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En las entrañas de El Encuentro: Los Alcaloides, Chonis, Bogardus, empanadas, humo y rock en Tafí Viejo

Una luz de neón tenue, entre verdosa y moribunda, cae sobre el piso de mosaicos gastados. Cómo fue el show de Los Alcaloides, Chonis y Bogardus. | Por José Luis Mazza.

10 Ago 2026 - 23:24

Foto: Bogardus.

Una luz de neón tenue, entre verdosa y moribunda, cae sobre el piso de mosaicos gastados. El cartel pintado a mano que dice "Kiosco" y la barra que despacha Cerveza Norte en botellas de litro te reciben en el frío de la noche tucumana. Adentro, el aire pesa: huele a aceite caliente, a comino quemado, a cerveza fría, a vino de botellón y a petacas de café coñac. La humedad invade los rincones que vieron pasar demasiadas décadas sin una mano de pintura.

Estamos en El Encuentro, ese histórico bar de Tafí Viejo ubicado en Perú y Mendoza, a pasitos de la rotonda y flanqueado por un zanjón que parece no terminar nunca.

En el techo, las paletas de un ventilador giran con la pesadez de la hélice de un helicóptero. Es imposible mirarlo sin evocar la escena inicial de Apocalipsis Now: la vista clavada en el cielo falso, la cabeza masticando la vigilia y esa sensación sofocante de que afuera todo se desmorona.

El Encuentro no tiene afiches vintage ni diseño de arquitecto. Nació como un clásico pool taficeño con mesas de paño verde, tiza y humo espeso y mutó a pulmón en este refugio nocturno. El sábado pasado, el lugar volvió a ser el punto de reunión donde tres bandas le hicieron frente a la calma chicha local: Los Alcaloides, Chonis y Bogardus.

Mientras en la penumbra los cables se enredaban en el suelo y las guitarras acoplaban contra los parlantes montados en trípodes tambaleantes, al fondo, la escena cobraba un tono casi surrealista: a través del mostrador, se podían ver las tandas de empanadas recién hechas que humean sobre las bandejas y las comidas del menú del mediodía.

 Una estampa tucumana tan cotidiana como densa, el calor de las freidoras y los hornos conviviendo con el acople salvaje de una banda en vivo, un público apretujado entre las paredes de un local de comida que muta a club de punk/rock por pura prepotencia de la escena. Es una mezcla abrumadora de fritura, sudor, distorsión y cigarrillo. La cotidianeidad tucumana incrustada en las entrañas del under.

Hoy, tocar en la provincia implica volver a lo elemental, a lo genuino. Escenarios improvisados en el suelo, retumbos en locales sin acústica y el mérito heroico de dueños de bares que le ponen el pecho a la noche cuando todos los demás prefieren bajar la persiana. Como Gonzalo, dueño del bar, que con su autogestión sobrevive en esta crisis que no es solo económica sino también de ideas y lucha contra un gobierno nacional que detesta la cultura. 

El sábado en El Encuentro hubo volumen, rabia y un público fiel que sabe que ya casi no quedan rincones adónde ir. Los Alcaloides abrieron la fecha combinando inglés y español a ritmo acelerado. Después siguió la irreverencia punk de Chonis, que arrancó directo al hueso cargando contra el gobierno de turno. El cierre quedó para Bogardus y las canciones de su disco Viva el diavlo. "¿Qué sabes vos de la aventura y del terror? Ya quisieras tener amigos como los nuestros...": la línea de "Hora de aventura" todavía retumba en los oídos.

Las tres bandas hicieron temblar las paredes mientras el ventilador del techo seguía marcando el tiempo, girando lento e hipnótico. En este rincón de Tafí Viejo, la resistencia todavía se sirve en vaso de vidrio y se escucha fuerte, lo suficiente como para tapar el silencio de afuera.

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