HISTORIAS DE ACÁ

"No puedo soltarle la mano": el amor de Fanny ante el drama más oscuro de su hermano Pachi

Anoche, en su casa de Lastenia, a Fanny le sonó el teléfono. Era una llamada con la voz de una vecina. Le decía dónde habían visto a su hermano y en qué situación. Todo lo que asoma detrás del flagelo de las drogas y un mensaje conmovedor.

22 Feb 2023 - 18:00

Fanny y Pachi en la última Navidad.

Anoche, a la una de la mañana, a Fanny le sonó el teléfono. Era una llamada con la voz de una vecina de un barrio en Los Vallistos: “Me decía que creía que lo había visto a mi hermano pidiendo, pero que no sabía era él, que no estaba segura de que esa persona que pedía era mi hermano porque no era igual igual al de la foto que subí en Face. Le dije a la vecina que si lo volvía a ver, le preguntara si se llamaba Francisco o Pachi, y que yo soy su hermana, y que lo estoy buscando”.

Fanny es la hermana de Francisco, de Pachi, como todos lo conocen en Lastenia. Y la foto de la que habla es la que compartió en las redes sociales donde está ella en la mesa con su hija en brazos y a su lado su hermano Pachi. Es una foto tomada la última Nochebuena donde acaban de cenar arrollado con ensalada de papas y perejil y en la tele pasan música y una leyenda dice: “Feliz Navidad. Somos Familia”.

Y detrás de esa foto y de esta búsqueda se encuentra la historia de un amor conmovedor, sin miramientos de una hermana a su hermano cada día más lejano por culpa de las drogas. Y es una historia que Fanny cuenta sin filtros en este diálogo con eltucumano con dos propósitos: que el Estado tome conciencia del flagelo que consume vidas propias y cercanas y de que su hermano Pachi aparezca y vuelva a la casa de su hermana que, como siempre, lo espera. 

Esta es su historia: “Desde el lunes de la semana pasada que a mi hermano no lo veo. Lo cual es raro porque siempre aparece. Él ya está en situación de calle hace un tiempo porque él lo ha decidido y porque era insostenible la situación en la casa. Era tan angustiante la situación con mi hermano que en mi familia nos acostumbramos a vivir bajo llave cuando él estaba para que no se llevara las cosas mientras vivía con nosotros. Hubo un tiempo donde no dejó un plato, un vaso. Nos ha dejado sin luz porque se llevaba los cables, la bacha. En un momento mi familia le soltó la mano, pero nunca lo dejamos solo”.

Desde hace 19 años que el consumo de drogas se apoderó de Francisco "Pachi" Córdoba. Ese hombre que no sonríe en la foto hoy tiene 34 años y no siempre su vida fue así: “Mi hermano fue dominado por esa mierda. Yo a veces le pegué una cachetada para que reaccionara y se queda sin decir nada. Es una criatura que no puede con lo que vive. Es muy buenito, siempre fue buenito en su esencia hasta que el diablo se apoderó de lo más débil. Era el más cariñoso, jamás fue agresivo. Siempre me metí en el medio a defenderlo, le conseguía la medicación, lo desintoxicaba en mi casa, hasta llegué a atarlo al pie de la cama para que durmiera 48 horas, luego hacía el ambulatorio en el Obarrio, andaba bien, volvía a trabajar, pero ahora no hay caso”.

Cuando Fanny dice que nunca dejó solo a su hermano no falta a la verdad: “Desde el año pasado que se dedicó a andar en la calle. Yo soy sola para cuidarlo y lo volví a admitir en mi casa, pero se fue. No hay tratamiento que funcione: lo internamos en Santiago del Estero y se volvió a la semana; después lo llevé a Río Cuarto y no estuvo ni diez días. Estuvo detenido en Leales y le llevé comida para una semana. No puedo soltarle la mano. Hace muchos años lo llevé a internarse en Misiones, hubo un tiempo que lo interné en Las Moritas, después en Villa 9 de Julio, pero vuelve a caer”.

El testimonio sin filtros que Fanny revela interpela el accionar de los Hogares y de los centros de rehabilitación en el interior del país y también en Tucumán: “¿Cuál es la falla de esos hogares? Los admiten, entran en la fase 1, los ponen a trabajar y a los días los mandan con el canasto a vender productos de panadería. No se desintoxican nunca. Vuelven a caer. A mi hermano lo vieron revolviendo basura. Si te digo que pesa 40 kilos te exagero. Y es un chico que estudió, con ocupaciones: es albañilero, electricista, yesero. Trabajaba. Pero esta mierda se apoderó de él y lo venció”.

Las reapariciones de Pachi por la casa de su hermana son cada vez más esporádicas, pero nunca al punto de estar sin visitarla durante más de una semana: “A mí me aflige lo que te cuento. Somos del Barrio 4 de junio en Lastenia, y uno lo ve, se llega por la casa, quiere bañarse, pero hace rato que no lo vemos. La semana pasada vinieron preguntando por él. Eran de La Costanera. O sea que no aparece ni en La Costanera. Y si no aparece es por algo. Mis hermanos ya están cansados, pero lo mismo lo ayudan con los gastos. Uno de mis hermanos lo llevó a Santiago, por ejemplo. Hace 19 años que la vengo remando con él. Cae preso y a la primera que llama es a mí”.

“Acá en los hogares los largan a la calle para ponerlos a vender pan. Y manejan dinero. Hay tres fases: 1, 2 y 3. En la fase 1 no pueden salir a vender durante un mes, pero hacen el pan y trabajan como esclavos. Pero ya en la fase 2 mi hermano venía de La Milagrosa con el canasto vacío y perdido. No los ayudan. Los tienen a los chicos como esclavos. En medio del monte en Santiago lo hacían laburar como negro haciendo albañilería para construir una iglesia. En Río Cuarto estaba en una huerta y en la fase 2 ya lo llevan a trabajar a un lavadero, a una panadería, y mi hermano ya está muy vencido”. 

La experiencia de Fanny con su hermano Pachi en Las Moritas fue positiva hasta un punto: “En Las Moritas fue donde más tiempo estuvo, pero todo el tiempo dopado. Yo iba a verlo y estaba ido. No podía abrir los ojos. Ahora quise volver a internarlo pero tienen mucho protocolo y lo tiene que ver como cuatro veces un psiquiatra. Y en los otros hogares evangélicos, como es la tercera vez que intentaba internarlo, me cobraban una bolsa de harina para admitirlo”. 

Mientras la publicación de Facebook se viraliza en las redes sociales de Banda del Río Salí, Fanny destaca que la Municipalidad de Darío Monteros le da los pasajes gratuitos en caso de internación en otras provincias como Santiago, Córdoba o San Juan, pero ahora no sabe ni dónde está. “Si le llegan a comentar esta nota, si me llega a estar leyendo mi hermano, él sabe que lo espero. En mi casa no hay lujos, pero tiene su pieza. Tiene su cama, su placard, pero está pelada y ya nadie me ayuda. Para esa foto de Navidad le compré una remera, un par de zapatillas, pero al rato ya no las tenía. Es tremenda la situación que vivo. Lo busco ahora porque no aparece y tiene un nenito de cuatro años. La madre del chiquito es incondicional, le da un sánguche o algo para comer, pero ahora no aparece”. 

Si estas palabras llegan a Francisco, a Pachi, al hermano de Fanny, aquí un mensaje más de su hermana: “Una vez me escribió una carta donde me pidió perdón a mí, me dijo que me amaba, que era su vida. Hace poco le dijo a la mamá de su hijito: ‘No quiero que mi hermana me vea como estoy. Yo me muero si mi hermana me ve como estoy’. Eso ahora no importa. Le pido que vuelva, que se acerque a mí, que aparezca. Que me diga otra vez como me dijo una vez: ‘Llevame a algún lugar, ayudame, no me dejes solo’. Él sabe que no lo voy a dejar solo. Él sabe que aquí estoy”.


La publicación de Fanny y su teléfono para quienes puedan ayudarla en su búsqueda y en la recuperación de su hermano: 3815 81-4233


Pachi en Las Moritas en 2015:


Pachi y Fanny rumbo a la internación en Río Cuarto en 2018:


Fanny y Pachi en 2019:


Pachi en 2022:


Fanny y Pachi en la última Navidad:


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