No está en las pantallas gigantes. No necesita efectos especiales. No actúa a sala llena (pero sí las llena de felicidad). Bienvenidos a la historia de un tucumano que lucha contra lo más duro de la vida real. | Por Alfredo Aráoz
El Hombre Araña en eltucumano.
“Empecé a sentir súperpoderes un día, pero no era cualquier superpoder. Empecé a sentir que tenía que ayudar a los demás, que tenía que sacarles una sonrisa”.
No está en las pantallas gigantes. No necesita efectos especiales. No actúa a sala llena (pero sí las llena de felicidad). Bienvenidos a la historia de un tucumanode película en la vida real.
No todos los héroes llevan capa.
Capo de verdad, El Hombre Araña de Tucumán se presenta a sí mismo y la crítica, al unísono, suena unánime tras conocer su historia: “Esto es efectivamente cine”.
“No fue una araña sino el bichito de la solidaridad el que me picó. En los hospitales encontré lugares donde podía servir, donde podía ayudar un poquito más. Las telarañas no me daban tanto. Acá no hay muchos edificios por donde columpiarse. Entonces dije: ‘Voy a la fija, al Hospital con los niños, con los abuelitos. Desde ahí sentía que podía ayudar más que desde los edificios”, cuenta El Hombre Araña en latucumana de mañana.
Hombres y Mujeres Arañas se replican en las salas de cine como pochoclos con Coca. Dicen que está buenísima la última película que ya pueden ver en Tucumán. Subidos a la ola, también queremos que conozcan la historia de un héroe de carne y hueso.
“Yo soy de Lastenia. Del Este. Hay muchas arañas en el Este. Y mucho zancudo. Tengo competencia con otros insectos. Les confieso una cosa: le tengo más miedo al zancudo que a la araña. No hay un Zancudo-Man todavía. No hay un Dengue-Man. Mis armas para combatir la tristeza de un chiquito tucumano internado en el Hospital de Niños son sorprendentes: una imagen ya les cambia el rostro a los niños. Algunas veces no hace falta ni siquiera que hable o que tenga el físico perfecto”, sonríe detrás de la máscara en una entrevista con Ana Pedraza y Alfredo Aráoz.
“La máscara hace todo el trabajo para que los chicos con su inocencia ya comiencen a creer en alguien más poderoso, en alguien que los pueda salvar, que los pueda ayudar, que los pueda sacar de esa situación. Pero no estoy solo: yo pertenezco a un grupo en el Hospital de Niños. No solo nos disfrazamos, no solo llevamos alegría, sino también que llevamos una charla, un oído a los padres. Entonces acompañamos a todo el ecosistema que engloba esa camilla. Todas esas paredes blancas donde están los chicos nosotros las llenamos de colores, acompañando a los padres, a los chicos. Les llevamos algún regalito, algún juego, un acting. Siempre tratamos de que ese pequeño momento valga para toda la semana y les cambiamos el rostro a los chicos”, reveló el Spiderman.
“Tengo muchas anécdotas del Hospital: hay padres que tenían preparado ya el 15 de su hijita y semanas antes por una bacteria que ingresó en el cuerpo vieron a su hijita postrada en cama y el vestido lo tuvieron que poner ahí en la camilla. Entonces todos sus amiguitos, todos los compañeros, estuvieron acompañando en ese momento a ese padre. Son situaciones que atraviesan. A pesar del traje te atraviesan. Puedo tener todos los poderes que yo quiera, pero aún así no soy inmune a esas cosas. A pesar de los años que uno lleva en el grupo, siempre le digo a los chicos nuevos que uno no se hace inmune, no pierde la empatía con la situación”.
“Somos un apostolado que nace de la congregación de las hermanas del Huerto. Es una congregación que nació allá en Italia y que ellas habitaban un tiempo en el Hospital de Niños. Seguimos con el apostolado nosotros como jóvenes: tenemos gente que le gusta disfrazarse, hay gente que le gusta prestar el oído, escuchar, es como más de esas cosas silenciosas, un trabajo que tiene también su sentido. Nuestro postulado en el Hospital de Niños es todos los domingos a la mañana y también en el hogar San Roque con las abuelitas. Yo siempre digo que en ambos lugares hay pañales".
"Nos llevamos bien con las abuelitas, les llevamos un desayuno, un bingo, muchos aro aro, todo para traerlas a ellas también a la juventud. Buscamos recordarles todos esos buenos momentos que tenían. Llevamos ositos de peluche y una abuelita lloró mucho y abrazó a uno de los chicos y nos contó que nunca en toda su vida le habían regalado un peluche. Entonces, cosas así sencillas como esa, a veces no nos damos cuenta, pero hay gente que la pasa mal y que ese pequeño gesto es enorme para ellos”. Mirá la entrevista completa del Hombre Araña de Tucumán. Sensacional estreno y una pregunta: ¿quién es?