dejaría a quienes atraviesan un momento de oscuridad en sus vidas, Alberto se aparta deliberadamente del rol de modelo a seguir, pero invita a abrazar la experiencia vital con honestidad: “En varios momentos de la charla me he querido correr del lugar de ejemplo, yo creo que cada uno tiene que hacer su propia versión. Pero si hay algo que sí se puede traspolar y tal vez podemos intentar imitar es la intensidad. Yo creo que hay que vivir intensamente lo que nos toca, y hoy nos toca sufrir, por más que no es lo que elegimos y no nos gusta; si no le esquivamos a eso, creo que es la manera de atravesarlo y poder elaborarlo para que después vengan los tiempos de gloria y poder tener la misma intensidad para encararlo y transitarlos. Lo que hagamos, hacerlo con intensidad y conciencia”.

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